Nos hemos reunido aquí, como todos sabemos, exactamente setenta años después del pogrom del 9/10 de noviembre de 1938, que los nazis llamaron la Noche de los Cristales, o Reichskristallnacht. En esta conferencia, me gustaría hablar de algunos de los contextos en los que el Pogrom de Noviembre debe ser visto: el del Holocausto, la Shoá, el genocidio del pueblo judío a manos de la Alemania Nacional Socialista y sus aliados; el de la Segunda Guerra Mundial; y el de los genocidios contemporáneos. Mi objetivo es señalar algunas de las características de todos estos, que los hacen un tema de actualidad para todos nosotros.
Sin la Segunda Guerra Mundial es improbable que hubiera habido un genocidio de los judíos, y los desarrollos de la guerra fueron decisivos en el desarrollo de la tragedia. Hoy es cada vez más reconocido que se deben comprender los elementos militares, políticos, económicos, sociales e ideológicos, mientras se desarrollaban durante el período. Para la mayoría de nosotros hoy en día, el núcleo, por así decirlo, de la Guerra, su centro, en el sentido de su impacto global, cultural y civilizacional, fueron los crímenes nazis, y primero y principal entre éstos se encuentra la Shoá. Ésto, para mí, parece ser el punto de vista compartido por la mayoría de la gente en Occidente hoy en día, pero éste no fue el punto de vista, tanto de los aliados durante la guerra, como del mundo político en occidente hasta algún momento de los años sesenta.
El Pogrom de Noviembre no fue planeado de antemano. Nadie podría haber predicho que un joven judío en París, cuya familia en Alemania había sido duramente maltratada y deportada a un municipio de Polonia, olvidado de Dios, en la frontera alemana-polaca, cometería un acto de desesperación y de trataría de asesinar al embajador alemán en Francia. Herschel Gruenspan no mató al embajador, sino a un funcionario de la embajada que, de paso, no era nazi, llamado Ernst vom Rath, el 7 de noviembre de 1938. Vom Rath murió dos días después e Hitler le dio a Goebbels su aprobación para iniciar un importante pogrom contra los judíos, sus propiedades, sus personas y sus sinagogas.
¿Cuál era el contexto? El pogrom ocurrió varias semanas después del acuerdo de Munich, que desmanteló a Checoslovaquia y se la entregó a la Alemania nazi. El acuerdo de Munich fue visto, durante muchos años, como un gran logro nazi, y como el resultado del apaciguamiento británico de Alemania. Reciente investigación histórica, en mi opinión, ha corregido ese análisis. Hitler vio a Munich como una decepción indignante. Quería una guerra, y no la obtuvo. Quería conquistar militarmente a Checoslovaquia y, por lo tanto, preparar a Alemania para nuevas conquistas hacia el este. Munich, de hecho, fue una victoria británica, diseñada para lograr varios objetivos. Uno muy básico, era tratar de evitar cualquier confrontación militar con Alemania, porque las fuerzas armadas británicas no estaban nada preparadas para ello: en el verano de 1938, el ejército británico tenía un total de seis divisiones de infantería listas para ser empleadas. Dos de ellas estaban estacionadas en Palestina, para hacer frente a la rebelión árabe allí, dos estaban estacionadas en el país, y dos se encargaban de todo el resto del Imperio Británico. La flota era impresionante, pero las flotas no pueden combatir contra ejércitos de tierra. La Fuerza Aérea era un chiste malo. El otro objetivo era desviar el creciente poder de Alemania hacia el este, rectificando de ese modo las evidentes injusticias del Tratado de Versalles. Pero todo el proyecto de preparación de la guerra debe ser visto en su contexto ideológico nazi: Alemania no tenía, como trataré de demostrar, ninguna necesidad económica o política para iniciar una guerra, pero la Alemania nazi la había estado planeando desde el mismo 1933. Poco después de la conquista del poder, Hitler les habló a los generales del Ejército y les dijo que iba a poner una prioridad absoluta en el rearme, de modo que el ejército estuviera preparado para la guerra - y ésto es precisamente lo que sucedió. La economía alemana se orientó al rearme. ¿Por qué se persiguió esta política? Creo que la respuesta se encuentra en un documento que formó parte de la documentación del juicio de Nuremberg, es decir, el memorándum que Hitler le escribió a Goering en agosto de 1936, antes del nombramiento de este último como responsable del Plan de Cuatro Años, en octubre de 1936. El memorándum, escrito en un terrible alemán, se ocupa de la adquisición y desarrollo de materias primas y otros requisitos previos del programa de rearme. El preámbulo explica por qué eso es necesario: "Desde el comienzo de la Revolución Francesa, el mundo ha estado a la deriva, a una velocidad cada vez mayor, hacia un nuevo conflicto, cuya solución más extrema se llama bolchevismo, pero cuyo contenido y objetivo es, únicamente, la eliminación de los estratos de la sociedad que le dieron el liderazgo a la humanidad hasta el presente, y su sustitución por el judaísmo internacional... una victoria del bolchevismo sobre Alemania... conduciría a la destrucción final, incluso el exterminio, del pueblo alemán". Por lo tanto, Alemania debe estar preparada para una guerra dentro de cuatro años.
