PUBLICACIONES - LIBROS

 


 


AUGE Y OCASO DE LOS JUDÍOS EN OSTROG VOLYN
de Marek Rowensztein


PRÓLOGO DE Pablo Dreizik
Responsable de la Biblioteca y Centro de Documentación del Museo del Holocausto-Shoá

Cada ciudad tiene su mapa, sus planos, su repertorio cartogr á fico, sus catastros. Estas representaciones adecuadas de la ciudad pertenecen a su archivo, pero tambi é n a sus posibilidades de crecimiento y planificaci ó n urbana. Esto pasa con todas las ciudades. O con casi todas. Porque hay ciudades muy especiales, como las "ciudades invisibles" de í talo Calvino, que no tienen mapa, frente a las cuales el saber de la representaci ó n a escala que practican los mapas, fracasa.

Para llegar a Ostrog, por ejemplo, se precisa conocer cu á ndo se cre ó la primera sinagoga, c ó mo se educaban los ni ñ os jud í os que all í viv í an, la vitalidad de los movimientos juveniles, la disposici ó n de las casas, los comercios, la ciudad vieja y la nueva, c ó mo daba el sol en la primavera. Cuanto m á s exacto es el mapa m á s f á cil es perderse. Ostrog fue en ocasiones polaca, y en ocasiones, rusa. De un momento a otro, los nombres y monedas pueden ser unos, y luego, otros. Cualquier cartel indicador nos extraviar í a.

Para llegar a Ostrog se precisa un gu í a, no un "cronista" (los cronistas son quienes registran la vida de las ciudades visibles). Marek Rowensztein es el ú nico que conoce el camino: la memoria herida que remonta hasta la ciudad devastada por los nazis. Marek no es un cronista. El no anota lo que ve, ve lo que ya no podr á ser anotado: la muerte de toda una ciudad.

As í , Marek puede trazar un mapa indestructible de tinta invisible, inscripto en el coraz ó n con marcas trabajosas y lentas. Como se llega a esas ciudades, con la memoria ú nica del testigo.

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COMENTARIO Sobre dos libros de Marek Rowensztein
Palabras pronunciadas en la presentación del libro Auge y ocaso de los judíos de Ostrog, de Marek Rowensztein, Museo del Holocausto-S/iotí, Buenos Aires, 6/4/05.

¿Sorprende un mundo sin pasado? ¿O sorprende más la ausencia de presente, de un presente posterior a la Shoá, en el pueblo de Ostrog? Reducido a letras, a letreros de tránsito, guardado en la rememoración nostálgica, marcado en viejos mapas, recordado por unos pocos historiadores, pero ausente en el mundo herido por la amnesia. Reducido a almas muertas, desaparece del recuerdo el pueblo.

Perdiendo recuerdos unos, mientras que otros no tienen qué recordar y marchan sin recuerdos para compartir. Indiferentes al tiempo, indiferentes al entorno, sin advertir lo evanescente, permaneciendo en la oscuridad, dejando vaciar, vaciando el vacío.

No perdió sus ensoñaciones Marek Rowensztein. No las perdió. Padeció el belicismo extremo, pero reaccionó.

Indicio de vida, sus libros transparentan su presencia vital.

Caminó por el tiempo en un lugar atormentado por la indiferencia, en un lugar desaparecido.

Caminó con el tiempo. Acumuló en el tiempo experiencias.

Y sin embargo, hay pasividad respecto de la experiencia que devora trozos de la existencia. La hay en todos. Pero en contra de esta corriente, hay agregaciones, sumas a la comunidad de experiencia.

Agregar, sumar, es alejarse de creencias para las cuales sólo hay actos y consecuencias de los actos, pero no agentes responsables.

Si se aleja de esa indiferencia, el testigo tiene una responsabilidad.

Pensamientos y experiencias interrelacionados constituyen una persona: transmitir experiencias para que otras personas las hagan propias a través de sus pensamientos, experimentando a través del pensamiento.

Experimentamos Ostrog a través de Marek. Pensamos, pero, ¿podemos pensar en muertes, exterminios y desapariciones sin experiencias sobrevivientes o sin testimonios legados?

Sentimos y pensamos adquiriendo experiencias de sufrimientos. Para adquirir, para recordar: la dación de la experiencia pasada. Y así como las experiencias son dadoras de identidad para la persona que las tiene, la dación de las experiencias integra la forma de la identidad de quienes reciben el testimonio de la experiencia.

Cambian estados, porque las experiencias son episodios de vida o vida misma, y pueden -como sucede con los libros, por las experiencias de Marek- persistir más allá del cuerpo que las experimentó. Persiste la primera persona, ayuda a la tercera, ayuda a historiar.

¿Son posibles las experiencias sin sujeto? ¿Son posibles los sujetos sin experiencias? Tal vez. Tal vez sí.

¿Podemos describir nuestras vidas sin tantas desapariciones? Tal vez. Tal vez no.

En el mar de la fragilidad persisten nuestros cuerpos y también nuestras experiencias; en el texto sobreviven; en el texto emergen, emergen de atrás, ¿de atrás de dónde? ¿Por qué fuerza insiste ese pasado que brota?

Obliga a no olvidar la complicidad ucraniana. Obliga esa escritura, eso grabado por un puño del sobreviviente.

¡Qué sagrado puede ser el texto! ¡Qué morada es el texto!

La sinagoga Marshu, de Ostrog tiene esta inscripción: "¡Qué sagrado que es este lugar, la morada de Dios y la puerta al Cielo!".

