Hacemos esta
promesa. La hacemos a la sombra de llamas cuyas lenguas hieren el
alma de nuestro pueblo. Prometemos en nombre de nuestros padres
y nuestros niños muertos. Prometemos, con nuestra tristeza
oculta, nuestra fe renovada. Prometemos no permitir que la memoria
lacerada de nuestros seis millones muertos sea borrada. Los vimos
con hambre y miedo. Los vimos queriendo luchar. Los vimos en la
soledad de la noche, leales a sus creencias. En los umbrales de
la muerte, los vimos.
Recibimos en
silencio su silencio. Unimos sus lágrimas a las nuestras.
Deportaciones, ejecuciones, tumbas colectivas, campos de muerte.
Oraciones mudas, gritos de rebelión, desesperación,
rollos desgarrados.
Ciudades y pueblos,
aldeas y villorrios. Los jóvenes, los viejos, los ricos,
los pobres, los luchadores de los
guetos y los partisanos, los académicos, los soñadores
mesiánicos, caras enfurecidas, puños en alto. Como
nubes de fuego, se han desvanecido.
Hacemos esta promesa:
nuestra visión se hace palabra, para ser entregada de padre
a hijo, de madre a hija, de generación a generación.
Recordaremos lo que los asesinos alemanes y sus cómplices
le hicieron a nuestra gente. Los recordaremos con furia y con desprecio.
Recordaremos lo que un mundo indiferente nos hizo y lo que se hizo
a sí mismo. Recordaremos a las víctimas con orgullo
y con dolor. Recordaremos el valor de los Justos gentiles. También
recordaremos los milagros del renacimiento judío en la tierra
de nuestros antepasados, en el independiente Estado de Israel. Acá,
pioneros y luchadores le regresaron la dignidad a nuestra gente,
la majestad de la nacionalidad. Desde las ruinas de sus vidas, huérfanos
y viudas construyeron sus hogares y viejas-nuevas fortalezas en
nuestra tierra redimida. Hasta el final de nuestros días
recordaremos a aquéllos que tuvieron y pusieron en práctica
su sueño -nuestro sueño- de redención.
Hacemos esta promesa
aquí, en Jerusalem, nuestro eterno santuario espiritual.
Que nuestro legado permanezca como una roca del Muro del Templo.
Puesto que aquí arden las plegarias y los recuerdos. Arden
y arden y no serán consumidos.
Leído
en hebreo, inglés, idish, ladino y ruso en el Kotel (Muro
de los lamentos), 18-6-81, en la ceremonia de clausura del World
Gathering of Jewish Holocaust Survivors. Traducción: Diana
Wang.