Reseña:
«Algunos de mis amigos, amigos muy queridos, no hablan nunca de Auschwitz […] Otras personas, en cambio, hablan de Auschwitz incesantemente, y yo soy una de ellas […] después empecé a escribir a máquina por la noche… escribía todas las noches lo cual era considerado algo todavía más insensato».
Primo Levi «escribe aquello que no sabría decir a nadie», y el texto, inicialmente esbozado durante el cautiverio -cuya misma conservación hacía peligrar la vida del autor de ser descubierto- plasma la existencia en los Lager con una concisión estremecedora. Estructurado en 17 capítulos, el libro es la crónica del horror cotidiano, de las privaciones como estado habitual, de la triste espera de la nada arraigada en una iniquidad sin estridencias. Más allá de las propias reflexiones, Levi presta especial atención al comportamiento de los otros prisioneros, ocupados también en sobrevivir un día más, y otro y otro. Todos conviven en una inercia dolorosa y absurda con la tentación de la inactividad como antesala de la muerte; la muerte es una presencia constante, a menudo indiferente, corolario de una cotidianidad regida por un sistema de irracionales normas no escritas. Como advierte Levi, muy pronto los prisioneros son convertidos en «peleles miserables y sórdidos», y más bajo no se podía llegar.
La edición se completa con un texto incorporado en 1976, como apéndice para la edición escolar de la obra, en que Levi persigue responder a las preguntas que constantemente le hacían los lectores estudiantes, y en gran medida, también los adultos.
Decía Juan Gelman: «quién sabe si existe otro escritor sobreviviente de los campos de la muerte que haya narrado lo inenarrable con tanta lucidez, economía de medios y agudeza sostenidas a lo largo de 40 años. Siempre se ha exaltado su visión del infierno concentracionario por exenta de insultos, lamentos y repeticiones del agravio, y vertida en un estilo analítico, meticuloso, clarificador, como guiado por la técnica brechtiana del distanciamiento. Desconfiaba de quienes practican la profecía y de quienes levantan el dedo en posición de víctima. «No soy nada de eso», dijo alguna vez». Lo ha refrendado Levi en el propio texto, cuando reconoce que «para escribir este libro he usado el lenguaje mesurado y sobrio del testigo, no el lamentoso lenguaje de la víctima ni el iracundo lenguaje del vengador […] Vosotros sois los jueces». En su presentación casi científica de los hechos -él era químico de profesión-, el autor aúna la sobriedad de los datos obtenidos desde la experiencia con la severidad de las afirmaciones y logra mucho más que un testimonio irremplazable. Su fuerza radica, probablemente, en su curiosidad frente al alma humana, y en su convicción de que es necesario recordar ese pasado como un presente duradero, porque «no podemos comprenderlo; pero podemos y debemos comprender dónde nace, y estar en guardia. Si comprender es imposible, conocer es necesario, porque lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también. Por ello, meditar sobre lo que pasó es deber de todos». Sin duda los lectores del Corriere de la Sera compartían su opinión cuando consideraron Si esto es un hombre la obra más importante del siglo XX.
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Biografía del autor:
Primo Levi (Turín, 1919-1987), una de las voces más singulares de la literatura italiana, estudió ciencias y se doctoró como químico en 1941, profesión que compaginó con su actividad literaria. Deportado a Alemania durante la II Guerra Mundial, Levi nunca olvidaría su condición de superviviente de los campos de extermino nazis, una experiencia que marcó profundamente su personalidad y su obra. En 1947 publicó Si esto es un hombre, que junto a La tregua (1963) y Los hundidos y los salvados (1986) acabarían formando la trilogía de Auschwitz. Entre su extensa producción literaria destacan títulos como Historias naturales (1966), Defecto de forma ( 1971); El sistema periódico (1975); La llave estrella (1978) y Si ahora no, ¿cuándo? (1982). En 1987 se quitó la vida