Genocidio es
un proceso que se desarrolla en ocho estadios predecibles pero inexorables.
En cada estadio, hay medidas preventivas capaces de detenerlo. Los
estadios posteriores deben estar precedidos por los anteriores,
aunque los más tempranos continúan operando durante
todo el proceso.
Los
ocho estadios del genocidio son:
1.
CLASIFICACIÓN:
Todas las culturas tienen categorías para distinguir a la
gente entre "nosotros y ellos" en términos de etnicidad,
raza, religión o nacionalidad: alemán y judío,
hutu y tutsi. Las sociedades bipolares que carecen de categorías
mezcladas, tales como Ruanda y Burundi, son las más propensas
a tener un genocidio.
La medida preventiva
principal en este estadio temprano es el desarrollo de instituciones
universalistas que trasciendan las divisiones étnicas o raciales,
que promuevan activamente la tolerancia y la comprensión
y estimulen clasificaciones que trasciendan las divisiones. La Iglesia
Católica pudo haber jugado este papel en Ruanda si no hubiera
estado tan dividida como la sociedad ruandesa. La promoción
de un lenguaje común en países como Tanzania o Costa
de Marfil ha generado también una identidad nacional trascendente.
Esta búsqueda de un terreno común es vital para la
prevención temprana del genocidio.
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2.
SIMBOLIZACIÓN:
Le adjudicamos nombres u otros símbolos a las clasificaciones.
Llamamos a la gente "judíos" o "gitanos"
o los distinguimos por colores o vestidos; y los consideramos como
miembros de grupos. La clasificación y la simbolización
son universalmente humanas y no resultan necesariamente en genocidios
a menos que lleven al estadio siguiente, la deshumanización.
Cuando se combinan con el odio, los símbolos pueden ser instituidos
forzadamente sobre miembros involuntarios de grupos parias: las
estrellas amarillas para los judíos bajo el régimen
nazi, las bufandas azules para la gente de la zona este de los Khmer
rojos de Camboya.
Para combatir
a la simbolización, los símbolos de odio pueden ser
prohibidos legalmente (svástikas) como sucede con los discursos
de odio. Las marcas grupales como ropas de sectas o bandas o tatuajes
tribales pueden ser prohibidos también. El problema es que
las limitaciones legales fracasarán si no están sostenidas
por una tarea cultural popular. Aunque las palabras Hutu y Tutsi
estaban prohibidas en Burundi hasta los ochentas, había palabras-código
que las reemplazaban. Si está ampliamente apoyado, sin embargo,
la negación y la simbolización pueden ser poderosas,
como fue en Bulgaria cuando muchos no-judíos eligieron usar
la estrella amarilla, privándola de su significado como símbolo
nazi para los judíos. Según la leyenda, en Dinamarca,
los nazis no introdujeron la estrella amarilla porque sabían
que sería usada por el rey mismo.
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3.
DESHUMANIZACIÓN:
Un grupo le niega humanidad a otro. Sus miembros son asimilados
a animales, gusanos, insectos o enfermedades. La deshumanización
permite superar la natural repulsión humana contra el asesinato.
En esta etapa,
se usa la propaganda de odio -impresa, auditiva o audiovisual- para
difamar al grupo víctima. Al combatir esta deshumanización,
la incitación al genocidio no debiera ser confundida con
la libertad de expresión. Las sociedades genocidas carecen
de protección institucional ante los discursos manipuladores
de odio y deberían ser tratadas de modo diferente que las
democracias. Las emisoras propagantes de odio debieran ser cerradas,
toda propaganda de odio excluida. Los delitos de odio y atrocidades
deberían ser rápidamente castigados.
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4.
ORGANIZACIÓN:
El genocidio está siempre organizado, usualmente por el estado,
aunque también a veces informalmente o por grupos terroristas.
Es frecuente el entrenamiento de unidades armadas especiales o milicias.
Los asesinatos genocidas están planificados.
Para combatir
este estadio, la pertenencia a estas milicias debiera ser prohibida.
