TEXTOS

 


HANA SINEK DE MORGENSTEN, UNA SALVADORA JUDÍA.

Conocí a Hana, en la casa de su hija, Monique, miembro del Comité Venezolano de Yad Vashem, donde fui recibida con calidez y generosidad en noviembre de 2006. Como suele suceder cuando estoy frente a alguien que sabe sobre mi actividad e intereses, rápidamente comienza un intercambio en el que se desgrana su historia. Cuando escuché lo que Hana contaba, inmediatamente le pedí que lo pusiera por escrito. Por un lado para que quedara registrado y por el otro para poder compartirlo con otra gente y así enriquecer el acervo de experiencias múltiples y heterogéneas que constituyen el complejo mosaico de la Shoá. A continuación el texto, en forma de carta, que me enviara Hana. Diana Wang.

A Diana con cariño

Va con esta un abrazo y recuerdo de tu sensibilidad, tan extraordinaria en los tiempos que corremos, tu gentileza y don de meterte  los corazones en el bolsillo con la sonrisa de que yo no fui.

Quiero decirte muchas cosas sobre los tópicos que hemos tocado. Me hiciste recordar el mundo de los niños diferentes, los niños solitarios, los niños desplazados. Tuve la dicha de trabajar con ellos en Francia, y me quedaron los recuerdos indelebles. Pero para hablar hoy de eso, tengo que retroceder en el tiempo, y empezar refiriéndome a una época de mi vida durante y post Shoa. Mucho se ha hablado y escrito sobre las vivencias de nosotros, los sobrevivientes, en los Campos de Concentración y Guetos, cada uno de nosotros, pasó por las humillaciones, hambre frío miedo, degradación,  y condiciones de vida infrahumanas, relativamente poco se habla de la vida de algunos de nosotros, que pertenecíamos a la resistencia que se formó en nuestros países en tiempo de la ocupación alemana. En mi país Checoslovaquia los jóvenes y no tan jóvenes los que sentimos el dolor de ser vencidos sin poder defendernos contra la invasión de las fuerzas nazis sin diferencia de ser judíos o no judíos  nos uníamos a la resistencia, vivimos en la cuerda floja en peligro día a día. En aquel entonces yo vivía en Praga con mi madre y hermana mayor, estudiaba bachillerato y cuando prohibieron a los judíos entrada a las aulas parecía que todo se nos acabó. Yo empecé a estudiar enfermería en la Cruz Roja me aumenté la edad y continuaba con mi trabajo en la resistencia claro a escondidas de mi mama. Te preguntarás que hacia la Resistencia: sabotear la producción en las fábricas, espiar en los círculos alemanes, ayudar huir a los perseguidos, esconder armas donde las había, y muchas cosas más Fue la vida en la clandestinidad, escondiéndonos a veces en otras viviendas evitando caer en las manos de la GESTAPO. Muchos de nosotros no tuvieron la suerte, fueron encarcelados deportados a campos de concentración y muchos han pagado siendo torturados y perdiendo al vida. Mi madre y mi hermana fueron deportadas antes que yo. No pude evitarlo, estaba escondida en aquellos días.

La deportación mía a Terezin un campo de concentración y gueto no muy lejos de Praga, llegó algo más tarde. Cómo se vivía allá te preguntarás. Humillaciones, hambre frío y miedo de no salir nunca más. Mi grupo y yo trabajamos en unos galpones grandes partiendo mineral, mica, cargamos pesos que excedían nuestras fuerzas, y vivimos todas las cosas tantas veces contadas por los sobrevivimos. Había gente valiente, los jóvenes estudiantes de academia de arte dramático de Praga, que hacían teatro obras musicales y todo lo que pudieron para levantar ánimos y voluntad de vivir a los que perdían esperanza, se daban clases a los niños, ayudábamos a los viejitos en el geriátrico, y hacíamos lo que nos fue posible. Muchos morían de enfermedades debilidad y desesperanza, robábamos comida donde podíamos teníamos que sobrevivir y no dejarnos vencer.

