ACTIVIDADES


Acto de presentación Libro de Mira Stupnik
CRONICA DE UNA PRESENTACIÓN MEMORABLE
Lunes 18 de octubre en AMIA

Generaciones de la Shoá en Argentina presentó el esperado libro de Mira Kniaziew de Stupnik, sobreviviente polaca del universo concentracionario, testigo de la lucha en el gueto de Bialystok y poseedora de una memoria exhaustiva y de una decisión inquebrantable de dejar testimonio, de recordar y nombrar a todos lo que vio y conoció.

La recepción

La gente al llegar se encontraba con Mira ante la mesa recibiendo los saludos y firmando las dedicatorias pedidas por los compradores. Aquí con Irene Dab. Atrás Carlos Petresky, su yerno.

La bienvenida a AMIA,  Moishe Korin

El auditorio de AMIA bullía en la expectativa compartida.

Dio la bienvenida el Director de Cultura de AMIA, Profesor Moishe Korin resaltando la trayectoria y el trabajo de Generaciones de la Shoá en Argentina, en especial en ese día, con la publicación del trabajo testimonial de Mira.

Las canciones, Lilia Barinova

La cantante rusa Lilia Barinova, acarició con su voz a los asistentes. En las dos canciones rusas,  hondamente evocadoras, puso el toque de nostalgia y emoción que prologó con calidez las palabras de los presentadores.

Los presentadores

El tronco de la presentación estuvo a cargo de las dos amigas de Mira, sus dos “hermanas” de la vida, Lea Novera y Dina Ovsejevich y de los nietos Ariel y Nicolás Petresky, sus compañeras Marisa y Debbie y Eva Stupnik, la hija de Mira. Ilustraron sus palabras con una presentación fílmica que incluía fotografías y escenas tomadas en un reciente viaje a Polonia.

A continuación los textos completos de cada uno. La conducción del acto estuvo a cargo de Diana Wang.

LAS AMIGAS
Palabras de Lea Novera

Hola gente! No sé si me corresponde hoy aquí ocupar este lugar, para presentar el libro de mi hermana de corazón, Mira Stupnik. Hay gente mucho más capacitada e importante que yo. Pero,  pensándolo bien, creo tener en esta ocasión suficiente autoridad moral para hacerlo. No  soy escritora ni poetisa ni periodista, pero el libro del cual les quiero contar algo, tampoco fue hecho por una escritora. Mira ocupa en mi corazón el lugar de mi hermanita quien  tenía exactamente la edad de ella, un año y pico menor que yo, cuando fue empujada a la cámara de gas. Tenemos con Mira un trágico pasado en común. A las dos nos fue arrancada brutalmente nuestra adolescencia y con respecto a eso, permítanme leerles un pequeño pasaje del libro de Elie Wiesel- premio Nobel de la Paz en el año 1986, cuyo título es “La noche, el alba, el día” que dice: “Jamás olvidaré esa noche, esa primera noche en el campo de concentración, que hizo de mi vida una sola larga noche bajo siete vueltas de llave. Jamás olvidaré ese silencio nocturno que me quitó para siempre las ganas de vivir. Jamás olvidaré esos instantes que asesinaron a mi dios y a mi alma y a mis sueños, que adquirieron el rostro del desierto”. Sobre el tema de la Shoá se han escrito muchos libros. Todos son testimonios que han de quedar después de nosotros, los últimos sobrevivientes y es de esperar, que sirvan a las jóvenes generaciones a conservar la memoria, porque el tiempo corre en contra nuestra. Hace diez años atrás, Mira, sola, sin ayuda de nadie, decidió dejar escritas sus vivencias. Todos los días, durante un año, volcaba en su cuaderno parte de aquella tragedia, cosa que implicaba noches de insomnio y pesadillas. Pero el deseo de dejar testimonio era más fuerte.

