Cómo
olvidarse cómo desalojar el crudo
recuerdo de la muerte esa
desgarradora memoria esa herida.
Si es el precio increíble el altísimo orgullo.
Idea Vilariño
¿Cómo
vivir sin esclavizarse al recuerdo? Y al mismo tiempo, ¿cómo
vivir sin la soberbia de olvidarlo? Olvidarlo es pagar un precio
increíble –recordarlo infinitamente, también.
¿Cuál es el tercero excluido entre olvido y memoria?
Soy historiador, soy judío y soy argentino. Por los tres
costados se me plantean preguntas sobre el pasado. Sin embargo,
si me interesa el pasado, es para pensar qué hacemos en el
presente; si me interesa la historia de mis abuelos es porque me
interesa la vida de mi hija (y no menciono a mi hija como promesa
para el futuro sino como presente que debo pensar). Y están
los sobrevivientes que nos cuentan lo que pasaron, están
los que registran los testimonios y estamos los que escuchamos o
leemos el testimonio. Mi pregunta es: el sobreviviente sobrevivió
y nos cuenta su experiencia, pero nosotros: ¿cómo
sobrevivimos al testimonio? Quiero decir: ¿cómo vivimos
después de haber escuchado eso? ¿Cómo vivimos
sabiendo que eso ocurrió, sabiendo que lo que ocurrió
es algo que no podemos ignorar? ¿Cómo vivimos sabiendo
que ha desaparecido de la Tierra una nación judía
ídish, o que desapareció una familia, un tío,
un padre, abuelos, o lo que cada uno haya perdido? No tengo la respuesta
pero no puedo evitar la pregunta: lo que ocurrió es algo
que no podemos ignorar, es porque lo que ocurrió nos ocurrió
a nosotros. Nadie ignora esto, pero no sé si alguien sepa
algo más importante que saber eso: ¿cómo nos
ocurrió eso que nos ocurrió?
No tengo la
respuesta, pero tengo una pista de un escrito de la Asociación
de ex-detenidos–desaparecidos argentinos, que decía:
lo contrario de olvido no es memoria sino justicia. Entonces me
pregunto: lo que tenemos que hacer después del testimonio,
¿es repetir indefinidamente el testimonio, repetirlo como
un eco sin fin? ¿Nos tenemos que limitar a eso o tenemos
que ver cómo vivimos después de que perdimos lo que
perdimos? No podemos quedarnos prendidos de la pérdida. Hay
que hacer el duelo. Jack Fuchs nos acaba de señalar algo
crucial: lo importante no es cómo murieron las víctimas
del nazismo sino qué murió allí; lo importante
es qué perdimos y no cómo. El dispositivo memoriador
del genocidio nazi –las películas, los textos y demás–
nos muestran cómo. Ver eso, ver cómo asesinaban los
nazis, sólo nos permite sentir espanto, o culpa, o lástima,
o rechazo, o goce en algún caso (no sólo en el caso
del filonazi). El cómo nos deja prendidos de la pérdida:
como un videoclip demasiado repetido, las imágenes del sufrimiento
retornan infinitamente a nosotros, y nosotros sólo podemos
devolver reproducciones de esas imágenes, cual fotocopiadoras
que no pueden dibujar su propio dibujo. Pero lo que Jack Fuchs nos
convoca a pensar (pensar qué perdimos) nos permite pensar
cómo vivir después del testimonio del sobreviviente.
Ver qué perdimos nos permite de una sana vez hacer el duelo
de lo que perdimos. Y es sabido: una vez hecho el duelo, el duelante
puede seguir viviendo. Y resulta que perdimos toda una cultura judía,
perdimos nuestro suelo. Ahora debemos pensar qué suelo pisamos.
Debemos habitar este suelo. Sin embargo, habitar no es algo que
se haga sin hacer, a la vez, justicia. Pero no sigamos suponiendo
que justicia es sólo encarcelar criminales: también
es justo que produzcamos lo nuestro, que dejemos de sacar fotocopias
de lo que perdimos. Es justo que, perdido lo perdido, encontremos
algo –por ej., a nosotros.
¿Nos
limitamos a memorizar o tenemos algo para hacer, una justicia que
realizar? Y, si tenemos semejante tarea, ¿cuál es
esa tarea?, ¿qué significará para nosotros,
en nuestra situación, esa justicia que debemos hacer? Me
parece que hacer justicia no es sólo encarcelar a los criminales
de lesa humanidad, que suelen zafar mucho más de lo que nos
gustaría, sino también hacerles justicia a los hechos
del presente –entre los cuales deberíamos contarnos.
O, dicho de otra manera: ¿cómo lo que pasa hoy nos
constituye a nosotros hoy? ¿Cómo ser hoy nosotros
después de que perdimos lo que perdimos, pisando donde pisamos?
Intervención
en la mesa "Cristales y algo más", a 60 años
de la Noche de los cristales en el 2° FICJA, noviembre 2004.
Respuesta
de Jack Fuchs:
Creo que
hay una necesidad de recordar y hay una necesidad de olvidar.
Hay momentos en que uno no puede vivir con el pasado. Hablo
de mi experiencia. Una cosa fue Auschwitz, otra Dachau, otra
el hospital, otra la Liberación; son diferentes momentos,
y el ser humano está construido para sobrevivir a y
vivir todo lo que es tóxico para la mente. Y si cuenta
es porque tiene la necesidad de contar, y también la
gente le pide que recuerde. La gente pone en el sobreviviente
más que lo que el sobreviviente puede responder. Pero
no hay respuesta. Uno no va al campo y toma anotaciones y
sabe que uno va a vivir uno, dos, tres, cuatro o cinco años
después y va a pensar la vida en otra forma... Uno
vive porque está condenado a vivir –esa es mi
experiencia. Mucha gente me pregunta ¿cómo es
que vos sobreviviste? Y digo que mi familia fue condenada
a morir, y yo fui condenado a vivir: no porque yo haya hecho
algo para sobrevivir; existí, y justo en el momento
antes de morir vino la Liberación [...].
Ahora:
¿es necesario recordar? Personalmente he cambiado mucho
mi idea sobre el dar testimonio. Yo no creo que por dar testimonio
o por recordar no se vaya a repetir. No lo creo en absoluto.
Recordamos porque es humano recordar –así como
olvidamos porque es humano olvidar.
|