Un día en Abril 1944 empezaron llegar devuelta a Terezin los transportes y marchas de hambre a pie y en lo vagones de ganado la gente en condiciones extremas, no pesando mas que 30 o 40 kilos muchos fallecieron en el camino de hambre asfixiados vencidos, nuestros hermanos nuestras familias, nuestra gente que volvía del este. Nosotros, mi grupo y todos los que podíamos no fuimos, muchos, formamos un equipo de socorro, habilitamos un lugar en un cuartel, y llevábamos los que Vivian allí, luchamos con la muerte hervíamos nuestras escasas raciones de azúcar obteniendo así dextrosa gota a gota, la inducíamos a las bocas apretadas de espasmos finales hasta lograr que pasaban a esas pobres gargantas, al fin llegaba la SOPA, y fue una victoria cuando la podían tragar todos estaban infectados con tifus, tenían llagas purulentas con piojos incrustados en la carne, alguien birló a los alemanes algún material para curaciones y algún que tal bisturí, logramos que muchos sobrevivieran a pesar de estas condiciones dantescas en las que llegaron. Que tristeza que desesperación la nuestra cuando la muerte vencía y no pudimos hacer nada más. En los primeros días de Mayo 45 los alemanes empezaban a desaparecer y llegaron algunos médicos de Praga a trabajar con nosotros burlando la cuarentena. Así llegaba la libertad tan esperada. Al fin llegaron los tanques rusos y continuaba la cuarentena para evitar la epidemia de tifus en todo lo que quedaba de Terezin. Así seguimos luchando. Al fin me enfermé, yo también tenia tifus y estuve muy mal, pero salí con vida, la preciosa vida. Después de la liberación los que estábamos mal, pero ya no con tifus nos evacuaron a Praga, a otro hospital para recuperarnos. Fue difícil la época después de la Shoá. Fuimos gente desarraigada, sin hogar sin familia. A mi hermana la encontré, sobrevivió a Bergen Belsen y ambas nos mudamos a una ciudad fronteriza más pequeña que Praga para empezar una vida nueva. Yo tomé la decisión de terminar mis estudios de enfermería y encontré cupo en la escuela de enfermería del hospital Universitario de la misma ciudad. No es fácil empezar nueva vida, me sentí sola, no quería hablar del pasado, no podía superar el lastre de vivencias de pesadillas y la ceniza en el alma. Escapamos de la muerte, se burlaba de nosotros negándonos el olvido, quienes fuimos, pertenecíamos a una especie en extinción, caminamos sin rumbo, sin timón, luchando contra la nostalgia y sentimientos muertos, corríamos tras la fata morgana sin poder alcanzarla.

Felizmente tuve que estudiar duro y al mismo tiempo trabajar en mi piso del hospital. Me encantaba la cirugía, tal vez porque uno no puede pensar en la frustración y sus dolorcitos si observas las heridas sangrantes y vísceras al descubierto y empiezas a pensar que todo se puede remendar inclusive lo que parece perdido.

Alcancé mi graduación en enfermería en 1947, me reconocieron estudios anteriores y prácticas en Terezin en la cuarentena. Como ves, lamentablemente siempre afloran a la superficie las miserias escondidas de las cuales no podemos hablar y hay que dejar pasar el pasado.

En el mismo 1947 los nubarrones del comunismo entraron en escena gracias a la famosa conferencia de Yalta, donde los cuatro grandes, vencedores de la guerra, partieron a Europa en la mitad oeste y este y otra vez mi pobre patria quedó en el lado equivocado detrás de la cortina de hierro en el este.

Asi que yo no quise vivir en un país comunista, me bastó con los nazis. Decidí entonces dejar atrás mi hogar perdido, mi vida marcada y empezar lejos de todo eso. Así pues cargué con mi soledad emigrando a Paris como tanta gente en la misma situación. Me convertí en refugiada política pero estaba libre en un país que nos acogió con cariño facilitándonos la visa de residencia.Encontré trabajo con la ayuda de ORT y Joint, aprendí algo de costura porque en enfermería no podía trabajar sin revalidar el titulo, aun así me ganaba el pan de cada día y pude alquilar una habitación pequeñita en un hotel para los extranjeros a donde vivía también mi amiga Marta con su esposo e hijito, fuimos como una pequeña familia y no nos fue mal. Por otro lado me gustó mucho Paris siempre amaba la historia y literatura de Francia, conocí los sitios históricos, Museo de Louvre, los rincones encantados de la vieja ciudad, estuve aprendiendo el Francés y poco a poco olvidaba mis tristezas. Típica historia después de la Shoa, en el comienzo de 1948,  mi amiga Marta y su familia partió para Ecuador no sin la promesa de lograr también una visa para mí. Bien, estaba otra vez sola, y todavía no sabia que hacer definitivamente con mi futuro.