Esto no era palabrería. La economía de Alemania y el desarrollo social se orientaban ahora hacia una preparación para la guerra, que tenía el claro objetivo de luchar contra lo que el liderazgo nazi llamaba "judaísmo internacional". La figura del judío era el Satanás que estaba poniendo en peligro al pueblo alemán. Pero en 1938 todavía había judíos en Alemania y Austria, y no se podía luchar contra el Satanás externo y dejar a sus representantes locales en el Reich. El Reich debía ser purificado. Los judíos debían ser expulsados. Y la oportunidad para acercarse a esa meta parecía venir con el asesinato de Vom Rath. El propósito del pogrom no fue matar a los judíos. Eso se desarrollaría más adelante. El propósito fue deshacerse de ellos. Los 26.000 judíos varones que fueron arrestados, casi todos ellos fueron liberados cuando sus desesperados familiares se las arreglaron para obtener visas o formas de llegar a otros países, incluso sin visas. Debían salir de Alemania dentro de las seis semanas. El Pogrom de Noviembre no era parte de la así llamada Solución Final, pero fue una de las etapas hacia su desarrollo. Fue, de hecho, parte de la preparación para la futura guerra. No se puede decir que hayan fracasado, aunque la respuesta de la población no fue entusiasta; la emigración judía se convirtió en una huida precipitada. Habría logrado su objetivo si sólo los judíos hubieran podido encontrar refugios adonde huir. Pero el mundo estaba cerrado para los judíos.
Rara vez se pregunta - ¿por qué estalló la Segunda Guerra Mundial, no cómo, sino por qué? Por lo general, nos ocupamos de cómo ocurrió, qué preparativos se efectuaron, quién hizo qué y cuándo. Está claro que la Alemania nazi inició el conflicto, y pocos son lo suficientemente ingenuos como para argumentar que Alemania atacó a Polonia a causa de Danzig, o por las injusticias del Tratado de Versalles. Pero entonces, ¿por qué los líderes alemanes querían la guerra? Todo lo que sabemos apunta al hecho que la población alemana no quería una guerra, a tan sólo 20 años después de los horrores de la Primera Guerra Mundial. Los capitanes de la gran industria tampoco querían una guerra. La cúpula militar, bajo Ludwig Beck, el jefe del Estado Mayor, en realidad preparaba un golpe de estado contra Hitler, si sólo los británicos se le enfrentaban, porque temían una guerra con abrumadoras probabilidades en contra, a pesar de que querían recuperar las pérdidas impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles. El peso de la documentación me parece que indica que el impulso fue puramente ideológico. El movimiento nazi llegó al poder comprometido con la expansión y la conquista, sobre la base de una ideología racista. Veía la guerra como el estado natural de una sana sociedad humana. Por lo tanto, se rebeló contra el legado de una Ilustración de la que, ella misma, si se puede usar ese término, era un hijo ilegítimo. Pero para el ciudadano común alemán, la primera prioridad era salir de las terribles condiciones económicas que prevalecían en Alemania. En ésto, los nazis tuvieron éxito. La recuperación económica de Alemania fue el resultado, en primer lugar, de la reactivación desde la profundidad de la depresión, una reactivación que se había iniciado antes del ascenso de los nazis al poder; en segundo lugar, fue el resultado de sobornos masivos de las masas alemanas, a través de un aumento de la las pensiones y algo de una menos importante, pero eficaz, ingeniería social, pagados financiando el déficit. Prácticamente eliminaron el desempleo. Podrían haber aumentado los salarios reales, pero no lo hicieron, con el fin de pagar por el rearme. El rearme los llevó al borde del colapso financiero, a pesar de la mejora global de la economía, y se libraron de eso, cuando las cosas se pusieron realmente mal, en 1937/8, robando propiedad judía, como Goetz Aly ha demostrado en su libro 'Hitlers Volksstaat', un proceso que finalizó como consecuencia del Pogrom de Noviembre. Enfrentados a grandes obstáculos