OTRAS ACTIVIDADES


Proyección del film "PACTO DE SILENCIO".
Miércoles 13 de junio de 2007. 12hs. en el Cine Club AMIA, Pasteur 633.

"PACTO DE SILENCIO"
Director: Carlos Echeverrí
a

Los nazis en Bariloche. El caso Priebke.

Participaron del panel Lic. Diana Wang, Lic. Bernardo Zelcer, Prof. Claudia Frey Krummacher,Carlos Echeverría y el Dr. Alberto L. Zuppi abogado del gobierno italiano en la extradición de Erich Priebke
Coordinador: Mario Ber

Película que desmenuza el proyecto político-cultural de la comunidad alemana de Bariloche en la post-guerra. Para ello, el director cita recuerdos de su niñez cuando estaba vinculado a esta comunidad, y reconstruye la historia del criminal de guerra Erich Priebke, que llegó a ocupar el cargo de Presidente de la Asociación Cultural y de la Escuela Alemana.

LA ESCUELA QUE APUNTALÓ A UNA GENERACIÓN
por Ruth Marshall *

Corría el año 1933. Desde Alemania, inundada por la execrable marea de camisas pardas, llegaban los emigrantes que se refugiaban en Buenos Aires huyendo de las persecusiones del “nuevo órden”. También llegó al país el nuevo representante diplomático del tercer Reich, embajador barón von Thermann, afiliado al NSDAP (partido nazi) y líder de la SS, que en la cena de salutación que ofreció a la colectividad alemana en el Club Alemán, prometió que no iba a ejercer medidas coercivas de ningún tipo a institución o empresa alemana alguna. Poco les duró a los presentes la buena impresión que habían causado sus palabras conciliatorias. Al día siguiente tuvo lugar el acto de fin de curso en el colegio Goethe con la presencia del líder nazi. Para gran sorpresa de los padres de los alumnos, entre los que se contaban mayormente niños argentinos, suizos, austríacos, varios de ellos judíos o medio judíos, delante del escenario y flanqueada por las banderas argentina y alemana, se encontraba ostensiblemente exhibida, una gran cruz gamada. Después del discurso del director del colegio en el que éste manifestó su devoción por el Tercer Reich y von Thermann expresó su satisfacción por la adhesión al mismo, se cantó el himno partidario y los alumnos debieron levantar el brazo para el “saludo alemán” y gritar “Heil Hitler” mientras los preceptores recorrían las filas cuidando que así se haga. Muchos padres indignados, entre ellos Ernesto Alemann, director del diario “Argentinisches Tageblatt”, sacaron a sus hijos del colegio de inmediato. Fué él que convocó a los padres que no querían una educación nazi para sus hijos a fundar un nuevo colegio. Había que apurarse; ya en enero del 1934 una comisión provisoria invitó a una reunión en la Confitería del Aguila a la que concurrieron sorpresivamente más de 100 personas, entre ellas también dos miembros de la comisión directiva del colegio Goethe, en la que se resolvió crear “una escuela nueva y libre, independiente del enviado alemán y de otros representantes de la barbarie”.

Estaba claro: “Debemos fundar no solo una escuela nueva, sino una escuela mejor (...) Una escuela con los mejores docentes, que será al mismo tiempo asilo para los pedagogos que por sus principios humanos y su capacidad ejemplar fueron expulsados por los gobernantes de su patria. Esta es nuestra meta.” (Argentinisches Tageblatt, 26.1.1934)

Para el nuevo colegio se buscó un nombre que fuera un paradigma de tolerancia y humanismo, inconfundible con los nombres de otras escuelas alemanas, concordandose en el de Pestalozzi. Heinrich Pestalozzi simbolizaba como suizo, neutralidad, como pedagogo una enseñanza moderna, progresista, social y humanística.

Se encontró un edificio adecuado, una hermosa casona con un gran jardín cerca de Belgrano R (la capacidad de este edificio quedó excedida ya después del primer año); los primeros maestros, jóvenes y acreditados docentes que ya estaban ejerciendo en el país, fueron contratados y el 2 de abril comenzó el año lectivo. La financiación inicial para el nuevo emprendimientos fué costeada en gran parte por la familia Alemann y por el director de la firma Bunge & Born, Sr. Alfredo Hirsch, debiendo mantenerse a partir de ahí mediante aranceles, donativos y reuniones escolares. La creación del Colegio Pestalozzi fué la primera victoria de la oposición antifascista alemana en la Argentina.

