ACTIVIDADES


Actividad con la película "Un Judío Común y Corriente" y la
presencia en el análisis y comentarios de Eliahu Toker.
Domingo 31 de mayo de 2009.

El domingo 31 de mayo 2009,tuvo lugar la actividad con la película alemana  "Un judío común y corriente" y el comentario posterior de Eliahu Toker con la participación de los asistentes. La película, por su densidad, riqueza e inteligencia, tocó hondamente a todos por el modo en que propone reflexiones, dudas, inquietudes sobre el ser judío, el ser judío hoy y cómo y cuánto ello nos interpela en diferentes áreas. Si bien el film trata sobre el ser judío en Alemania, la mayoría de los aspectos sobre los que habla nos tocan a todos los judíos que vivimos fuera de Israel en la actualidad.

En la reflexión de Eliahu Toker, entre otras cosas, propuso pensar sobre la historia de los judíos en la Argentina como un camino problemático en algunos sentidos. Ligó el tema del humor con la aceptación. Contó que ha hecho muchos textos sobre humor judío y que no encontró muestras de ello en lo producido por escritores judíos durante el siglo XX. Recién a partir de la década del ochenta aparecen en Argentina escritos de humor judío local. A diferencia, por ejemplo, de los judíos norteamericanos que tienen una profusión de humoristas que hacen de lo judío el eje de su producción. Recordó que en la Argentina hubo varios temas silenciados, publicados tan solo en textos en idish, o sea, no al alcance de la mayoría y menos que menos, inalcanzables para los lectores no judíos. Mencionó tres temas: la semana trágica -el pogrom del 19-, le trata de blancas -la Tzvi Migdal- y la relación de los colonos judíos con la fundación del Baron Hirsch que fuera idealizada en "Los gauchos judíos" pero que los sumía en una relación económica leonina con los supuestos benefactores. Son ejemplos de que los judíos en Argentina no eran aceptados, había cosas que no se mencionaban, que no se exhibían a la luz del día. Las instituciones judías no se llamaban judías sino israelitas o hebreas, evitando el uso de la palabra "judío" como exponente de algo inconveniente. Cree Toker que todo ello tuvo alguna relación en la falta de humoristas judíos que tomaran lo judío como temática, no se puede bromear en un sitio en donde no se es aceptado, en un sitio en donde hay que disimular o no hacerse notar.

Leyó un texto del escritor israelí Amos Oz que tuvo la gentileza de enviar y que ahora compartimos con todos ustedes.

Los judíos, según Amós Oz, seguimos siendo una suerte de tribu 

    Hacia los judíos y sus problemas me siento ligado por lazos familiares. Nosotros todavía somos una tribu y cuando alguien muerde a uno de nosotros de inmediato todos sentimos dolor. Matan a uno de los nuestros en algún confín del mundo y entre nosotros cunde la preocupación, la humillación, la rabia, el dolor. Atrapan a un estafador judío en Mauritania, y toda la tribu se estremece ante sí misma y ante el mundo que seguramente nos está observando. Algún funcionario aquí, en Israel, es acusado de malversación de fondos y de inmediato yo, personalmente, me siento confundido y me avergüenzo; me encorvo bajo el peso del oprobio como si el asunto hubiera ocurrido literalmente en mi propia familia. Tenemos, por otra parte, una colección permanente de retratos con los cuales nos adornamos cuando nos parece que comienzan a despreciarnos un poco: Spinoza, Freud, Marx, Einstein, todos los judíos laureados con el Premio Nobel, el alto porcentaje de médicos judíos, de músicos judíos, etcétera.

    La verdad es que somos una tribu, un gran clan por eso amamos y pertenecemos y también a veces odiamos profundamente. No hay aquí contradicción alguna. Cuando yo odio a los judíos, se trata siempre e inevitablemente de un odio íntimo, que brota de mi alma y permanece dentro de ella, porque yo estoy dentro de ellos y ellos están dentro de mí. Yo a los judíos los odio como se odia a la familia: precisamente porque los amo tanto.

    Si la intimidad llega a producir sensación de ahogo y uno trata de huir a algún rincón solitario, sabe de antemano que eso también va a resultar inútil porque también en el fin del mundo llegará a mis manos algún periódico extranjero con alguna noticia sobre algún acto indecoroso de uno de nuestros soldados, o sobre el antisemitismo que levanta su cabeza en algún recóndito lugar de la tierra, e inmediatamente sentiré el familiar nudo en la garganta: otra vez problemas. Y el corazón se estrujará, y sentiré que en verdad debería hacer algo respecto de eso, emprender alguna acción, escribir al menos algún artículo cortante, firmar algún manifiesto, advertir a alguien... Es que no podemos ocultar una poderosa verdad interior: Si este nudo judío se cortara, ¿cómo podríamos vivir sin él? ¿Cómo puede uno curarse de esta adicción, cortar estos lazos tribales, deshacerse de esta dependencia, de estas sacudidas colectivas? Es más, si esto fuese posible, ¿qué nos quedaría?

 

Domingo 07-Jun-2009 8:35 PM
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