económicos, que fueron el resultado de los imperativos de su ideología expansionista, su escapatoria fue una radicalización cada vez mayor, y una carrera hacia la guerra y la conquista. No ocuparon otros países con el fin de evitar un colapso económico, pero se las arreglaron para seguir a flote económicamente, explotando sin piedad a los países conquistados, así como también a sus aliados y, de hecho, pagaron la guerra robándoles todos los activos posibles hasta dejarlos limpios. El primer objetivo de esta política fueron los judíos. Sin embargo, robar a los judíos no fue la razón para el Holocausto. La aniquilación de los judíos había sido una parte implícita, no explícita, de la ideología nacional-socialista, desde el mismo principio. Las palabras y los pensamientos se convirtieron en acciones. Primero robaron a los judíos, y luego los mataron, no a todos los hombres y mujeres con anteojos o pelo rojizo, pero lo hicieron por antisemitismo, que fue un elemento central en la cosmovisión que impulsó adelante al régimen.
La otra parte principal de la ideología nazi fue la expansión. ¿Por qué estaban comprometidos con la expansión? ¿La recuperación económica de Alemania y social dependía de la conquista? Lo dudo. Para 1936-8, la economía estaba en camino de salir de la crisis, la estabilidad social había sido parcialmente lograda, y fueron el rearme y la preparación para la guerra las que causaron la crisis financiera de 1937/8. Alemania no necesitaba una guerra para mantener un sólido crecimiento. No necesitaba ocupar la Europa Oriental para conseguir granos o materias primas, ya que producía bienes manufacturados que podían, fácil y rentablemente, ser intercambiados por las cosas que necesitaba. Sin duda, no necesitaba ninguna tierra. Alemania, hoy en día, un país más pequeño que el de 1937, con una población más grande, no sólo no necesita exportar ninguna gente superflua, sino que necesita inmigración constante para mantener su nivel de vida. El hambre de tierra era un postulado ideológico, la expansión era una quimera, la guerra era materialmente inútil. Repito: desde una perspectiva racional alemana, una guerra sin sentido, una guerra producida por ideología, no por necesidades pragmáticas.
El antisemitismo fue un componente central de la ideología que produjo esa guerra, con sus 35 millones, o más, de víctimas en Europa, lo que resultó en la destrucción de gran parte del continente. ¿Cuán central fue? Creo que fue, realmente, muy central. Fue alimentado por el carácter casi religioso del nacionalsocialismo, que prometía la redención y un Reich de mil años que sería proporcionados por el Mesías, la figura de Jesús, que se había convertido en carne y hueso - Adolf Hitler. La lucha por la eterna felicidad sería conducida contra Satanás y sus subalternos, y Satanás era el estereotípico judío. Ésto fue fácilmente comprendido por las masas alemanas, ya que se derivaba del antisemitismo cristiano, que nunca había sido genocida, pero que fue la fuente de la variante nazi. Según como yo lo leo, el deseo de forzar la emigración de los judíos de Alemania en los años treinta, a Polonia a finales de 1939, a Madagascar en 1940, y al Ártico Soviético a principios de 1941, y luego el propio genocidio, todos fueron parte del deseo de exorcizar al demonio de dentro del Pueblo Elegido, es decir, los pueblos nórdicos de raza aria. Los métodos, el ritmo, las etapas y los zigzags en que se desarrollaron las políticas, estaban determinados por consideraciones pragmáticas. El objetivo, sin embargo, fue completamente no-pragmático, y como ya he dicho, puramente ideológico. Por lo tanto, más tarde, la existencia de guetos, en Bialystok y Lodz por ejemplo, fue muy importante para la maquinaria bélica alemana, y fue apoyado por los funcionarios nazis locales. Contrario a toda lógica capitalista moderna de costo-eficacia, los guetos fueron aniquilados por órdenes del centro de Berlín, en cumplimiento de los objetivos ideológicos. Ejemplos de este tipo son innumerables.
