SEGUNDA GENERACIÓN: UN CIERTO PUESTO DE RESISTENCIA
Por María (Marisha) Blum, Diciembre 2005
En homenaje a mis padres,
Regina Rosenberg e Isak Blum,
sobrevivientes de la Shoá.
Más de una vez y por distintas razones me he interrogado acerca del porque de mi participación en los grupos de Segunda Generación.
Miento, esto no fue así desde el inicio . Cuando me convocaron por primera vez a una reunión de hijos de sobrevivientes, además de la incredulidad y sorpresa que me sobrevino, fui temblando de conmoción, no de emoción, de conmoción. Mi tema, ya no era un tema para vivir en absoluta y casi secreta soledad o, durante muchos años, para repetir recurrentemente en mis sesiones de análisis. Por tanto cuando al principio llegaban nuestras ansiadas reuniones mensuales confirmando , cada vez, que tenía la casi milagrosa oportunidad de poder compartir entre pares, envueltos en un lazo entrañable de cariño desde la primera hora, no me interrogaba tanto. Tampoco lo hice, luego, cuando tomamos la decisión de trabajar comprometida y apasionadamente para el Encuentro De Cara al Futuro. Más bien era vivido como una especie de compulsión, algo que no podía dejar de hacer y que solo se siente cuando uno encuentra su lugar en el mundo o al menos uno de sus lugares en el mundo.
Luego ya más tranquila, vinieron los interrogantes e incluso, lo confieso, por momentos la sensación que ya era un ciclo cerrado para mi y las ganas y la necesidad de volverme a ocupar a pleno de todas las cosas que fueron el centro de mi vida: mi familia, mis amigos y mi trabajo. Pero hete aquí que ya había establecido lazos muy queridos y sigo creyendo en la importancia de continuar aportando a la comunidad desde nuestro lugar.
Desde muy joven tuve sensibilidad social, me interesó y pensé que podía construir un mundo mejor y/o colaborar con mi entorno. ¿Si en esto influyó mi historia personal?, hoy pienso categóricamente que sí, aunque está lleno de gente que no tiene la misma historia, ni nada que se le parezca y ha tenido la misma actitud. Cada uno conocerá sus propias razones y en mi caso siempre he sentido que el ser hija de la "guerra" ha influido, entre otras cosas, desde el lugar de escuchar internamente a mi madre diciendo "a nadie en el mundo le importábamos". Siempre lo he referido, inevitablemente, a ser hija de quienes soy y desde ese lugar y ese clamor he sentido que tenía una responsabilidad social, escuchar a quienes nadie escucha. Con esto no quiero decir que estoy a salvo de tener los peores sentimientos y de cometer errores.
Con el tiempo me fui dando cuenta de mis grandes límites y muchas veces pensé que ser psicoanalista es mi modo particular de reparar, de hecho hay muchos psicólogos en la 2G.También encuentro, ya que la vida me dio esta oportunidad inesperada, que hay algo del orden de la reparación a través de ser integrante de un grupo que se autodenomina 2G. Podría autodenominarse de muchos otros modos, hijos de la "guerra" o hijos de sobrevivientes, sin embargo los 2G, nos sentimos cómodos cuando nos identifican de este modo y considero que no es un hecho menor. En lo personal me reconocí inmediatamente en esa identidad : "Segunda Generación".
Pertenecer a un grupo de 2G es una buena ocasión y un buen marco, por la labor y las ventajas que admite un grupo, de trabajar para la comunidad y así dar lugar a intereses y bríos, algunas veces rescatados de otros tiempos, siempre y cuando respondan a valores éticos acordes a la exigencia de la circunstancia que nos núclea. Así de sencillo y con humildad. El ser una 2G no implica ni debe malentenderse como un título de nobleza, como alguna vez he escuchado, si no en todo caso nos da alguna experiencia de vida que nos permite un cierto puesto de lucha o resistencia. Nada mas que eso. En todo caso el título de nobleza consiste en la sensación de orgullo que uno tiene cuando logra transformar un obstáculo en ventaja que en esta situación se traduce en capacidad de lucha por la vida y de no comprar el discurso postmoderno de la "caída de los ideales" o del "no se puede hacer nada".
Está claro, que no debemos, diría de un modo imperativo, hacer un mal uso del nombre "Segunda Generación", pero tampoco esconderlo ni negar la intensa fuerza de este atravesamiento, como muchos de nosotros lo sentimos. Considero, además, que una posición ética no es de una vez para siempre , sino que es un trabajo constante en el que debemos cuidarnos de fáciles corrimientos.
El tema, nuestro tema y objetivo es marcar una diferencia. Por pequeña que sea, habremos cumplido con el mandato que asumimos voluntariamente algunos de nosotros y no quedarnos, solamente, en el regodeo masoquista. Paradójicamente y como suele suceder en estos casos, este tema mas que inclinarnos del lado de la muerte, nos vitaliza y permite que nos ocupemos, precisamente, de la vida, del presente y del futuro.