Simon Wiesenthal dijo: El peor de los pecados es el olvido. Pero aquí viene lo más importante que quiero recalcar, citando la última estrofa de nuestro Himno de los Partisanos: gueschribn is dos lid mit blut un nisht mit blai, s’ís nisht kain lid fun a foigl oif der frai, dos hot  a folk zuwishn falndike vent, dos lid guezunguen mit naganes in di hent”. Traducido: Esta canción fue escrita con sangre, no es una canción de un pájaro en libertad, lo escribió un pueblo entre paredes que se derrumbaban, con armas en las manos, cantando la canción.

Este libro fue escrito así, con sangre, sudor y lágrimas. Para mí, el valor fundamental de este testimonio es la historia minuciosamente relatada del aniquilamiento del Gueto de Bialystok, uno de los centros más importantes de la vida cultural judía de Polonia y segundo centro de la industria textil del país, después de Lodz. La heroica resistencia de una parte de la población, que para mi es como un rayo de luz, que brillará dentro de la terrible oscuridad. Documentado y reflejado con una enorme cantidad de fotos reunidas durante varios años de trabajo invalorable. El segundo punto que rescato es la lucha en los bosques de los alrededores de Bialystok de los que pudieron escapar del gueto, la mayoría hombres jóvenes. La historia de los tres héroes, los tres hermanos Stupnik (uno de ellos, años después, fue el esposo de Mira ) y otros tantos, que reivindicaron en cierta medida el espíritu de lucha por la vida y libertad de nuestro pueblo. Entre paréntesis, en uno de esos grupos, tomó parte un joven muchacho en aquel entonces, quien acaba de partir, hace tres meses, a los 81 años, Max, mi esposo.

Este libro es un homenaje a tantos luchadores anónimos caídos, defendiendo nuestro honor y dignidad. Lucharon muchos, heroicamente. Nuestro pueblo no fue a los crematorios como ovejas, y al mismo tiempo, este libro es un grito de alerta. De ahí su título: ¿QUO VADIS, MUNDO?!  que significa: ¡¿ADÓNDE VAS, MUNDO?! Finalmente, la parte de poemas escritos por Mira. Ella los llama RIMAS. Y quiero terminar leyéndoles una de esas rimas.

Su título: NO OLVIDAR
Quisiera olvidarme-olvidarme no puedo…
Lo niega el corazón, lo niega la carne
Lo niegan los ojos, la razón, el ego.
Lo niega el olfato impregnado
Y todos los sentidos
Del olor nauseabundo de seres quemados
Y el horror de crímenes vividos
Lo niega la tierra fertilizada con cenizas
Los ríos de sangre su torrente aumentada
El eco de los lamentos en las brisas
Quiero olvidarme, pero no debo
Por todos aquellos que acallaron,
Gritar al mundo me atrevo
Por todos aquellos, que mataron!
Nunca más! a los esbirros sangrientos
Nunca más, víctimas inocentes!
Nunca más, terror y miedo…..
Por eso – aunque quisiera –
Olvidarme, no debo!!!

Palabras de Dina.

Acompañar a Mira en la presentación de su libro “¿Quo vadis mundo es el broche de oro compartido en la tarea de edición del mismo y un sello a nuestra amistad, nacida a principios del año 2002, a partir de mi incorporación a las reuniones del grupo Niños de la Shoá en Argentina, al cual Mira pertenecía desde los inicios y yo comencé a frecuentar a partir de principios del 2002)” .Hacía ya largo tiempo que yo venía buscando un ámbito de esas características, en el inexorable camino que tenemos de regreso a nuestros orígenes. Di con un grupo humano generoso y atractivo, acorde con mis necesidades y principios: Los Niños de la Shoá en Argentina, coordinado en esos momentos por Graciela Jinich y Diana Wang.
En mi primera visita encontré lo que ni soñaba encontrar:  dos señoras de mi ciudad, Bialystok, Mira oriunda de Bialystok y Lea, de un pueblo a 50Km.del mismo Bielsk. Mira y Lea  no tuvieron la suerte que yo tuve junto a mi familia, que pudimos escapar a tiempo, orillando el HORROR. Entre las tres se produjo un acercamiento espontáneo, magnético, conformando a partir del entonces un trío dinámico, que reemplazó naturalmente el dúo que conformaban Mira y Lea.