Este carácter no-pragmático del genocidio de los judíos es uno de los elementos que lo diferencian de todos los otros genocidios. Otros elementos fueron la totalidad, que es el deseo de aniquilar a todo judío, definido como tal por los nazis (obviamente, ningún Satanás podría quedar alrededor, si el proyecto nazi de Pueblo Elegido fuera a tener éxito); la universalidad, es decir, la idea, se desarrolló por etapas, que los judíos, en todas partes, deberían ser tratadas de la misma manera que estaban siendo tratados en la Europa nazi; y el hecho que nuevos métodos y nuevos usos de los modernos medios tecnológicos para asesinar a millones, se produjo dentro de una sociedad civilizada y culta, en el centro de Europa. Curiosamente, el gaseo y la quema de judíos no sólo era pragmáticamente más eficiente que matarlos en zanjas con armas de fuego, como se hizo en las áreas soviéticas ocupadas, sino que fue simbólicamente paralelo al exorcismo practicado por los autos de fe en la península ibérica, cientos de años antes de eso. En ambos casos, las personificaciones de Satanás fueron exorcizados por el fuego. El antisemitismo, y el deseo de conquistar y gobernar, no sólo a Europa, sino, en última instancia, con los aliados, a todo el mundo, fueron los dos pilares, complementarios entre sí, del proyecto nazi. Complementarios, porque el Dios Nazi sólo podía triunfar si el Satanás Judío era derrotado y aniquilado. Por lo tanto, el antisemitismo fue una de las principales causas de una guerra que causó la muerte de incontables víctimas no judías de la Segunda Guerra Mundial y la devastación de gran parte de Europa.
Es claro para todos, creo, que la Shoá fue un genocidio y, como tal, no sólo puede, sino que debe ser comparado con otros genocidios. Sólo entonces se puede decir si fue diferente, y en qué medida. La Shoá no fue el único. Para la mayoría de la gente, creo, la singularidad significa una cosa de una vez. Si eso es lo que la Shoá fue, entonces no volvería a ocurrir, a nadie; entonces se convertiría en irrelevante para el presente y el futuro y, si eso es así, se lo puede relegar, con seguridad, a las celebraciones litúrgicas anuales, a los memoriales, y a las peroratas de gastados clichés, como les encanta hacer a muchos políticos. Más que eso: todo acontecimiento histórico es único, todo pueblo y su destino son únicos. Si el Holocausto fue único en ese sentido, entonces fue como cualquier otro evento en la historia humana, no diferente de la singularidad del Imperio Británico, las guerras napoleónicas o el destino de la India bajo los mongoles: paradójicamente, entonces, la Shoá sería como cualquier otro acontecimiento histórico, sería aplanada, convertida en bagatela - nada especial. La singularidad se convierte en su opuesto, la trivialización total. Pero sí, la Shoá no tiene precedente; un genocidio como ése nunca antes había ocurrido. Pero puede, y hasta cierto punto ya pudo, convertirse en un precedente. Puede volver a ocurrir, a judíos o a otros, perpetrado por cualquiera contra cualquiera; no exactamente de la misma manera pero, seguramente, con aproximadamente paralelas y similares formas.
El Holocausto tuvo, como ya he dicho, varios contextos - el contexto del antisemitismo, que fue su principal causa; los contextos de la historia judía, de la historia de Europa y del mundo, del racismo y del genocidio. En la Segunda Guerra Mundial, la Alemania nazi quería destruir el liberalismo, la democracia, el pacifismo, el socialismo, el conservadurismo, el cristianismo - todas esas cosas que erróneamente llamamos civilización occidental. La guerra de Alemania fue para despejar el camino para la conquista de Europa en su conjunto, y luego, con los aliados, de todo el mundo. Un nuevo sistema de valores sería impuesto a la humanidad, una jerarquía racista, con los pueblos nórdicos de raza aria en la parte superior y todos los demás, en un orden jerárquico, debajo de ellos. Los no judíos, ya que todos los judíos, para entonces, ya estarían aniquilados. Este mundo racista era una utopía completamente nueva. La humanidad ha experimentado incontables intentos de sustituir una religión por otra, destruir una nación o imperio por otro, o una clase social por otra. En la Revolución Francesa, la burguesía desplazó a la aristocracia; de modo que la idea original del comunismo, antes que se convirtiera en la ideología del régimen imperialista soviético, es decir, el intento de sustituir a la burguesía por la clase obrera, no era realmente nuevo. Pero el nazismo era algo nuevo; el establecimiento de una jerarquía racial era completamente nuevo - aunque hoy sabemos que las razas no existen, porque todos somos originarios de África Oriental, como lo ha demostrado la investigación del ADN. El nazismo fue, por lo tanto, un intento verdaderamente revolucionario, posiblemente el único intento verdaderamente revolucionario en los últimos 200 años. Este intento revolucionario estaba dirigido contra la civilización occidental. Los judíos eran el símbolo de esa civilización, debido a las enseñanzas morales que había producido. Después de todo, una de las principales bases culturales de la civilización occidental moderna era la Biblia, y para los cristianos tenía dos partes: el Antiguo y el Nuevo Testamento, y ambos fueron escritos en gran parte por judíos. Existía lógica intrínseca en la ideología nazi: si se quiere destruir la tradición occidental, hay que comenzar con la aniquilación de uno de sus fundadores, es decir, los judíos.
