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Crónica reunión # 9 24 noviembre 2003
Convocados esta vez bajo el tema: "Mandatos recibidos-mandatos asumidos".
¿Qué es un mandato?
Surge como pregunta después de nuestras participaciones. ¿una forma de comportarse? ¿una forma de pensar? ¿en qué temas? ¿cómo distinguir lo que nos es característico como segunda generación de sobrevivientes de lo que le pasa a cualquiera? ¿un mandato es una orden dada explícitamente o es algo que uno entendió implícitamente que debía ser así? ¿los mandatos fueron unívocos o contradictorios? ¿todos los hijos recibieron los mismos? ¿está el mandato en la intersección de uno con sus padres?
Los temas
Creo que han quedado flotando éstas y otras preguntas, después de lo que hablamos.
Luis contó que uno de sus abuelos había sido muy religioso. Que sus padres fueron laicos y que así lo educaron, pero que él ha vuelto a buscar en la religión. Sin entrar en la discusión sobre judaísmo y religión, el tema del judaísmo se plantó de lleno sobre nuestra mesa. Gran parte de lo conversado tuvo que ver con eso. Sarita dijo por ejemplo que un mandato claro y sin vueltas que había recibido era que tenía que casarse con un judío. Otros compartimos cómo habíamos vivido el tema de vivir como judíos o no, de mostrarnos como judíos o no, y cómo ello estaba siendo vivido en la actualidad.
Todas las participaciones nos tocaron a todos. Como suele suceder. Sea porque lo que dice uno es lo que a uno le pasaba también y no lo había terminado de poner en palabras, sea porque la experiencia del otro nos muestra -otra vez- la imposibilidad de simplificar, lo complejo del cuadro total, lo cierto es que lo que cada uno iba diciendo era/es parte de los demás.
Una muestra:
Tobías contó que el padre le entregó una vez un jabón que tenía escrita la palabra "Juden". Que para él el mandato entregado junto con ello fue "recordar y no dejarse victimizar" (ésas no fueron sus palabras, pero creo que sí fue el sentido: perdón Tobías por no recordarlo textualmente).
Inés dijo que para ella la cosa era que tenía que hacer todo bien, ser la alegría de la casa, no dar problemas. Rosita por el contrario dijo que en su casa era que no tenía que haber alegría. Para Jean, que recordó una anécdota en la que a su madre le dijeron "igual, ustedes no se van a salvar", fue el desafío de seguir viviendo frente a esta afirmación. Marisha habló de lo fuerte que fue en su casa el tema de la continuidad de la vida.
Adjunto como apéndice, al final, una categorización que hace Yael Danieli sobre las distintas familias de sobrevivientes. Le da un contexto muy rico a lo que hablamos.
Las escenas oscuras.
Junto con los mandatos, aparecieron esas otras escenas que todos conocemos tan bien. Malka contó que de chica trataba de ponerse en la misma posición que tuvo que adoptar su madre en su escondite, que lo hacía en su cuarto, rodeada de sus pertenencias y que aguantaba muy poco tiempo. Inés dijo que uno no puede imaginarse lo que es estar en la situación en la que estaban. Tal vez hablaba, en suma, de la no elección y de lo que eso modifica en términos de capacidad de aguantar. Pensamos todos en cuánto habíamos querido entender lo que habían pasado y que siempre esto nos resultó imposible. Luis lo expresó cuando dijo que "desde mi infancia hubo cosas, sentí cosas, me son imposibles de definir, interrogantes, oscuros..."
Un comentario personal
Estas reuniones son para mí un momento privilegiado en el mes. Espero verlos, espero escucharnos, espero, igual que cada uno de nosotros, responderme a muchas de estas escenas oscuras, poner algo de luz. También espero el momento de la fratría, la hermandad, eso tácito de venir de geografías emocionales similares y que dibuja una especie de frontera a nuestra alrededor, dentro de la cual estamos "en casa" de una manera diferente a como lo estamos con otra gente. Sé que mi lugar me obliga a tratar de mantener fluida la conversación, a tratar de que, en lo posible, nos atengamos al tema propuesto, a que nos respetemos, a que no nos juzguemos, a que no critiquemos, a que mantengamos un clima amable, cuidadoso del otro, protector del dolor de cada uno, alentador de sus fortalezas. Este lugar a veces me pesa un poco, cuando me tengo que refrenar de contar cosas propias porque se me hace un lío entre ser miembro y ser facilitadora -o como se llame-, cuando tengo miedo de no ser capaz de mantener el clima fraterno y respetuoso, cuando me asusta la idea de perder al grupo y entonces no sé si parar algo que se va de cauce o si debo dejarlo seguir a riesgo de que perturbe.