A mediados de abril llegó de Europa el Dr. Alfred Dang, contratado como primer director del colegio. Si bien Dang, que provenía de una familia católica, se recibió de docente habilitado para la enseñanza superior, en Alemania se dedicaba al periodismo, activando al mismo tiempo intensamente en organizaciones republicanas y social-demócratas. Desde el principio combatió al nazismo en forma inclaudicable, asistiendo a congresos partidarios nazis sobre los que escribía luego artículos devastadores. Su informe sobre la Conferencia Internacional del Trabajo del año 1933 que tuvo lugar en Ginebra, en la que el delegado alemán injurió a los estados sudamericanos, causó tal indignación por la actitud de éste, que toda la delegación alemana, humillada, tuvo que retirarse prematuramente de la conferencia. Alfred Dang sufrió las consecuencias: los nazis lo acecharon y lo hostigaron verbal y fisicamente, de manera que aceptó sin dudarlo, el ofrecimiento de Ernesto Alemann de viajar a la Argentina para encargarse de la dirección de la nueva escuela. Con otros maestros, perseguidos como él por ser de izquierda o por ser judíos, conformaron un equipo que tuvo como meta una enseñanza global, apolítica, no discriminatoria, coherente, sin opresión ni disciplina rígida del tipo militar. También los maestros de castellano, que enseñaban no solo el idioma a los alumnos recién llegados sino también las materias requeridas del programa oficial por el Consejo Nacional de Educación, debían ser personas íntegras, fiables, de profundas convicciones republicanas, democráticas y antifacistas.

Hasta el año 1935 llegaron al colegio hijos de emigrantes que abandonaron Alemania por propia voluntad (por así decir) y pudieron traer consigo gran parte de sus pertenencias Habían sufrido poco o nada, tenían una buena base de conocimientos de las escuelas alemanas y les fué fácil adaptarse a las nuevas circunstancias. Esto cambió radicalmente a partir del 1936 hasta el ’39 en los que llegó la avalancha de refugiados judíos que fueron expulsados forzosamente de sus hogares, trayendo con ellos en muchos casos, apenas lo imprescindible. Los hijos de esos emigrantes ya vinieron con un bagaje de sufrimiento psíquico y educativo: habían sido excluidos de los colegios públicos y privados, discriminados, agredidos e insultados, confinados a la “Judenschule” (escuela para judíos) que igualmente tuvieron que abandonar en cierto momento. Testigos de la miseria de sus padres, de su lucha por la subsistencia diaria, sintieron por primera vez la humillación de la pobreza. “Los hijos de los emigrantes de los años 1936 al 1939 llegaban con severos traumas” – escribiría el Dr. Dang en 1942.- “Qué hacer cuando uno de esos niños preguntaba timidamente si le era permitido sentarse al lado de un ‘ario’ en el aula o si podía tomar agua en el mismo bebedero que el ‘ario’ en el patio. (...) Después de aproximadamente 3 semanas de adaptación sucedía lo previsible. Repentinamente justo los chicos judíos eran los más salvajes. ¡Qué placer poder darle una trompada al ‘ario’ antes tan temido, de igual a igual !”

Mucho es lo que el colegio hizo por esos niños, ante todo darles la contención que tanto necesitaban y que muchos padres no estaban en condición de darles. Recuerda una alumna de aquellos años:”Nos trataban con cariño y bondad, nos sentíamos libres y ya no teníamos que sentir miedo”

La gran mayoría de los alumnos, repartidos en los distintos grados, desconocían el castellano por lo que se organizaron cursos intensivos para que al cabo de un año pudieran integrarse a las clases dictadas en este idioma de acuerdo a su edad y años lectivos anteriormente cursados. La enseñanza, principalmente la que se dictaba en idioma alemán, se basaba en la comprensión de lo aprendido y a pensar en forma autónoma.

Para mí como para muchos ex-alumnos, los años que concurrimos al Colegio Pestalozzi son imborrables. Inolvidables las clases de historia que daba el Dr. Dang que nos supo transmitir los ideales de libertad, igualdad, fraternidad, bases del iluminismo. Fué él también que nos dió una buena base de francés que sigo entendiendo a pesar de los años transcurridos. En clases de alemán aprendimos que el nazismo nada tiene que ver con la cultura alemana y que todos los totalitarismos son repudiables. Quedó en mí la semilla del amor a las poesías y a la literatura alemanas a pesar que durante los años aciagos de la guerra preferíamos hablar en mal castellano antes que en el entonces odiado idioma alemán.

Gracias al diario Argentinisches Tageblatt que nunca cesó en sus denuncias de las atrocidades cometidas por el nazismo en Europa, a pesar de las graves pérdidas financieras que sufrió al suspender las empresas alemanas los avisos comerciales, gracias a la agrupación Das Andere Deutschland (la otra Alemania) que combatió y denunció constantemente a través de su publicación la infiltración nacionalsocialista en nuestro país, sin amedrentarse a pesar de las agresiones sufridas por sus integrantes y gracias al Colegio Pestalozzi que recibió con los brazos abiertos a todo niño sin distinción, (daba rebajas en los aranceles a los que no podían pagar la cuota completa) y que nos preparó para que pudiesemos seguir sin problemas los estudios secundarios y universitarios, fué que nosotros, los emigrantes judíos de habla alemana, pudimos conservar la esperanza de que no todo estaba perdido.

*Texto enviado por Ruth Marshall, luego de haber presenciado la proyección y el debate de "Pacto de Silencio", rescatando a los valientes que NO guardaron silencio en los años más difíciles,entre fines de los años 20 y 1945.

 

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Tuesday 31-Jul-2007 9:57 PM
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