¿Cuándo, dentro de ese contexto, entra el concepto de genocidio? Tenemos, por supuesto, la muy problemática definición de genocidio de la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio de 1948, que fue ratificada por la mayoría de los gobiernos del mundo. La definición, como todos ustedes saben, habla de un intento de eliminar un grupo étnico, nacional, racial o religioso como tal, en parte o en su totalidad, y da un listado de cinco maneras en que los perpetradores lo hacen: matando a miembros del grupo; causando un grave daño físico o mental al grupo; creando condiciones de vida que impidan la existencia del grupo; previniendo nacimientos de miembros del grupo que es el objetivo; secuestrando a niños del grupo que es el objetivo. No está claro si todas estas condiciones, o sólo uno o dos, deben cumplirse en el asesinato, para ser llamado un genocidio. No está claro cuándo un asesinato en masa se convierte en un genocidio. Más bien no tiene sentido hablar acerca de secuestro de niños o de prevención de nacimientos, cuando todos los miembros del grupo son el objetivo, como fue el caso de la Shoá, y todas las mujeres y niños serán asesinados, de todos modos. Además, es difícil ver a gente empujada dentro de las cámaras de gas como creando condiciones de vida diseñadas para evitar la existencia de las víctimas. Y, en la Shoá, no sólo ciertos miembros del grupo fueron atacados, sino todos ellos. En el caso de Ruanda, fue igualmente problemático. Hutus y tutsis no son grupos étnicos - hablan el mismo idioma, tienen la misma cultura, y son miembros de las mismas confesiones religiosas. Las diferencias fueron, originalmente, diferencias de clase, que fueron exacerbadas por los misioneros y colonizadores europeos que introdujeron una terminología básicamente racista. Hablando estrictamente, la descripción de la tragedia ruandesa como un genocidio, podría ser impugnada. Pero por supuesto que fue un genocidio, así que lo que está mal es la definición.
Sólo hay comienzos de investigación histórica sobre la historia del genocidio antes del siglo XX, aunque está perfectamente claro que el tratamiento a los indios americanos, en todo el continente americano, o la destrucción de Cartago, y cualquier cantidad de otros eventos, fueron genocidas. Necesitamos herramientas analíticas más nítidas que las que nos brinda la Convención de 1948 para llamar genocidio a un genocidio, cuando lo vemos. La razón por la que la Convención es tan problemática, es que fue el producto de un tira y afloje entre occidente y el bloque soviético, no el resultado de una discusión académica. Ante la insistencia soviética, el asesinato en masa por razones políticas, que ahora llamamos politicidio, fue excluido, obviamente, porque de lo contrario la URSS habría sido acusada de genocidio. Los grupos religiosos fueron incluidos, aunque hay una diferencia fundamental entre ellos y los grupos étnicos. Las lealtades religiosas, al menos en teoría, aunque no siempre en la práctica, son una cuestión electiva. Los judíos europeos, y los de los países musulmanes, en peligro de muerte, en el período pre-moderno, podían convertirse, y así salvar sus vidas, aunque no siempre. Pero si se ha nacido judío, sea alemán, ruso, árabe o chino, le pegan con su origen étnico, porque después de que se nace, es demasiado tarde para elegir a los padres. No hay ninguna lógica en incluir grupos religiosos y no políticos, en las definiciones de genocidio, porque al menos en teoría, también se puede elegir la política. De hecho, millones de buenos comunistas se convirtieron en buenos nazis en la Alemania nazi, y después muchos buenos nazis se convirtieron en buenos comunistas otra vez, en la Alemania Oriental de posguerra. El asesinato político masivo, o politicidio, es realmente una forma genocida de asesinato en masa.
