TEXTOS


LA VIDA DESPUÉS DEL TESTIMONIO
Por Pablo Hupert

Cómo olvidarse cómo desalojar el crudo
recuerdo de la muerte esa
desgarradora memoria esa herida.
Si es el precio increíble el altísimo orgullo.
Idea Vilariño

¿Cómo vivir sin esclavizarse al recuerdo? Y al mismo tiempo, ¿cómo vivir sin la soberbia de olvidarlo? Olvidarlo es pagar un precio increíble –recordarlo infinitamente, también. ¿Cuál es el tercero excluido entre olvido y memoria?
Soy historiador, soy judío y soy argentino. Por los tres costados se me plantean preguntas sobre el pasado. Sin embargo, si me interesa el pasado, es para pensar qué hacemos en el presente; si me interesa la historia de mis abuelos es porque me interesa la vida de mi hija (y no menciono a mi hija como promesa para el futuro sino como presente que debo pensar). Y están los sobrevivientes que nos cuentan lo que pasaron, están los que registran los testimonios y estamos los que escuchamos o leemos el testimonio. Mi pregunta es: el sobreviviente sobrevivió y nos cuenta su experiencia, pero nosotros: ¿cómo sobrevivimos al testimonio? Quiero decir: ¿cómo vivimos después de haber escuchado eso? ¿Cómo vivimos sabiendo que eso ocurrió, sabiendo que lo que ocurrió es algo que no podemos ignorar? ¿Cómo vivimos sabiendo que ha desaparecido de la Tierra una nación judía ídish, o que desapareció una familia, un tío, un padre, abuelos, o lo que cada uno haya perdido? No tengo la respuesta pero no puedo evitar la pregunta: lo que ocurrió es algo que no podemos ignorar, es porque lo que ocurrió nos ocurrió a nosotros. Nadie ignora esto, pero no sé si alguien sepa algo más importante que saber eso: ¿cómo nos ocurrió eso que nos ocurrió?

No tengo la respuesta, pero tengo una pista de un escrito de la Asociación de ex-detenidos–desaparecidos argentinos, que decía: lo contrario de olvido no es memoria sino justicia. Entonces me pregunto: lo que tenemos que hacer después del testimonio, ¿es repetir indefinidamente el testimonio, repetirlo como un eco sin fin? ¿Nos tenemos que limitar a eso o tenemos que ver cómo vivimos después de que perdimos lo que perdimos? No podemos quedarnos prendidos de la pérdida. Hay que hacer el duelo. Jack Fuchs nos acaba de señalar algo crucial: lo importante no es cómo murieron las víctimas del nazismo sino qué murió allí; lo importante es qué perdimos y no cómo. El dispositivo memoriador del genocidio nazi –las películas, los textos y demás– nos muestran cómo. Ver eso, ver cómo asesinaban los nazis, sólo nos permite sentir espanto, o culpa, o lástima, o rechazo, o goce en algún caso (no sólo en el caso del filonazi). El cómo nos deja prendidos de la pérdida: como un videoclip demasiado repetido, las imágenes del sufrimiento retornan infinitamente a nosotros, y nosotros sólo podemos devolver reproducciones de esas imágenes, cual fotocopiadoras que no pueden dibujar su propio dibujo. Pero lo que Jack Fuchs nos convoca a pensar (pensar qué perdimos) nos permite pensar cómo vivir después del testimonio del sobreviviente. Ver qué perdimos nos permite de una sana vez hacer el duelo de lo que perdimos. Y es sabido: una vez hecho el duelo, el duelante puede seguir viviendo. Y resulta que perdimos toda una cultura judía, perdimos nuestro suelo. Ahora debemos pensar qué suelo pisamos. Debemos habitar este suelo. Sin embargo, habitar no es algo que se haga sin hacer, a la vez, justicia. Pero no sigamos suponiendo que justicia es sólo encarcelar criminales: también es justo que produzcamos lo nuestro, que dejemos de sacar fotocopias de lo que perdimos. Es justo que, perdido lo perdido, encontremos algo –por ej., a nosotros.

¿Nos limitamos a memorizar o tenemos algo para hacer, una justicia que realizar? Y, si tenemos semejante tarea, ¿cuál es esa tarea?, ¿qué significará para nosotros, en nuestra situación, esa justicia que debemos hacer? Me parece que hacer justicia no es sólo encarcelar a los criminales de lesa humanidad, que suelen zafar mucho más de lo que nos gustaría, sino también hacerles justicia a los hechos del presente –entre los cuales deberíamos contarnos. O, dicho de otra manera: ¿cómo lo que pasa hoy nos constituye a nosotros hoy? ¿Cómo ser hoy nosotros después de que perdimos lo que perdimos, pisando donde pisamos?

Intervención en la mesa "Cristales y algo más", a 60 años de la Noche de los cristales en el 2° FICJA, noviembre 2004.

Respuesta de Jack Fuchs:

Creo que hay una necesidad de recordar y hay una necesidad de olvidar. Hay momentos en que uno no puede vivir con el pasado. Hablo de mi experiencia. Una cosa fue Auschwitz, otra Dachau, otra el hospital, otra la Liberación; son diferentes momentos, y el ser humano está construido para sobrevivir a y vivir todo lo que es tóxico para la mente. Y si cuenta es porque tiene la necesidad de contar, y también la gente le pide que recuerde. La gente pone en el sobreviviente más que lo que el sobreviviente puede responder. Pero no hay respuesta. Uno no va al campo y toma anotaciones y sabe que uno va a vivir uno, dos, tres, cuatro o cinco años después y va a pensar la vida en otra forma... Uno vive porque está condenado a vivir –esa es mi experiencia. Mucha gente me pregunta ¿cómo es que vos sobreviviste? Y digo que mi familia fue condenada a morir, y yo fui condenado a vivir: no porque yo haya hecho algo para sobrevivir; existí, y justo en el momento antes de morir vino la Liberación [...].

Ahora: ¿es necesario recordar? Personalmente he cambiado mucho mi idea sobre el dar testimonio. Yo no creo que por dar testimonio o por recordar no se vaya a repetir. No lo creo en absoluto. Recordamos porque es humano recordar –así como olvidamos porque es humano olvidar.

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Tuesday 29-Nov-2005 6:25 PM
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