TEXTOS

 


RESCATAR “ACTIVAMENTE” EL VALOR DEL SENTIMIENTO DE SER VÍCTIMAS.
Por María (Marisha) Blum

En el marco de una de  las periódicas reuniones  que hemos dado en llamar "Diálogo desde dos orillas" realizada el 10/7/2006,  reuniones  entre hijos de sobrevivientes de la Shoá e hijos de alemanes no judíos, se abrió la rueda de reflexiones sobre el tema que nos habíamos propuesto, "El sentimiento de ser víctimas", con el siguiente  texto que se  preparó para la ocasión

Lo primero que sentí en relación al tema “víctimas” fue que  tenía la obligación de salir de ese lugar puesto que este término está teniendo “mala prensa”, al menos en los medios en que suelo moverme, dado que se entiende que víctima es alguien que se queda en un lugar de total pasividad. No me refiero a esto, a este significado. Sabemos que las palabras no tienen un solo significado, razón profunda del malentendido.  Me refiero al hecho de ser tomado como objeto, sin ninguna posibilidad de defenderse y que solo por ser judíos fuimos sometidos a la máxima degradación y sufrimiento.

Finalmente resulta que si uno fue, inexorable y lamentablemente una  víctima, encima lo tiene que ocultar como si fuera una vergüenza.  Como si esto fuera poco, en el caso de los judíos durante la Shoá, parece que es casi un sinónimo de “ovejas al matadero”, al margen de muchos ejemplos que demuestran lo contrario.

Hace no mucho me enteré que mi abuelo materno no murió en un campo de exterminio. Todo comenzó cuando me dijeron: “¡Tu abuelo fue un hombre muy orgulloso!”. ¿Que me quisieron decir con esto?, que cuando los nazis lo fueron a buscar  a su casa en Polonia, él que durante toda su vida fue respetado por  su características personales y por la familia a la que pertenecía, consideró que podía pelear o cuestionar que se lo llevaran y.... sencillamente lo fusilaron en el acto; ¿No aceptó ser humillado?,¿No se pudo ubicar en lo que realmente estaba sucediendo?, ¿ Fue alguien que se atrevió a enfrentarlos?. Y bueno, no fue como "una oveja al matadero", pero..... lo mataron en ese mismo instante en que se resistió. Otros se sometían a las órdenes porque en un punto no perdían la esperanza, y otros, seguramente, no podían pensar. Me reverencio ante cualquiera de estas actitudes o reacciones y no dejo de tener presente, en ningún momento , en que contexto fueron tomadas.

Insisto, vale la pena aclarar esta “mala prensa” de la palabra “víctima”,  porque creo que induce a una confusión muy grande.  Considero y acuerdo que la víctima es sinónimo de pasividad siempre que esté la posibilidad de elección , de tener la opción, de ubicarse en otra posición. Estaría demás explicar que no eran, precisamente estas, las condiciones.

Por todo esto es que me sacudo esta idea, además de no poder sentirla genuinamente propia y reafirmo con dolor, pero con mucha fuerza, que mis padres, mis hermanos y gran parte de mi familia han sido víctimas de uno de las actos mas horrorosos de la humanidad. Yo también he sido víctima por haber nacido en un hogar en el que el clima dominante fue “la guerra” y de ningún modo estoy en una posición de pasividad. Claro, yo estoy en condiciones de elegir. 

Desde niña supe con mucho sufrimiento, que habíamos sido víctimas del algo terrible, aún cuando no conocía la palabra víctima o no tenía conciencia de lo que ella significaba;  lo sabía, esto quiere decir,  con el cuerpo, con las vísceras, con el alma. Hay terribles circunstancias de la vida, períodos históricos, en los cuales uno queda atrapado y no le queda otra que ser una víctima.

Es así que no quiero negar que los judíos fuimos víctimas durante la Shoá.  Es más, quiero aprovechar esta oportunidad para reafirmarlo, sino sería hipócrita y también lo sentiría como  una traición a mis padres. Además, otra vez se repetiría la situación perversa, que muchas veces observamos, en la que el que tiene vergüenza y se siente humillado es la víctima y no el perpetrador, como cuando en donde se señala la violencia y el odio es en la víctima y no en quien la produce.