Con Mira se dio algo más  personal, pues descubrimos, gracias a su memoria privilegiada, que ella con su madre, solían frecuentar el taller de confección de ropa interior femenina, más precisamente, fajas y corpiños, que dirigían mi mamá y su hermana, mi tía Sonia, en un departamento vecino al nuestro. Ese departamento era también la vivienda particular de mis tíos y sus dos hijas. Al estallar la guerra, yo contaba 7 años, y Mira, 11. El taller no funcionó más desde ese momento. Mi mamá, mi hermana y yo pasamos a vivir con mis tíos. Mi papá había viajado a Vilna, para evitar que fuera llevado a campos de trabajos forzados, como había sido regla con los hombres durante la 1ª guerra mundial. Mira me cuenta que le gustaba acompañar a su mamá al taller donde le confeccionaban la ropa interior, pues jugaba con los pedacitos de telas, desparramados por el piso y recordó con precisión el apellido Sokolski, apellido de solteras de mi mamá y tía, y que le daba el nombre al taller. Ambas quedamos atónitas con el descubrimiento. Pero para mí significó el corrimiento  de un velo oscuro, que se había transformado en un  pozo negro e impenetrable, por la falta de información sobre el destino de mi familia y la población en general de mi ciudad.

Otro hecho increíble se produjo cuando, al mostrarle unas fotos de mi familia, incluidos mis tíos y primas, se detuvo en la imagen de mi prima mayor, Malke, a la cual decía reconocer, pero no recordaba de dónde. Esta prima estuvo postrada con parálisis infantil, en una cama ubicada en un lugar de paso para todos los que habitábamos el departamento de mis tíos, al cual habíamos pasado a vivir con mi hermana y mamá y también un oficial soviético con su mujer, al cual hubo que entregarle un dormitorio, como era obligación en tiempos de ocupación. Y mi prima paralítica descansaba en ese paso obligado. Mi retina de niña quedó impregnada  con la imagen de la prima enferma, posiblemente por la pena que me causaba su estado y  se convirtió, en mi edad adulta, en una obsesión. Siempre me rondaba la fantasía de cómo habrían hecho para trasladarla cuando tuvieron que dejar la casa. No me animaba a fantasear con más situaciones.

El papá de Mira, había sido el Director del Hospital Israelita de Bialystok y había organizado también el Hospital en el gueto. Mira trabajaba en el mismo en  Rayos X, y cuenta que a menudo recorría el Hospital ayudando  a las enfermeras y atendiendo pedidos de enfermos. Estoy segura que es de allí que Mira recordaba a mi prima. Otro velo que se corrió y abrió. Increíble, pero real.

Amen de estas situaciones particulares, la lectura de Quo vadis mundo, en hojas fotocopiadas, anilladas y agrupadas en forma de gruesa carpeta, me dio un panorama importantísimo de la vida en el gueto, su organización y la organización de la resistencia en el mismo y su final liquidación.  El traslado a Auschwitz, la vida en el campo, relatos de historias, personajes y vivencias de toda índole, todo con los más mínimos detalles, fechas, situaciones y también  su propia historia. El libro contiene también un capítulo con la historia de Mietek Stupnik, su marido después de la guerra, quien sobrevivió con dos hermanos y un grupo de personas, escondidos en los bosques, acechados por grupos antisemitas nacionalistas, pero también ayudados por campesinos que los alojaban en los establos durante los crudos inviernos, a riesgo de sus propias vidas. Ningún protagonista ha quedado en el olvido. Su mirada es ecuánime en cuanto a los valores de cada uno de los recordados. El BIEN y el MAL, están presentes en su punto justo y en cada recuerdo.
Gracias Mira por el coraje de reescribir la historia, por tu capacidad de análisis y tu memoria privilegiada. Lo menos que podemos hacer es acompañarte en su difusión. Es un documento más para la  transmisión de la barbarie de la Shoá, y un aporte para sostener la MEMORIA.