Gracias para Eva
Y un gracias conmovido y público para Eva que siempre trae una cajita, ya sea con sus deliciosas kíjales o con bombones, y la pone en el centro de la mesa y nos vamos sirviendo de ella como de un pequeño fueguito calentito que circula y que nos metemos en la boca y nos llevamos a nuestras casas incorporado ya a nosotros mismos.
Apéndice:
Tomado de "El silencio de los aparecidos", cap 2. La categorización de Yael Danieli (los que tienen el libro, sorry) que propone cuatro tipos de familias:
1) familias de "víctimas" , o sea de aquellos aparecidos que se ven a sí mismos como sometidos a un estado de victimización, a la total impotencia e incapacidad de reaccionar. El clima familiar se caracteriza por la depresión, la desconfianza y el miedo al mundo exterior, lo que determina una vinculación simbiótica entre padres e hijos. Los temas del éxito y el dinero son centrales, así como la indicación de no ponerse como blancos, de vivir en bajo perfil. Son familias que prohíben respuestas defensivas o agresivas contra el exterior. Los padres, especialmente las madres, tienden a tener temores exagerados con respecto a sus hijos y los sobreprotegen. Tienen una preocupación casi compulsiva por la supervivencia física: la comida es un tema central en sus vidas. Otra característica es la extrema ansiedad acerca de la seguridad de los bienes y las personas; puede llevar a conductas compulsivas respecto a abrir y cerrar puertas. Transmiten un mensaje a los hijos de total desconfianza en los extraños al círculo inmediato de la familia.
Uno de los problemas mayores que tienen los miembros de este tipo de familias es el enfrentar los sentimientos de agresión y rabia. Como táctica de supervivencia, habían aprendido en la Shoá a suprimir este tipo de expresiones que, en aquel momento, no sólo arriesgaba su propia vida sino las de quienes pudieran estar cerca.
En estas familias, la habitual represión del enojo se complementa con explosiones de violencia difíciles de controlar, dirigidas a sus hijos cuando "no se portaban bien" "Actuás como Hitler" o "Sos peor que los nazis" o "Eichmann es mejor que vos" son frases dichas por algunos padres de este tipo de familias.
Los hijos de estas familias se identifican en gran medida con el sufrimiento y el dolor de sus padres y desarrollan una sensibilidad especial hacia los otros individuos y la sociedad en general. Muchos de ellos eligen actividades vinculadas con la protección o ayuda a la gente en las que se desempeñan muy bien: los hijos de las familias que se ven a sí mismas como "víctimas" son capaces de enfrentar el desafío de ayudar a otros, pueden hacerlo mientras no sea para sí mismos.
2) familias de "luchadores" , así llamados a los que se describen como formando parte de alguna acción contra los nazis y que continuaron una vez terminada la guerra con actitudes contrarias a las del judío "víctima". No sólo los que lucharon están en este grupo, sino todos lo que aceptaron tomar responsabilidades para sí mismos y para otros tanto en guetos como en campos. Se ven a sí mismos como activos y capaces de tomar decisiones. Esta característica salvó a muchos, pero no olvidemos que muchos otros perecieron debido a que la suerte y la arbitrariedad les jugó en contra. A pesar de lo que creen los "luchadores", su estilo no era garantía de supervivencia durante la Shoá.
El clima familiar es totalmente opuesto al de la familia de "víctimas". La hospitalidad y la sonrisa son reglas cotidianas. Todo tiene que estar bien. Todos deben estar de buen humor. La depresión, la tristeza y la debilidad son firmemente desalentados. Impulsan y estimulan logros y todo tipo de acción, el orgullo y la autodeterminación son columnas sólidas. Se premia el esfuerzo, los desafíos y se castiga el desgano, la apatía o la indiferencia. Se premia la conducta agresiva contra el exterior y se prepara a los hijos para luchar contra cualquiera que sea una amenaza. Su paradigma podría ser "¡Parate sobre tus propios pies y ganá!" "¡Asustalos si querés pero nunca permitas que sepan que estás asustado!" "¡Nunca te sometas ni nunca te rindas, no importa qué!"
Los problemas no se toleran, deben ser resueltos rápida y eficazmente. Todos deben tener un control total sobre sus vidas. El honor es el valor más importante: "No me humillarán ni me pisarán nunca!"
Ariela es la única hija de padres "luchadores". Así describió la atmósfera prevaleciente en su familia:
Todo estaba siempre bien. Tanto papá como mamá trabajaban. Ambos eran activos y ambiciosos. Papá logró una posición pública importante. Mucha gente le pedía consejo y apoyo. Pero no consigo recordar expresiones de sentimientos en casa. Nadie gritaba, nadie se enojaba, nadie lloraba, no nos besábamos ni nos abrazábamos, todo estaba simplemente bien. No recuerdo haber llorado nunca frente a ellos. Hasta cuando volvimos a casa después del entierro de papá, lo primero que me dijo mamá fue "Lo último que necesito es que empieces a llorar ahora", entonces, obviamente, no lloré. Ella no lloró entonces. Y nunca lo hizo.
