TEXTOS


Hanna Arendt y los Judenräte.

Uno de los temas más difíciles de abordar,  emocional e historiagraficamente,  es el problema de los Judenräte o Consejos  Judíos establecidos  por los Nazis para administrar los ghettos en Europa Oriental. La palabra Judenräte se  convirtió, después de la guerra, en una ofensa a los oídos. Esa palabra conjuraba  imágenes de pesadilla  con respecto al mal perpetrado por los lideres Judíos, que colaboraron con los Alemanes, traicionando a millones de los suyos que fueron a parar a las cámaras de gas cuando ellos se salvaron y salvaron a sus familias.

La Satanización de los Judenräte había opacado la apoteosis de la resistencia en la historiografía de los sobrevivientes. Su impacto en la conciencia Judía  había sido devastador. Digo que había sido porque estudios  menos apasionados y más recientes han cambiado el panorama en las últimas décadas.

El problema historiográfico de los Judenräte se origino por su anómala  posición histórica en la vida de los ghettos. En sus primeras  fases los Judenräte estaban usualmente compuestos por personas administrativas que antes de la guerra habían ocupado posiciones de liderazgo en las organizaciones Judías. Las tensiones normales entre una burocracia administrativa, especialmente en países sin tradición democrática y los que constituían esa burocracia se exacerbo más en los ghettos  debido a las condiciones de privación extrema que habían impuesto los nazis.

La distribución de comida, asignación de vivienda, salud y sanidad, trabajos forzado, recolección de impuestos en base a las cuales la existencia del ghetto dependía  estaban entre las  atribuciones de los Judenräte.

Dados los escasos recursos disponibles, la carencia de opciones y los abusos convencionales que surgían por dondequiera  daba lugar a que los dirigentes de los Judenräte entraran en conflictos con la población de ghetto.

 En la mayoría de los ghettos los judíos consideraban a la dirigencía de los Consejos con desagrado, desconfianza  y la mayoría de las veces con odio. La hostilidad fue más exacerbada por una excesiva retórica de la prensa clandestina de la izquierda. Aún así ningún miembro de los Juderäntes fue tomado como blanco para ser asesinado por la resistencia judía aunque esos grupos, de la resistencia,  llevaron a cabo un gran número de sentencias de muerte contra la policía judía que se había comportado con excepcional brutalidad y contra aquellos judíos que trabajaron como informantes para la GESTAPO.

Después de la guerra, sobrevivientes y personas desplazadas en los campos de refugiados de Alemania, Austria e Italia establecieron cortes de honor para juzgar a algunos dirigentes de los Juderäntes y a muchos miembros de la policía de los ghettos y a los Kapos de los campos de exterminio. Cada acusado fue juzgado por sus propios actos de acuerdo a reglas establecidas por los “Jueces” y con presentación de evidencias y también con derecho de apelación de los acusados.

Las conclusiones morales y la participación política que agitaron a los sobrevivientes en  el problema de los Juderänte, produjo en el comienzo de los 60, del siglo pasado, miles de  ensayos y artículos en  Yidish, Hebreo, Polaco etc.

Durante esa época  escritos críticos e históricos, eran raros y  pocos. En un ensayo realizado por Philip Friedmann  considerado como modelo de academicismo histórico. especifico cada aspecto del tema que necesitaba ser investigado como los orígenes de los miembros de los Consejos , su pasado social y político, el continuo proceso de su eliminación y reemplazo de sus miembros, las funciones administrativas, la jurisdicción de su autoridad y los límites de su poder, el conflicto de clases, los dilemas morales y la constante dinámica de cambio a medida que la situación de los judíos continuaba deteriorándose y el abandono de la política nazi de los ghettos y su proceder con la Solución Final cambio por completo la situación de la población judía en la Europa del Este.

Ninguna de esas investigaciones habían sido realizadas cuando Hanna Arendt publicó su controvertido libro titulado “Eichman en Jerusalén”  en el cuál hizo una acusaciones  demasiado graves que generaron criticas muy acidas a su libro. La gran Hanna Arendt  hizo la siguiente  acusación: “Donde había vida Judía había lideres judíos  reconocidos y ese liderazgo, casi sin excepción, coopero de una u otra manera y por una razón u otra con los nazis. También sostuvo que los Consejos  Judíos de la Europa ocupada así  como el Judaísmo organizado del mundo y particularmente los Sionistas ayudaron activamente en el diseño nazi de la Solución Final por razones políticas propias. Apoyándose mayoritariamente en fuentes secundarias, Hanna Arendt hizo esa grave acusación  con muy poco soporte histórico. El error fundamental  de esa gran  filosofa política Judía fue pasar por alto la etapa de la reconstrucción en su premura por juzgar a los personajes. Careciendo de una concepción concreta de lo acontecido y explotando la sabiduría  de la perspicacia,  la autora asumió  una posición de superioridad  moral que nadie que no haya pasado la prueba, de una situación semejante, tiene el derecho de invocar.