Para terminar, quiero recalcar que, desde los inicios, hasta el final, hemos contado con el trabajo invalorable de Susana Accorsi, quien le dio orden y formato al texto y a las  fotografías, diseñó la tapa y tuvo la paciencia necesaria en situaciones de cambio y correcciones. También tuvimos el apoyo permanente de nuestro Grupo Generaciones de la Shoá y finalmente tuvimos la suerte de contar con nuestra propia Editorial, Editorial Generaciones de la Shoá en Argentina, a la cual aportamos hoy su 2ª publicación.

Muchas gracias

 

LOS NIETOS

Luego de las palabras de Lea Novera y Dina Ovsejevich, asumieron la conducción de la presentación, los nietos y sus compañeras.
Habló cada uno a su turno acompañando una presentación visual que era exhibida por la pantalla, con fotos y filmaciones.

 

Palabras de Marisa.

¡Buenas noches a todos! Mi nombre es Marisa, soy la esposa de Ariel el nieto mayor de lo que es para mí  la Baba, para ustedes Mira. Hace cinco años llego a mis manos el libro que hoy se presenta. Lo observé, miré las fotos, lo repasé, hasta que él me atrapó…y comencé a leer…. “Verano 1936. Los inolvidables paseos por la espesura y verdor de los bosques con sus pinos añosos. En cada curva sorprendían caminitos con sus irrepetibles formaciones de vegetación. De pronto entre las rocas fluye un manantial de agua fresca y cristalina que bebíamos  directamente poniendo la boca, salpicando las caras jugando con ella. Hasta el día de hoy conservo en mi paladar el sabor de esa agua. ¡Cuánta dicha y felicidad! Rodeada de mis seres queridos, que me brindaban amor y seguridad en el marco de la naturaleza que tanto amaba.”  Cuando terminé de leer, quise regalarle a la Baba mis más profundos sentimientos de admiración y la promesa de no olvidar.

FLORES, BOSQUES Y VERDES TE QUIERO REGALAR

Flores, bosques y verdes
Fue parte de su infancia
Vino la tormenta
Y no le dio revancha
Sus años pasaron grises
Su adolescencia no la visitó
Llego a ver algunos rayos
Pero el sol se escondió
Gritos, tiros y muertes
Fue lo que vivió
Sobrevivió la batalla
Pero no la ganó
Perdió muchos seres
A los cuales amó
Ahora tiene una familia
Que su dolor apaciguó
Yo no soy nadie
Para decir lo que pasó
Simplemente leí su relato
Y mi cuerpo se estremeció
Como entender la huella
Que el pasado en su cuerpo dejó,
Pero tiene muchas guardadas
Que el tiempo no borró
Flores, bosques y verdes
Le quisiera regalar
A ese ser inmenso
Que me logró transportar
A ese maldito pasado
Que no debe regresar
¿somos todos conscientes
Que la injusticia debe acabar?
Yo seré fiel a su lucha
Para que nadie vuelva a olvidar
Que el odio se termine
Y que el mundo logre la PAZ.

 

Palabras de Ariel.

Buenas noches, mi nombre es Ariel y soy el nieto mayor de Mira.

En primer lugar me gustaría leer un pequeño fragmento del libro de mi abuela que habla de la entrada al gueto:
“Me arrancaban de mi amado hogar, mi casa, mi infancia. Marché al gueto, abrazada a mi perrita Filutka, cuyo fiel corazoncito perruno latía junto al mío destrozado y dolido, una niña y un animalito, ambas presenciando la degradación humana. El día 1 de agosto de 1941 se cerraron los portones del gueto detrás de mí.”