En la escuela fui siempre muy activa, siempre en comités, siempre responsable y organizando. A los siete años fui elegida para recitar algo en el Día de la Independencia, en frente a toda la escuela. Me acuerdo que me sentía muy nerviosa y excitada pero nadie lo notó. No dije anda a mi madre ni a mi padre puesto que no habrían comprendido. Daban por sentado que yo debía estar ahí sobre el escenario en frente a todos y hacer lo que me habían dicho de la mejor forma posible. Me doy cuenta ahora que yo también lo dí por sentado.(Dina Wardi, pág. 128 [1] )
Los padres "luchadores" proponen a sus hijos una imagen imposible de emular al tiempo que altamente idealizada y mítica. Los hijos saben poco en realidad acerca de lo que realmente sucedió, de qué cosas realmente hizo para salvarse y salvar a otros.
3) familias "anestesiadas" , son a menudo familias en las que ambos padres fueron el único sobreviviente de su familia individual, que podía incluir antes de la guerra, a esposas/maridos e hijos. La regla no dicha de estas familias es "no hagan olas". Los padres parecen estar siempre en estado de shock y resignación. Raramente se habla acerca de lo sucedido durante la Shoá. Son familias protectoras, en el sentido de que los padres se protegen uno al otro, protegen a los hijos y éstos los protegen a ellos en un clima desafectado, distante. Están cerca de las familias "victimas" pero son más apáticos, con sus sentimientos y sus reacciones enterradas a tal profundidad que parecieran incapaces de conductas reactivas. Son familias aisladas de los contactos sociales y comunitarios. Probablemente sea en este grupo que se encuentre una gran cantidad de personas con síntomas físicos de distinta gravedad.
4) familias de "los que lo lograron" , es decir de aquellos que han decidido que sus propias vidas exitosas serían la muestra definitiva de que los nazis fracasaron. Se trata del grupo más adaptado a la realidad del nuevo país, cuyos miembros son sumamente ambiciosos y llegan a ser frecuentemente grandes industriales, financistas, comerciantes o profesionales. En estas familias cuyo objetivo es tener un nombre reconocido, al menos uno de los hijos es estimulado a seguir el mismo sendero. Algunas personas de este grupo brindaron mucho de sus carreras y su dinero y status político en pos del objetivo de la conmemoración y reconocimiento de la experiencia judía durante la Shoá.
Los hijos de aparecidos activos en su intento de reencontrarse con su propia historia formamos parte, en gran medida, de los dos primeros grupos, las "víctimas" y los "luchadores". Los de las familias "anestesiadas", debido a su gran aislamiento y desapego, aparecen indiferentes ante el tema de la Shoá. También los de las familias "que lo lograron" aunque por distintas razones. En estas familias no hace falta encarar el tema de la Shoá, la vivencia es que lo han superado, que sus propias vidas son una evidencia de la tal superación y del triunfo sobre los nazis.
Además de las cuatro categorías de Danieli.
Podemos pensar que el tipo de vida que vivieron durante la Shoá determina en buena medida la pertenencia a alguna de estas categorías. Por ejemplo, los miembros de las familias luchadoras han sido partisanos o integrantes de algún tipo de resistencia, mientras que los pertenecientes a familias de víctimas o anestesiadas, estuvieron en campos.
Estas categorías que nos ofrece Danieli, ilustran la dificultad que tenemos en el intento de establecer algún tipo de sindrome de hijos de víctimas-sobrevivientes. Las mismas observaciones que las efectuadas al hablar de los aparecidos son pertinentes ahora respecto de sus hijos. Lo que los hijos de aparecidos parecemos tener en común es el ser hijos de aparecidos, lo que nos confiere algunas características que no llegan a ser un sindrome.
Son muchas las diferencias adicionales a considerar.
La edad de nuestros padres durante la Shoá. La proveniencia social, el background previo, la estructura social y familiar de origen. Si vivían en medio urbano o rural. Si formaban parte de los judíos más integrados a los países en que vivían o si se mantenían dentro de la cultura más cerrada. Si eran militantes políticos, si tenían intereses culturales. Raoul Hillberg [2] dice en este sentido:
... la supervivencia no fue del todo casual y los sobrevivientes no son una muestra de los muchos que perecieron. En estrictos términos físicos , los veteranos de los campos, escondites y unidades de partisanos, tenían dos atributos. Eran relativamente jóvenes , entre la adolescencia y los treintas, los de mediana edad que sobrevivieron fueron muy pocos. También gozaban de buena salud al comienzo de la catástrofe. La vida en los guetos, en los campos, marchas y bosques eran condiciones severas y todo el que estaba cargado con una enfermedad o inhabilidad se enfrentó con numerosos, y muchas veces, irresolubles problemas.