Es  importante señalar que su relato fue escrito en un tono que hizo que el eminente erudito Israelí Gershom Sholem, un viejo amigo suyo, le dijera en una carta  “que era insensible, despectiva y maliciosa”.

 Describir el comportamiento humano en situaciones extremas es casi imposible ya que cada individuo tiene un comportamiento que depende de su educación, de su código ético y de su deseo de supervivencia y de otros factores. Nadie puede establecer la línea gris entre actuar de una manera u otra en las situaciones extremas antes mencionadas, que fue la vida en los ghettos durante la bestial ocupación nazi.

En cuanto a la organización Judía vamos a citar lo que dijo después de la guerra Erich von Dem  Bach Zelewski, el SS de mayor jerarquía y jefe de la policía de la Rusia Central.

“Soy el único testigo sobreviviente pero debo decir la verdad. Contrariamente a la opinión de los nacionalsocialistas de que los judíos son un grupo altamente organizado, lo espantoso es que no tenían ninguna clase de organización. Desmiento el viejo slogan de que los judíos conspiran para dominar el mundo y están altamente organizados.... Si hubieran tenido algún tipo de organización, millones habrían podido ser salvados, pero en lugar de ello fueron tomados por sorpresa”.

Nunca se había  expresado mejor, la incongruencia del mito de la Conspiración Judía Mundial y la realidad de la situación Judía.

Es importante señalar que la mayoría de los historiadores del Holocausto consideran que “Eichman en Jerusalén” fue, en sentido alguno, un trabajo de investigación histórica objetivo. Si no más bien un trabajo moral cuya discusión del bien y del mal  y de la responsabilidad individual estaba dirigida escasamente a entender el pasado sino más  bien  sonar una alarma para el futuro.

 Lo que es, además, perplejo fue el fracaso de Hanna Arendt en  dar consideraciones a un tema tan  relevante y de fundamental importancia, particularmente por parte de una filosofa política de la talla que era ella. No considero los límites de libertad y la operación de necesidad bajo condiciones de extrema persecución.

 
  Una discusión tal hubiera producido mayor entendimiento del  predicamento moral en la cual los oficiales de los Juderänte se encontraban sumergidos.

“Eichman en Jerusalén” revirtió el progreso normal del academicismo histórico. En lugar de comenzar con un una investigación seguida de análisis y finalmente conclusión, Hanna Arend comenzó con una gran generalización eliminando juicios morales.

Para la fecha en que escribió su libro ningún estudio sobre los  Jundenräte  había sido escrito ni había bibliografía sobre el tema. Solo existían para esa fecha las notas de los Juderänte de Bialystok y Lublin y el diario de Adam Czerniakov, jefe del Juderänte de Varsovia  publicado, en Hebreo, y acompañado de originales en Yidish y Polaco, lenguajes no conocidos por muchos historiadores.

Estos documentos no fueron y aún no han sido suficientemente usados como material básico sobre las operaciones de los Consejos.

Por esa época apareció la monografía, en Yidish, de Isaiah Trunk sobre el ghetto de Lodz y todas las instituciones del Judenräte y como operaba bajo las ordenes alemanas en relación a la población del guetto. Este trabajo es, aun hoy, considerado como obra maestra.

 
Un efecto positivo que produjo “Eichman En Jerusalén” fue que impulso por parte del Yad Vashem y del Instituto Yivo,  de investigación Judía, emprender nuevos estudios sobre los Judenräte.

El primer trabajo serio en aparecer fue el de Jacob Robinson, un especialista en leyes Internacionales y coordinador de estudios sobre el Holocausto del Yad Vashem y  del Yivo.

Señalo Robinson los errores de Hanna Arend con hechos comprobados, su lectura errada de textos y su mala interpretación de eventos.

Han pasado décadas desde la publicación de la obra magistral de Trunk, ya mencionada anteriormente, trabajo este que  recibió  el  National Book Award.

Después de recibir el premio declaro que su intención no fue juzgar los hechos sino más bien penetrar con profundidad en un evento de esa complejidad.

Con todas las críticas, por cierto bien fundamentadas, que se le hizo a “Eichman en Jerusalén” creo que el libro tiene algunas reflexiones importantes que vale la pena leer. A pesar de todo Hanna  Arend permanece como una de las grandes pensadoras Judías del siglo XX.

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Lunes 07-Sep-2009 7:20 PM
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