Quien no conoce la magia de Paris en Primavera? Un día por estas raras cosas que pasan conocí en la oficina de Joint a un excombatiente del ejército Británico el cual como yo pensaba emigrar a América del Sur, un Húngaro muy Húngaro, empezamos a hablar y hablar, dos destinos un tanto errantes paseamos por al ciudad y al fin quedamos juntos y sabíamos que es por toda nuestra vida. Fácil, encontramos un trabajo para los dos juntos Mi Jene en su vida anterior al Ejército hizo la escuela Hotelera en Ginebra Suiza, y el empleo ofrecido nos llevó al fin a un hogar para los niños judíos desplazados por la guerra, así pues nos mudamos a Mal Maison, el Hogar y nos casamos allá mismo. Nunca olvidaré el Hogar de niños desplazados. Fue un impacto increíble. El Hogar albergaba casi 70 niños en las edades de 6 a 18 anos, los seres encontrados en los bosques, algunos abandonados por la gente que los tenía a su cuidado y al perderse sus padres y familias los dejaron a la deriva abandonándolos también. A veces llegaban al hogar por intermedio de otras personas que a veces se perdían y no volvían jamás. El Joint, querido Joint, amparó a estos niños y físicamente no carecían de nada. No fue lo mismo en el sentido afectivo, carecían de amor de comprensión, mayormente eran huérfanos, algunos no sabían ni hablar ni comer, como personas eran desconfiados hoscos, sufrían terribles pesadillas. Mayormente al cerrarse los campos de concentración no tenían a nadie, ni donde ir, vagaban sin rumbo mendigando y hambrientos, se nos partió el corazón y alma, viendo sus ojos perdidos en la lejanía ojos tristes insondables. Y así empezamos a trabajar con ellos, mi marido en la cocina y todo lo comprendía alimentación, yo como monitrice, algo parecido a madrijá o a lo que fuera. Niños tristes y maravillosos que respondían al cariño y nuestra dedicación, nos querían mucho y estaban tan agradecidos por todo, fue una dicha trabajar con ellos  y presenciar su despertar a la vida digamos normal. Nuestro equipo constaba de cuatro muchachas francesas y mi persona, teníamos cada una un grupo de niños, los cuidamos, los enseñábamos a ser limpios y todo aquello que podíamos enseñarles para que se puedan desempeñar como personas normales. Tuvimos una epidemia de amigdalitis, casi todos nuestros niños cayeron con fiebre altísima, enfermó también la enfermera titular francesa y así sucedió que al fin pude aprovechar mi profesión de enfermera y Que bien me vino él titulo. Mi esposo me ayudaba muchísimo, pasábamos noches en vela inyectando, consolando llantos y aliviando los dolores de garganta enferma. Los niños tenían defensas todavía muy bajas, costó tiempo y dedicación para sacarlos adelante.