Al final, este juego con las definiciones, tan caro para nosotros los académicos, es bastante inútil, salvo que estamos estancados con la definición de la Convención, y la ventaja es, por supuesto, que se ha convertido en parte del derecho internacional, aunque nunca ha sido utilizada, desde 1948, para la prevención de algún caso de genocidio. Sin embargo, debemos recordar que nuestras definiciones son abstracciones de la realidad, y la realidad es mucho más complicada que lo que nuestras definiciones pueden ser y, en lugar de tratar de encajar la realidad en la abstracción, las definiciones deberían adaptarse a la realidad. La realidad es que los humanos son los únicos mamíferos que se matan entre sí en grandes cantidades, porque, muy obviamente, su estructura psicológica lo hace posible. La prueba de esto se encuentra en todas nuestras leyes, que convierten en ilegal el asesinato. Si no hubiera inclinación al asesinato, no sería necesario contar con leyes en contra del mismo. La razón de esta inclinación, o instinto básico, es, nos dicen algunos psicólogos, el deseo de defender a los más cercanos a nosotros, y al territorio necesario para mantenerlos lejos de la competencia, la invasión u otro peligro, reales o imaginarios. Somos mamíferos predadores territoriales.
Si todos tienen el potencial para participar en asesinatos en masa, surge la pregunta de si existe alguna manera de detener los asesinatos en masa y los genocidios. A primera vista, las perspectivas no son halagüeñas. Hace algunos años, el sociólogo estadounidense, Rudolph J. Rummel, estimó el número de víctimas civiles de gobiernos y movimientos políticos, en los primeros 87 años del siglo XX - las fechas se eligieron arbitrariamente - en 169 millones, en comparación con los 34 millones de soldados que murieron en el mismo período, que incluye a las dos guerras mundiales, o cuatro veces más civiles que soldados. 38 de los 169 millones de civiles, murieron en genocidios, según los define la Convención, y de éstos, cerca de 6 millones de personas murieron en la Shoá. Rummel, que mientras tanto ha incrementado considerablemente sus estimaciones, llama al asesinato de civiles democidio, o asesinato de personas, y eso incluye a todos los asesinatos en masa, incluyendo los genocidios según la Convención. El experto estadounidense en derecho internacional, David Scheffer, llama al mismo fenómeno con el nombre de "atrocidades masivas". El panorama general es muy claro: los asesinatos en masa de grupos de civiles continúan, sin interrupciones.
Sin embargo, así como se puede decir que el asesinato en masa ha estado con nosotros desde tiempo inmemorial, y muy probablemente antes de eso, también se puede decir lo opuesto, es decir, el sacrificio desinteresado por los demás, también ha estado con nosotros. El anhelo de muerte y el anhelo de vida, ambas al parecer, son parte de nuestra estructura básica. En el mundo real, así como en el mundo imaginario de la literatura que lo refleja, tienen una existencia paralela. Justos entre las naciones, y eso incluye a comunidades enteras, incluso comunidades étnicas enteras, como los daneses, salvaron judíos; justos turcos y kurdos salvaron armenios durante el genocidio armenio; justos hutus salvaron tutsis en Ruanda. A menudo, esas actividades involucraron verdaderos auto sacrificios por un total desconocido. Es ese otro polo de nuestro ser mental e instintivo el que hace del accionar contra el genocidio una perspectiva realista, aunque sea una muy difícil y, quizás, remota perspectiva. El instinto de vida proviene de la misma fuente, al parecer, que el instinto de muerte: somos animales de rebaño; si no pertenecemos a un rebaño, entonces, quiérase o no, pertenecemos a otro. Es muy difícil para un animal de rebaño, existir por sí solo. Y, como animales de rebaño, hemos desarrollado instintos de unión, de simpatía, de amor, de colaboración, de voluntad de salvar, porque inconscientemente, nos damos cuenta de que la persona salvada será un amigo en quien se puede confiar.