Este otro fragmento del libro describe el comienzo de la resistencia: “Cada vez se susurraban más nombres como Treblinka, Maidanek, Ponary, que suscitaban terror, y se vislumbraba el inevitable destino final. La juventud empezó a prepararse para la resistencia y el esclarecimiento de la población. Sin ayuda, sin apoyo de afuera, perseguidos por las autoridades del Judenrat y por parte de la población que temía que cualquier clase de lucha acrecentaría la persecución. Algunos jóvenes escapaban del gueto para unirse en los bosques a los partisanos. Muchos no llegaban a destino. Hostil era el ambiente y no solamente de los alemanes sino de los polacos. Los jóvenes agrupados en movimientos políticos Hashomer Hatzair, Bund y otros fueron los primeros en organizar la resistencia armada con lo que fuera: hachas, ácidos, palos, cuchillos. El hospital se convirtió en uno de los más frecuentes lugares de reunión de la resistencia clandestina. Muchos médicos, enfermeras, camilleros se involucraban o apoyaban a la resistencia. Las primeras armas las introdujeron grupos  que salían del gueto a trabajar, las desarmaban y con enorme riesgo se introducían sus partes al gueto, también se comenzó a fabricarlas en forma casera. Se empezaron a construir escondites, bunkers.
En la foto, podemos ver la entrada del bunker de la resistencia de Bialistok. El hospital del que habla mi abuela es el hospital de su padre, lugar que ella frecuentaba y conocía bien. Cabe destacar que la resistencia se dio en todos los guetos y campos de extermino, en mayor o menor medida, la juventud resistió y su lucha fue heroica. Esa juventud se reveló y no se quedo de brazos cruzados mirando como exterminaban a millones de personas.

Hoy, casi 62 años después, nosotros, la juventud y tercera generación de sobrevivientes debemos resistir. Nuestra resistencia no pasa por el lado del heroísmo, sino del deber ser y en forma de homenaje hacia ellos. Debemos resistir contra el olvido y contra la minimización que se le da hoy a la Shoá. Nuestra resistencia no es con armas, es con la palabra, con el saber, con la verdad y con testimonios como los descriptos en este libro.

La Shoá significó la peor matanza perpetuada por el ser humano, y por eso mucha gente prefiere no pensar en ello, se prefiere pensar que el ser humano no es capaz de semejante barbarie. No estamos hablando de hace mucho tiempo, no es “allá lejos” cuando no existía la civilización. Fue en pleno apogeo de la revolución industrial, de tantos avances, de derechos, de leyes, ¿para qué?, ¿para utilizar todo esto como una fábrica de muerte?, porque eso fue lo que pasó, el hombre creó un mecanismo perfectamente instrumentado para matar y logro que funcione más rápido que la famosa cadena de montaje de Ford. Mientras el resto del mundo en silencio demostró complicidad. Esa es justamente mi señal de alarma, si fue el ser humano, que es el único animal que vuelve a cometer dos veces el mismo error, si esto se pudo hacer a la vista de muchos y todo seguía igual ¿porque no puede volver a pasar?
Es parte de mi compromiso luchar contra el olvido, es por eso que agradezco enormemente a mi abuela, por dejarme este legado, ya que ahora dispongo de un arma para esa lucha, y esa arma es este libro. (Mientras mostraba el libro)

 

Palabras de Nicolás

En el año 2004, se realizó un encuentro que reunió a las Generaciones de la Shoá, en el cual asomó la posibilidad de pensar juntos “De Cara al Futuro”. En el taller en el que participé, las memorias, las angustias y las esperanzas se plasmaron en recortes literarios, que fuimos produciendo juntos.
Aquí, pues, mis líneas, que no reflejan sino las remembranzas transgeneracionales de Polonia: los recuerdos de mis abuelos, las evocaciones de mi madre, y la mirada actual a partir del viaje que emprendimos juntos ese mismo año. Recuerdo, aunque sólo por momentos, de a ratos, casi intermitentemente, los ojos de mi padre. Él sí vivió en Polonia, él la conoció, habló con su gente, con su fauna, con su vida y a pesar de que siempre hubo malos ratos, que de cuando en cuando debió pelear por su ser, conoció Polonia, vivió en sus calles, paseó por sus parques.Yo, no puedo pisar sus pasos, no puedo ver lo que él vio, sus ojos...