En 1932 se recordaron los trescientos años de la muerte de Marshu en la misma centenaria sinagoga que fue concebida como estructura contra el enemigo.

Marek reconstruye la sinagoga: tiene aberturas para la artillería, aberturas donde también hay diez soles, diez mandamientos.

Ostrog, pueblo con doce mil judíos, pueblo penetrado por el alfabeto hebreo y el ídish, pueblo con el yugo de la diáspora en su interior, después de la Primera Guerra Mundial; con la democracia, las escuelas polacas unifican la enseñanza en Ostrog.

No tardarán en llegar los pogroms. Mientras tanto, los jóvenes evitan ir al servicio militar; evitan, sumisos, involucrarse con armas.

Sólo en el trabajo o comercio, solos y dóciles.

Y así hasta 1939, hasta que reina el clima más agradable.

Puede recordarse que Polonia recuperó su independencia después de la Primera Guerra Mundial, que el fracaso de la democracia -tras el asesinato de Narutowitz por militares dirigidos por el general Pilsudski- abre las puertas a un régimen fascista y antisemita que, en 1934, firma un acuerdo de no agresión con la Alemania de Hitler.

Ostrog perteneció a Rusia hasta 1772.

En 1440 ya había asentamientos judíos en Ostrog, en Volynia.

Ostrog, con inviernos de 15 a 20 grados bajo cero, llegará a tener un cine mudo al que asistió Marek.

Algunos jóvenes judíos, como Marek. no podrán esquivar el servicio militar.

Marek se casa con una mujer que borda, en 1939.

Es junio, es primavera. Debe volver al Ejército.

El 1° de setiembre de 1939 oye un grito desde un galpón militar: "¡Estalló la guerra!".

Hay ruptura de fronteras con el Este, la industria maderera del pueblo entra en crisis; se aíslan los bosques, las familias, el correo.

Más aislado, Marek queda bajo las bombas y las balas, comiendo latas de conserva, arrastrándose, sintiendo la muerte de un amigo, escapando de alemanes y rusos; caminando hacia un pueblo, su pueblo, para llegar y dormir en un colchón con sábanas.

1941. El 22 de junio de ese año, Hitler ataca a la Unión Soviética. Era un día soleado, que se puso brumoso y caluroso al mediodía, recuerda Marek.

Se acuerda también que sintió miedo de separarse de su mujer.

Recuerda a un vecino ucraniano que asesinó, en Ostrog, a una familia con un hacha.

Se acuerda que volvió, al final de la guerra, y halló silencio, vacío y destrucción.

Esperó para escribir. ¿Se hizo de distancia, se desapasionó? No. Se mantuvo perseverante. Siguió experimentando lo invisible, como arcilla que se deshace.

Escribió dos libros, por lo menos. Uno en primera persona, sus memorias. Otro texto es la memoria de su pueblo, un Izkor Buch.

No es catarsis, ni negación del padecimiento. Es un hacer perceptible su testimonio, por si acaso del percibir dependan nuestras creencias. Percibir un testimonio, y sucede "lo mismo" en la cabeza del lector.

Sucede, puede suceder, no la experiencia de una abstracción.

Testimoniarlo, escribirlo, leer, hacen, pueden hacer, subsistir lo desaparecido.

Tejido viviente, escritura do un Izkor Buch en español.

Del duque polaco Ostrozeski eran las tierras.

En ruso, Ostrog significa prisión.

El 4 de junio de 1941 se entierra a un tercio de los judíos de Ostrog, después de la ejecución, en fosas comunes.

Casimiro III fue benigno con los judíos, y los invita, en 1364, a asentarse.

En Polonia tuvieron, los judíos, durante mucho tiempo libertad religiosa, sin derechos políticos.

Polonia no tiene judíos.

Marek recuerda que Polonia ha sido una patria rodeada siempre de enemigos.

Recuerda a Atamán Bohdan Chmielnicki y su ejército polaco, que a mediados del siglo XVII -entre 1648 y 1649- causó la desaparición de trescientos mil judíos.

Después volvieron los judíos.

Después vino la aniquilación.

También recuerda Marek al poeta:

Polonia, patria mía.
Tú eres como la salud.
¡Cuánto hay que apreciarte!
Esto sólo lo sabrá el que te perdió.
Hoy, tu belleza en todo su esplendor.
Veo y escribo porque te extraño.

Adam miczkiewicz

Estos versos -como lo explica Marek Rowensztein [1]- pertenecen al libro de Miczkiewicz Pan tadeusz, escrito en el exilio en Francia, después de la derrota de Napoleón en Rusia.

Marek es autor también del libro " Auge y ocaso de los judíos en Ostrog" [2].

En ambos libros de Marek, la extrañeza que lleva a rever y escribir es provocada por la aniquilación, la crueldad, el dolor; es extrañeza por lo tan presente y cercana.

Marek conoce la gravedad que lleva a que un cuerpo baleado caiga sobre la fosa que antes se le hizo cavar.

Sabe también de los límites de la escritura, y por eso pinta sus recuerdos.

Solo él conoce los colores de edificios ya inexistentes: él los revivió y los expone a la mirada en sus libros.

Sabe también del destierro, y quizás eso haga de la pintura y la escritura su cobijo.

NOTAS

1 Rowensztein, Marek. Mis memorias, Buenos Aires, 2001.

2 Rowensztein, Marek, Buenos Aires, 2004.

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Friday 30-Dec-2005 12:21 PM
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