Pasada la epidemia nos tranfierieron a otro hogar para niños desplazados en Vesinet, cerca de Versailles. Había menos niños pero en peores condiciones que en el Mal Maison, plagados de piojos, muy desadaptados, con mucho miedo todavía de la vida que desconocían, también de edades entre 6 a 17 años, casi todos huérfanos o abandonados, no tenían familias, no tenían historias simplemente existían, cuanto amor necesitaban y cuanto amor liberaron en nuestros corazones, sentimientos que nos quedaron indemnes después del vendaval, ha sido un privilegio trabajar con ellos. Teníamos el mismo método como en Mal Maison: cada grupo llevado por su madrijá, tenían su dormitorio, aprendían a hacer bien sus camitas, asear su entorno, y a si mismos, los que ya estaban civilizados iban a la escuela en el pueblo. Aprendían milagrosamente rápido, trabajamos con ellos, los ayudábamos con sus lecciones, los llevamos de paseo para conectarlos con el mundo exterior, aprendían a vestirse. OH benditos paquetes de ropa y accesorios que llegaban de otras  organizaciones Joint y otros de Estados Unidos, alimentos etc., todo servía, todo ayudaba. Mi esposo, mi apoyo, mi compañero manejaba todo lo concerniente a alimentación y cocina, yo tenía mi grupito de ocho varones de 12 a 17 años y fuera de eso tenía la enfermería a mi cargo. Se trataba de averiguar todo lo posible de todos los niños, hacer sus fichas de edades, de donde llegaron, si tenían familia alguna parte, fichas médicas, les buscábamos posibilidades de adopción por familias judías tarea que no fue fácil. El director del Hogar fue un Rabino sefardí que les enseñaba religión, los pobrecitos no sabían prácticamente nada, estaban en cero, aprendían   a rezar, a conocer las fiestas, se prendían las velas de Shabat,  se cocinaba Kosher, la delicia de las comidas del viernes, inolvidable el consomé con Kreplaj, que son una especie de ravioles que a los niños les encantaba, y por cierto ayudaban en al cocina felices de colaborar. Mi tropa de ocho varones fue increíble. Así nuestros niños tomaban gusto a la vida, cantábamos, jugábamos, por las noches, mi esposo a los muchachos les enseñaba la defensa personal jui jitsu y cantábamos bajito para no despertar a los chiquitos. Los domingos a veces llegaban visitas de personas quienes tenían intención de adoptar, tal vez volverían, tal vez no. Había dos niños, el caso más patético de todos, un muchacho Lucien de 12 años con su hermanito pequeño de 6, el petit Henry. Llegaron juntos. Lucien cuidó de su hermanito en el bosque, no tenían a nadie y fueron inseparables pero nadie quiso adoptar a los dos y ellos estaban tan felices en el Hogar. Todos tenían historias de abandono y soledad, una niñita de ocho años Ruth se enfermó desmayándose y hablando incongruencias, fantasías religiosas, no logro ordenar en su subconsciente lo religioso, o tal vez las vivencias de su pequeña vida anterior escondida alguna parte, al fin la llevamos al Hospital Salepetrière en Paris, y resultó lo que sospechábamos, epilepsia en su etapa inicial, obtuvo tratamiento y mejoró, pero la probabilidad de adopción fueron nulas. Nosotros usábamos mucho el método logro-recompensa, ejemplo, lograste no mojar tu camita, recompensa, recibías galletitas Le petit, gateaux, las fabricaba mi Jene más deliciosas que las compradas. Los niños las amaban y vaya que funcionaba el método, salvo accidentes, había otras recompensas, por notas buenas en el colegio, el cine cuando los llevábamos al pueblo, y así todo lo que se pudo improvisar. Lloraban por las noches los chiquitos, las dulces canciones de cuna, en checo, francés y lo que sea, la vida continuaba y nuestros niños llegaban a superar sus traumas, fantasmas y temores.
Nosotros mi esposo y yo pasamos casi todo el año 49 con ellos,  hasta que de la oficina de Joint nos avisaron que tenemos que trasladarnos a Paris, para esperar nuestro turno de viajar a Ecuador, de donde nos mandaban nuestros amigos la visa. Así pues nos despedimos de nuestros niños, lloramos todos de verdad, se terminó una época, una de las mas feliz de nuestras vidas.

Que pasó con los niños? Supimos que algunos fueron adoptados, a algunos los llevaron a Israel, lograron adaptarse en su nueva vida,  ojalá que encontraron recompensa por su trágica infancia, recompensa por todo lo que les tocó sufrir. Nosotros viajamos a Ecuador con esperanza de vida nueva. Dejamos atrás Europa, cuanto nuestro Barco pasó la Roca de Gilbratar, dejamos nuestro pasado en las aguas del Atlántico. Así llegamos a Ecuador, formamos nuestra familia. Considero que la vida nos ha dado muchas cosas buenas, lo más preciado nuestra pequeña familia. Nuestra hija Monique nació en Ecuador, y Claudia en Colombia. Residimos en varios países de Sudamérica debido a los contratos de mi esposo con varios Hoteles, entre Ecuador, Colombia, y Lima Perú, hasta que el año 1971, nos establecimos definitivamente en Caracas. Se casó Monique  con mi querido yerno Jacqui, y nos dieron dos nietos preciosos, Edmond y Karen, Claudia también nos dio un muchachito Gabriel, y así quedó formada nuestra familia, lamentablemente hace poco nos dejo para siempre mi Jene, esposo, compañero de largo camino, padre y abuelo inolvidable.

Así la vida sigue mi pequeña familia lo vale todo, y por ellos bien valió la pena haber sobrevido, que Dios los bendiga a todos.

Caracas, diciembre 2006

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Wednesday 10-Jan-2007 3:01 PM
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