Recuerdo, aunque solo por momentos, de a ratos, casi intermitentemente, las manos de mi madre, cómo cosía, cómo acariciaba mi cabeza. Ella sí que conoció Polonia, sus verdes campos, sus nieves blancas, sus ríos, sus formas. Jamás podré tocar Polonia como la tocaba ella; pero puedo, sin embargo, hacerlo desde mí, que no soy más que una parte de ellos, pero Polonia ya no es igual, los ojos de mi padre ya miran sin alma, las manos de mi madre ya no acarician mi cabeza; pero yo vivo, vivo por sus manos y sus ojos, vivo por sus amores, vivo por sus fuerzas, vivo, porque alguien quiso vivir y supo ganar sus batallas, la batalla de la vida, su vida, mi vida.

 

Palabras de Debbie
El imperativo ético de la memoria nos atraviesa como generación-eslabón hacia el futuro. El "No olvidarás" devino en mandamiento ineludible entre los hombres y compromiso inexcusable entre los jóvenes.

Pero, ¿cuál es el sentido de esa memoria? ¿Dónde se sitúa el recordar? ¿La memoria comprende el recuerdo total del pasado, como cotejo presente de los hechos pretéritos? ¿O, por el contrario, la memoria debe constituir un anteojo presente para mirar el futuro? Ante la pluralidad de sentidos, vale para nosotros, entonces, una breve reflexión acerca de la memoria. Reflexión que no se apoya sino en la significación del libro que hoy se presenta, que -a propósito del interrogante que le da título- se pregunta por el presente...

Comenzaremos, pues, con una pequeña referencia literaria: Borges imagina un personaje al cual le fue dada la facultad absoluta del recuerdo. Funes, el memorioso, recordaba todo con prodigiosa exactitud: más recuerdos tenía él que los que habrían tenido todos los hombres desde los comienzos del mundo. Al cronométrico Funes, nos advierte Borges, le era muy difícil dormir, pues dormir consiste en distraerse del mundo. 
En el sueño, se suspenden las realidades para dar lugar a los ensayos de nuevos escenarios. En lo onírico se entremezclan los tiempos pasados y presentes y asoma el futuro como posibilidad. Esta suerte de liberación de los tiempos constituye la apertura hacia lo inédito, el camino que deja atrás la necesidad y otorga paso a lo contingente y viable. Prisionera del pasado, la memoria prodigiosa de Funes cierra el paso a la incertidumbre que conlleva lo por-venir. Borges, que se conmueve ante los escollos de su personaje, esboza un modo de pensar la memoria: al situar la mirada desde un presente incierto, la memoria ya no constituye un monumento. La memoria, desde esta perspectiva, no consiste en ser solamente la constatación de un pasado irrevocable; es, antes bien, una fuerza performativa, capacidad inventiva en el presente y facultad creativa orientada hacia el futuro.

Tzvetan Todorov –un lúcido filósofo, lingüista e historiador contemporáneo- se interroga acerca de los sentidos de la memoria desde el tiempo presente. En este sentido, distingue dos usos de la memoria que se caracterizan por la forma de reminiscencia que ponen en juego. En lo que denomina como uso literal de la memoria, el hecho recordado permanece intransitivo, no conduce más allá de sí mismo.

El presente se sujeta con el pasado y, por tanto, se inmoviliza: recordar consiste en reactualizar la esencia de un hecho pasado en su literalidad. En contraposición, el uso ejemplar de la memoria es potencialmente liberador en tanto el presente retoma los hechos pasados en forma de lección y los hace comunicables en un sentido educativo: recordar consiste en construir a partir de lo pasado una clave de lectura para el presente. La ejemplaridad de la memoria no es sino la enseñanza que conduce a intervenir sobre los tiempos que son o que aún no han sido.

La memoria ejemplar se vuelve colectiva en tanto nos compromete a todos a recuperar sus lecciones. En el entramado de los tropiezos de Funes y las comprensiones de Todorov, la memoria parece asomar como una herramienta que arroja la posibilidad –y nos exhorta a atraparla- de imaginar nuevos mundos, de ir más allá de la literalidad del pasado, de comprender nuestro presente y de esbozar el futuro…

El libro, en tanto pieza también artística- constituye el refugio de estos mundos posibles: constituye menos el cofre de remembranzas individuales y más el soporte del diálogo virtual que se establece entre el autor y el lector. Y es en este intercambio dialógico en que asoman las ensoñaciones que trascienden las realidades.