Así como Uds. “los hijos de alemanes”  trasforman la culpa en responsabilidad, o dicen y explican las causas por las cuales no pueden sentirse culpables pero si responsables de revisar el pasado, yo como “hija de sobrevivientes de la Shoá” siento que mi mandato es transmitir para honrar  y ser portavoz de mis antepasados y para transformar mi experiencia en algo que sirva a mi entorno, lo que en otros términos significa trasformar un obstáculo en ventaja. Y es precisamente en este punto que nos podemos unir, tanto Uds. como nosotros, desde la responsabilidad o el legado, término que prefiero y siento mas, de recordar el pasado en función de un mejor presente y futuro. Este es nuestro legado: transmitir para mostrar que la guerra es dolorosa para todos, que deja sus terribles marcas en victimas y victimarios, y que uno es responsable no solo por uno sino por las generaciones venideras.

A propósito de esto considero pertinente citar a Sophie Scholl, aquella joven alemana de 21 años de edad, que junto a su hermano Hans, ambos estudiantes universitarios y enemigos del lll Reich, formaron parte del movimiento de resistencia clandestino conocido por el nombre “La Rosa Blanca”. Sus últimas palabras al ser condenada a muerte  (l943) fueron: “ustedes estarán aquí, en el banquillo del acusado pues tendrán que dar cuenta a la humanidad y al pueblo alemán por haber cometido semejantes atrocidades y por haber manchado la historia de los alemanes que tendrán que cargar con ella por muchas generaciones, no habiendo ni olvido ni perdón por lo que han hecho a la civilización europea y a sus hermanos alemanes también”. (*).

En síntesis, la responsabilidad es el punto de encuentro a partir de nuestra experiencia. Uds. desde la culpa que les infieren los demás, nosotros desde ser víctimas, ambas transformadas en responsabilidad. Ambos conceptos impulsores y motores de la responsabilidad de transmitir el legado. El pasado no lo podemos transformar pero el presente y futuro si.

Vengo para ver que podemos hacer juntos, y en algún punto, si retomamos el discurso de Sofhie Scholl, Uds. también son víctimas, sin pretender homologar y con enorme diferencia de matices. Siendo que ambos lo somos pero a la vez enriqueciéndonos con la heterogeneidad, mostrarle al mundo cuales son las consecuencias.

Tenemos la oportunidad de encontrarnos, pensar, compartir y, si lo deseamos, de realizar una labor fructífera que podría tener la forma de algo en relación a la educación. La intención es que juntos, siendo que en la guerra todos salimos lastimados invariablemente, podamos producir alguna influencia favorable.

Me propongo ir a fondo, con lo cual quiero decir que nos tenemos que atrever a hablar de nuestras contradicciones, sentimientos contrapuestos,  dispuestos a escuchar, a estar abiertos. Transitar este camino es animarse a cabalgar sobre los distintos bordes, posiblemente ríspidos, que estos encuentros nos plantean, para nosotros mismos y frente a los demás. Con lo cual los invito y me invito a ser sinceros, con respeto, pero tampoco ser condescendientes. Explicitar lo necesario, cuidadosos y apasionados al mismo tiempo, pero no  limitarnos a lo políticamente correcto.

Amos Oz (**) reconocido escritor israelí y a la vez un gran analista de los conflictos de Oriente Medio, que habitualmente condena a los  fanáticos y sostiene que ya es hora de hacer la paz con los Palestinos, dijo lo siguiente al final de una entrevista:

“Frente a un gran incendio los seres humanos tenemos 3 (tres) reacciones:

1º están los que huyen para salvar el pellejo dejando que los demás se las arreglen como puedan. Hay todo un sistema político e ideológico basado en esto.

2º están los que se van a su casa y escriben una carta indignada a un diario demandando la inmediata renuncia de los responsables 

3º, luego está el tercer grupo que son los que buscan apagar el incendio con lo que tienen a mano, aunque sea una cuchara de té.

El tema es que el incendio es muy grande y la cuchara muy chica, pero como los seres humanos somos muchos, si todos llevamos en el bolsillo una pequeña cuchara de té y tiramos a la vez agua con ella, podemos apagar el fuego. Yo voy a ser el fundador de la Orden de la Cucharita de Té”. 

Adhiero a Amos Oz y a su Fundación. Me dan ganas de hacerme socia de ésta y creo que si tenemos criterio de realidad y no nos devoran ansias omnipotentes,  este es el camino, tomar la cucharita de té, poder marcar una diferencia, por pequeña que sea.

Los  invito a que engrosemos la “Orden de la Cucharita de té”.

 

* Sofhie Scholl,  FESTIVAL DE CINE ALEMAN 2005;  por Bejla Rubin de Goldman 

* * Amos Oz nacido en 1939. Revista Viva del Diario Clarín del día 4 de Junio  de 2006, Entrevista realizada por Telma Luzzani (enviada especial a Tel Aviv, Israel)

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Tuesday 31-Oct-2006 11:04 AM
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