Sus líderes no podrían conseguir pasaportes para salir
al exterior. La UN debería imponer embargos de armas a gobiernos
y ciudadanos de países comprometidos en masacres genocidas
y crear comisiones que investiguen las violaciones como fue hecho
con la Ruanda post-genocida.
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5.
POLARIZACIÓN:
Los extremismos fracturan a los grupos. Los grupos de odio difunden
propaganda polarizadora. Podría haber leyes que prohíban
el casamiento mixto o la interacción social. Los objetivos
extremistas intimidan y silencian al centro.
La prevención
puede significar la protección segura de dirigentes moderados
y el apoyo a grupos de derechos humanos. Se podría requisar
elementos de los extremistas y negárseles visas para viajes
internacionales. Los golpes de estado de extremistas debieran ser
castigados con sanciones internacionales.
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6.
PREPARACIÓN:
Las víctimas son identificadas o separadas por su identidad
étnica o religiosa. Se construyen listas de muerte. Los miembros
de los grupos víctimas están obligados a usar símbolos
identificatorios. Están a menudo segregados en guetos, aprisionados
en campos de concentración o confinados en una zona pobre
en alimentación condenados al hambre.
En esta etapa,
debe producirse un alerta genocida. Si la voluntad política
de los organismos internacionales como la OTAN o el Consejo de Seguridad
de la U.N pueden ser movilizados, debe prepararse una intervención
militar internacional o una asistencia firme a las víctimas
del grupo en su autodefensa. Si así no fuera, debería
organizar al menos una asistencia humanitaria tanto oficial como
privada para recibir la ola de refugiados.
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7.
EXTERMINIO:
El exterminio comienza y se vuelve rápidamente la matanza
masiva llamada "genocidio". Es "exterminio"
para los asesinos, porque no consideran a sus víctimas completamente
humanas. Cuando está apoyado por el estado, las fuerzas armadas
usan milicias que se ocupan de los asesinatos. A veces el genocidio
resulta en matanzas vengativas de unos grupos contra otros creando
el ciclo tipo remolino de genocidios bilaterales (como en Burundi).
En este estadio,
sólo una rápida y potente intervención armada
puede detener el genocidio. Deberían establecerse áreas
seguras para los refugiados, o corredores de escape, con protección
internacional fuertemente armada. La UN precisa una brigada lista
para intervenir o una fuerza permanente de reacción veloz
para intervenir con presteza cuando la UN o el Consejo de Seguridad
lo solicite. Para intervenciones mayores, le correspondería
la acción a una fuerza multilateral autorizada por la UN
y dirigida por la OTAN o un poder militar regional. Si la UN no
interviene directamente, las naciones poderosas militarmente deberían
proveer el transporte aéreo, el equipo y los medios financieros
necesarios para que los estados regionales intervengan con la autorización
de la UN. Es tiempo de reconocer que la ley de intervención
humanitaria trasciende los intereses de los estados-nación.
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8.
NEGACIÓN:
La negación es el octavo estadio que siempre sigue al genocidio.
Está entre los indicadores más seguros que anuncian
masacres genocidas ulteriores. Los perpetradores de genocidios,
cavan tumbas colectivas, queman cuerpos, tratan de encubrir toda
evidencia e intimidar a los testigos. Niegan haber cometido algún
delito y culpan con frecuencia a las víctimas por lo sucedido.
Bloquean las investigaciones y continúan gobernando hasta
ser sacados del poder por la fuerza, momento en que tratan de huir
al exilio. Allí permanecen impunes como el Pol Pot o Idi
Amin, hasta que son capturados y se consigue llevarlos a juicio.
La mejor respuesta
a la negación es el castigo por un tribunal internacional
o nacional. Allí puede ser escuchada la evidencia y los perpetradores
encontrar el debido castigo. Hay que crear tribunales como los de
Yugoslavia, Ruanda o Sierra Leona, jurados internacionales como
los del Khmer Rojo en Camboya y especialmente, un Tribunal Penal
Internacional. No detendrán a los peores asesinos genocidas
pero con la voluntad política de arrestarlos y enjuiciarlos
y con algunos se puede hacer justicia.
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© 1998
Gregory H. Stanton
Genocide
Watch
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