La pregunta “Quo Vadis” no es sino reflejo de esta invitación a pensar de manera conjunta.

Ante nosotros –tercera generación- la invitación asoma inexorable: es momento de abrazar las manos del mundo y apropiarnos de la incertidumbre. Debemos sumergirnos en el diálogo que mira hacia el pasado desde la pregunta presente: “¿Hacia dónde  vas, mundo? ¿Hacia dónde vamos?”

Las respuestas, sin embargo, no deben de ser concluyentes. En todo caso, estos interrogantes pretenden la apertura presente hacia los pretéritos y porvenires. Son, si se quiere, preguntas que nos interpelan acerca de los sentidos de nuestras prácticas. Es en este interjuego entre la ensoñación de mundos posibles y el compromiso a utilizar aquellos anteojos de la memoria para leer nuestro presente, en que, nos parece, tenemos una tarea como tercera generación.

 

Retoma la palabra Nicolás

Finalmente, vale destacar, que es esta forma de memoria ejemplar la que partió desde mis abuelos, pasando por mis padres hasta llegar a nosotros. No es fácil, pero el turno de construir es nuestro, conociendo nuestro pasado para comprender el presente y transformar el futuro. Mis abuelos no me enseñaron a llorar lo pasado, me mostraron cómo vivir a partir de lo sucedido. Y me transmitieron el mensaje fundamental de preguntarme, día a día, decisión a decisión, qué  compromiso tengo con el presente. Puesto que no es sólo una visión hacia el pasado, es más bien, una pregunta a futuro. ¿Dónde vas mundo?, ¿quo vadis mundo

A continuación, oiremos unas palabras de mi madre Eva y observaremos algunas imágenes de nuestro viaje a Polonia, imágenes de los bosques tomadas desde el tren desde Varsovia hacia Byalistok.

 

LA HIJA
Palabras de Eva

El  Libro de Mamá. En estos días, una parte de mí se preguntaba ¿dónde está la magia? y mi otra parte increpaba enojada ¿de qué estás hablando? Si ¿dónde está la magia? que la estoy buscando, ese deseo sale desde el fondo de mi ser. No seas infantil, vas a hablar de magia en el medio de tanto horror, no hubo magia, solo pilas de cadáveres desparramados por toda Europa. Lloro, siempre lloro, es allí en dónde se funden mis dos partes, la infantil, la de la magia  y la de la esperanza, con aquella parte en donde el dolor es tan desgarrador que no lo soporto y que aún hasta hoy, nunca pude tomar verdadera conciencia de lo que fue, solo aquellos que vivieron allí, saben, y al transmitirlo nos contagian, nos envuelven, nos abrazan y tratan de compartirlo, y nosotros hacemos lo posible, pero nunca alcanza. La pequeña Mira, con su magia de los 11 años convertida  en  flor. Arrancaron sus hermosos  pétalos, y quedó, solo su centro, que fue la base de su sustento, el fortalecimiento gestado en el calor que da el amor de aquél hogar que destruyeron, pero que mientras fue, aportó lo suficiente para soportar lo que ella nunca pudo imaginar. La pequeña Mira, se escondía, se agazapaba para pasar desapercibida, arrastrando a su mamá a todas partes con ella, la consigna dentro de sí, era estar juntas, nunca separarse aunque venga la muerte y “nos atrape a las dos”, esto se convirtió para ella en una ley universal. Pero luego sí, surgió la magia, en esa imaginación de niña para poder sobrevivir, y esa magia casual tocada por alguna varita,  la de salir viva de entre los cadáveres, esos, los que  no abandonó nunca, y aún en su apostar a la vida, los sigue cargando sobre sus hombros y dentro de su corazón. Mamá dejalos ir!!!, no puedo, no se puede, nunca pude, y tampoco lo quiero.  Mientras reine la injusticia en la tierra, nuestros sobrevivientes, no solo llevarán el dolor de lo pasado, sino cargaran con ellos a aquellos miles y miles que no pudieron salir, que dejaron regando la tierra europea con su sangre. Cuando busco la magia, pienso en la naturaleza, en los bosques, que escondieron y protegieron a mi papá y a sus hermanos. Ese amor por la naturaleza, que compartimos, nos une a las dos, nos permite seguir adelante, nos encuentra en el amor, y nos muestra que tal vez para vos mamá a pesar de todo lo que perdiste, hubo un momento mágico que te otorgó la vida, y que no lo desaprovechaste, y pudiste llegar hasta aquí, rodeada por tus nietos, dando testimonio de lo vivido y pudiendo recordar y honrar a los que cayeron muy cerca tuyo. Con amor, tu hija