Las características sociales, aunque no tan determinantes como la condición física , también fueron importantes. Las mismas ventajas que favorecieron a las personas en los guetos, los escondites o huidas, también permitieron la ulterior supervivencia. "Arañábamos en el fondo de nuestros recursos" dice un sobreviviente que todavía permanecía escondido en un pueblo de Polonia durante 1944. No fue necesario que agregara que, para empezar, contaba con algunos recursos. Los médicos judíos y los carpinteros pudieron prolongar su existencia, si no en libertad, en guetos, si no en guetos, entonces en un campo.
Lo más crítico, sin embargo, era el perfil psicológico de los sobrevivientes. A este respecto, se diferenciaban completamente de las gran masa de las otras víctimas. El contraste puede ser resumido en tres rasgos importantes: realismo, rapidez en la toma de decisiones y tenaz apego a la vida.
No era común en la Comunidad Judía el hecho de ser realístico hasta el grado de prestar atención al contexto sobriamente y extraer conclusiones propias con independencia. No era usual el hecho de ser suspicaz frente a las autoridades y sus explicaciones o informaciones. Rudolf Vrba, quien ya había escapado de un campo de internación en Slovakia y había sido capturado en la frontera con Hungría, estaba en un tren de deportación con familias judías a quienes se les había prometido "reasentamiento". Cuando el tren se detuvo en Maidanek-Lublin, donde fue arrojado al exterior con hombres cuyas edades oscilaban entre dieciséis y cuarenta y cinco, decidió que, a partir de ese momento, "no confiaría más en nadie". La persona realista aprende a desconfiar de lo desconocido. Durante una redada en el Gueto de Kaunas en 1944, una mujer, Liuba Daniel, insistió en permanecer en silencio en su escondite; su marido se dio a conocer y murió. Ella sobrevivió.
Presencia de ánimo, unido junto a la habilidad de tomar decisiones instantáneamente, era otra rara característica. Una mujer, Mitzi Abeles, escapó de sus perseguidores, que se encontraban a pocos centímetros de ella, saltando, vestida tan sólo con un camisón, desde una ventana en Zagreb, Croacia. Errikos Sevillias, el griego judío de Auschwitz que adscribió su supervivencia al destino incomprensible, recuerda la selección en las barracas en la que, debido a su grado de desnutrición, pensó que tenía muy pocas oportunidades de ser elegido y sobrevivir . "En el momento" escribe, en que "vi al guardia mirar hacia otro lado, salté y aterricé del otro lado de la barrera" donde los fuertes ya habían sido separados de los débiles. Los que eran capaces de tomar decisiones siempre se arriesgaban. No siempre sus acciones eran determinadas por la aparición del peligro; a veces respondían a la oportunidad. Cuando el adolescente Isaac Rudnicki fue asignado a trabajar en la sala de armas en el Gueto de Swienciany, tomó dos armas de fuego y las escondió en el Guetto. Su familia estaba petrificada; se convirtió en un partisano y después de su liberación luchó en las guerras de Israel conquistando el grado de Brigadier General con el nuevo nombre: Yitzhak Arad.
El tercer componente del patrón de personalidad del sobreviviente era la absoluta determinación de vivir . Un aspecto de esta tenacidad era la adaptabilidad que tenían frente a las lesiones producidas tanto por la indignidad como por el dolor, el frío, el calor y el hambre. Cuando Rudolf Vrba fue transferido de Lublin a Auschwitz, encontró allí a dos polacos que le sugirieron, riendo, que corriera hacia el alambrado, el guardia dispararía y las cosas terminarían rápidamente. Vrba, enojado, respondió: "Estaré vivo cuando ustedes dos estén muertos!" Murieron, ciertamente, un mes más tarde debido al tifus. Vrba comía de todo con absoluta resolución "aún si el pan contenía aserrín y el té pareciera agua de cloaca". Sevillias, aunque mucho mayor que Vrba pues tenía más que cuarenta, gozaba de una determinación tan excepcional, que cuando el ejército soviético lo liberó, pesaba treinta y dos kilos. Pero estaba vivo.
Sevillias, Vrba, Abeles, Daniel y Arad no son personas comunes aún entre los sobrevivientes. Han incrementado las cualidades y condiciones que han hecho la supervivencia posible en las situaciones más extremas. Al mismo tiempo, personifican claramente una verdad esencial que se aplica a todos aquellos que han sobrellevado el espanto. Tuvieron suerte recién después de haber hecho lo posible por salvarse.
[1] Op. Cit.
[2] Hillberg, Raoul: "Victims, perpetrators and bystanders". Cap.17