No hay duda de que vivimos en un mundo pequeño que se ve amenazado por la auto destrucción del ser humano, hecho posible por los avances tecnológicos. Tales amenazas incluyen no sólo genocidios, sino también luchas de poder de naciones con armas de destrucción masiva; desastres ecológicos creados por la interferencia humana con la naturaleza; una estructura económica volátil que puede poner en peligro enormes cantidades de personas; y epidemias contra las cuales no se conoce ninguna cura. También, y de central importancia, la distribución desigual de la riqueza crea sufrimiento de las masas y trastornos sociales y políticos. Los genocidios, por lo tanto, no son el único problema importante que nosotros, los humanos, hemos creado para nosotros mismos. Y, por supuesto, siempre hay que recordar que la raza humana comenzó su ascenso meteórico no unos pocos miles de años atrás, como dice la Biblia, sino hace algunos cientos de miles de años, y su presencia en este planeta es limitado en el tiempo. Tarde o temprano desapareceremos, habiendo seguido nuestro curso, por así decirlo. Con nosotros desaparecerán nuestras culturas, nuestros logros y fracasos, nuestro Dios o dioses, nuestras creencias, nuestras esperanzas y nuestras vanidades. Pero lo que queremos hacer, creo, es que eso ocurra más tarde que más temprano.
Los avances tecnológicos se han producido, no sólo en armamentos y otros campos que nos amenazan, sino también en áreas que podrían proteger a la humanidad de los peligros que enfrenta. Es así que, en EE.UU., científicos sociales han desarrollado modelos sociológicos y politológicos, basados en un gran número de variables que permiten hacer una evaluación realista del riesgo de desarrollos genocidas. Hoy en día es posible identificar lugares en el mundo, donde pueden desarrollarse un asesinato en masa, a menos que se haga algo para evitarlo. Habría sido casi imposible predecir el Holocausto por estos medios, por lo que, una vez más, el Holocausto es un caso especial. Pero no era necesaria ninguna predicción en los casos de Ruanda o Darfur; no sólo predicción, sino que ahí había y hay casi un conocimiento real, y es voluntad política, no alerta temprana, lo que hacía y hace falta para impedir los desarrollos genocidas. Hoy en día, algunos gobiernos importantes, así como la ONU, tienen tales medios de predicción a su disposición.
En el Foro de la prevención del genocidio en Estocolmo, el 27 de enero de 2004, propuse cuatro tipos de lo que se puede llamar eventos genocidas o atrocidades en masa: uno, los genocidios según la definición de la Convención; dos, politicidios, es decir, asesinatos en masa con motivaciones políticas, económicas y sociales; tres, la limpieza étnica, cuando el propósito es eliminar un grupo étnico como tal; y cuatro, las ideologías globales genocidas que predican la propaganda criminal y practican asesinatos de masas, tales como el Islam radical hoy en día, y, en el pasado, el nacional-socialismo y el comunismo. No hay Paz Mundial a la vista pero, en el futuro, tal vez algunos muy pequeños pasos hacia una reducción de los peligros podrían lograrse. Ustedes ven, yo no creo en utopías: parafraseando la famosa frase de Lord Acton, las utopías siempre matan, y las utopías absolutas, tales como el nazismo, el comunismo, el nacionalismo, el extremismo religioso, y similares, matan absolutamente. Por lo tanto, tampoco creo en un mundo bueno, o en la venida de un Mesías terrenal o celestial que nos libre de nosotros mismos. Creo y espero que con un montón de suerte y trabajo muy duro, posiblemente hagamos del mundo en que vivimos un lugar un poquitito mejor de lo que es ahora. Vale la pena pasarse la vida tratando de hacerlo.
¿Cuáles son las opciones? Debemos probar varias opciones, no sólo en los trabajos eruditos, aunque debemos tenerlos como una base necesaria, sino enfrentando la realidad en la forma de los terribles problemas que enfrenta el mundo con los genocidios presentes y futuros. Permítanme tomar el ejemplo de Darfur, que es claramente un genocidio, incluso de acuerdo con la Convención. Deberíamos discutir la relación entre Darfur y los genocidios que le precedieron, y aquellos que le seguirán, ya que seguirán.
¿Qué puede hacerse acerca de Darfur? Han sido enviadas allí tropas de la ONU, consistentes de soldados africanos, en cantidad insuficiente, con sólo algunos de ellos bien entrenados, y sin un mandato claro para proteger a los civiles. Los países miembros de la ONU no han proporcionado helicópteros y otras necesidades militares. El gobierno sudanés está, en efecto, persiguiendo a las organizaciones humanitarias, y cientos de miles de africanos han perdido todo lo que tenían y vegetan sin remedio y sin esperanza en los campos de PD. El resultado es masiva y lenta muerte. Los niños son los primeros en morir. Las mujeres están sujetas a violaciones masivas, como parte de una clara política genocida. El Consejo de Seguridad no puede hacer nada, porque China tiene concesiones petrolíferas en Sudán y no aceptará ninguna robusta política de la ONU que asegure la vida de las víctimas africanas. Rusia y la Liga Árabe ayudan a proteger al gobierno de sudanés. Sin renunciar a la ONU, deben encontrarse medios alternativos para enfrentar la situación. Deben considerarse alianzas regionales, crear bloques de países dedicados a actuar en contra de atrocidades en masa reales y potenciales. Algunos académicos están trabajando ahora en lo que llamamos una caja de herramientas, es decir, una serie de medidas graduales no militares, para ser empleadas en situaciones donde hay amenaza genocidio, antes de que suceda realmente, y la posible intervención sin armas o incluso armada, para detenerlo si ocurre. Pero aún si tenemos una caja de herramientas como esa, la cuestión realmente importante será la presión del mundo político. ¿Qué hacemos con el fin de ayudar a crear la voluntad política para detener los mutuos asesinatos en masa? La idea general es crear coaliciones de grupos de presión que vengan con propuestas concretas, con campañas de medios de comunicación, y acciones similares, y eso funcionará a través de políticos y gobiernos receptivos. ¿Esto tendrá éxito? No tengo la menor idea. Todo lo que sé es que debemos tratar.
¿Cuál es la conexión entre todo eso y el Holocausto, y por qué estamos aquí tratando al Holocausto como el caso paradigmático, y no tomamos otro acontecimiento genocida como la vara de medir para las comparaciones? Parece ser claro que los comentaristas, así como los políticos, comparan constantemente Darfur con Ruanda; pero después, comparan Ruanda con el Holocausto, como el genocidio paradigmático. Lo es, creo, además del punto que estas comparaciones son defectuosas. Claramente, tanto Ruanda como Darfur fueron, o son, causadas por desarrollos que se podrían llamar pragmáticos: el deseo de poder y de territorio, contrariamente al Holocausto. Pero son el mismo tipo de acciones humanas que el Holocausto - asesinato en masa de grupos designados como objetivos, que ahora llamamos genocidios, o eventos genocidas, o asesinatos genocidas de masas, o atrocidades en masa. La razón, creo, para ver el Holocausto como el estándar para las comparaciones, sean o no válidas las comparaciones, es la lenta conciencia, por lo general bastante inconsciente, del hecho que el Holocausto fue la forma más extrema de esa enfermedad que sacude a la raza humana, una enfermedad que es un peligro para la propia existencia de la humanidad - no el único peligro, como ya he dicho, pero uno muy grave - y el Holocausto se ha convertido, por lo tanto, en el paradigma de las amenazas genocidas en general. Hoy en día, apenas pasa una semana sin que se publique otra obra literaria, sin que se cree otra obra de arte, otra pieza musical, y un sinfín de investigaciones, en todos los campos de las humanidades y las ciencias sociales, que tratan del genocidio de los judíos. Debido a la cualidad paradigmática de la Shoá, parece probable que continúe.
Tampoco se trata de un asunto que sólo tenga relación con el pasado reciente. Los judíos, hoy en día, por primera vez desde 1945, están una vez más amenazados, abiertamente, por una ideología islámica radical genocida, cuyo mensaje asesino debe ser tomado más en serio de lo que lo fue una vez el nazi, desgraciadamente, en el momento del Pogrom de Noviembre. La conexión directa entre el pogrom, los preparativos de guerra, la Segunda Guerra Mundial, la Shoá, y los actuales acontecimientos y amenazas genocidas, es más que evidente. Hay aquí repeticiones que evocan el genocidio de los judíos. La Shoá no tuvo precedentes. Pero fue un precedente, y ese precedente está siendo seguido. Deberíamos hacer todo lo posible para detener eso.
Traducido para Generaciones de la Shoá por José Blumenfeld.