La emoción de Mira luego de ver y oír lo que sus nietos e hija habían preparado, indicó que precisaba unos minutos para recuperar el aliento.

Diana Wang leyó entonces el poema La rama que tanta relación tiene con la ilustración de la tapa del libro, al cabo del cual pudo la autora tomar la palabra y dirigirse al público.

 

Palabras de Mira

Queridos amigos y familia, estimados presentes. No es mi fuerte hablar en público, pero quería decirles que tuvo que pasar medio siglo hasta que pude escribir mis memorias. Los acontecimientos mundiales distaban mucho- y distan aún hoy-, de las esperanzas que teníamos los sobrevivientes, terminada la guerra. Creíamos que la humanidad aprenderá del horror de las guerras y que la paz por fin sería posible. Esta esperanza nos dio fuerzas para retomar la vida.

Pero no fue así. El mundo no aprendió nada y sigue el derramamiento de sangre, la violencia, la injusticia y se siguen vertiendo lágrimas por la pérdida de seres queridos. Por eso el título de mi libro es ¡¿Quo Vadis mundo!? la angustiante pregunta, ¡¿ A dónde  vas mundo!?

Considero que todos y especialmente los sobrevivientes del holocausto tenemos el deber de involucrarnos en la lucha por la paz, aportando, aunque sea poco lo que está en nuestro alcance, advirtiendo, atestiguando, proclamando a gritos que en las guerras no hay vencedores, que nada justifica una sola vida sesgada, que vivir en paz y respeto es posible y por lograrlo hay que luchar. Espero que mi libro sea una pequeña parte de mi lucha.

Mi propósito al escribirlo, aparte de contar mis vivencias, era evocar a todas las personas que pude conocer antes y durante la guerra, muchos de ellos dignos y valientes seres humanos, que con su trabajo y lucha, aportaron en momentos de absoluta barbarie, valores nobles, llenos de coraje y abnegación. Gente que vivía pacíficamente, que se  alegraba, sufría, amaba, tenía planes y sueños, tenían todo el derecho a vivir sus vidas como todo ser humano, pero les fueron brutalmente arrebatadas, aniquilados sus sueños, desvanecidas sus esperanzas. A toda esta gente no la dejaré en el olvido. Sobre sus inexistentes tumbas, erguiré en mi libro lápidas para perpetuar su memoria.

¡Nunca el olvido! Nunca el perdón! Cada coma en mi libro es una lágrima de dolor, cada punto es un puño crispado de ira. ¡Eterna memoria a los mártires! ¡Eterna deshonra a los verdugos!  No me queda más por decir.  De ahora en adelante el libro hablará por mí.

Para finalizar quería expresar mi agradecimiento al grupo Generaciones de la Shoá, especialmente a: Diana Wang, Rosa  Rotenberg, Aída Ender, Susana Accorsi, Marisa Corgateli y muy especialmente a mi querida amiga Dina Ovsiejevich por la ayuda brindada en la edición y promoción del libro. También a mis nietos: Ariel y Marisa, Nicolás y Debbie, por la participación, como a mi hija Eva y a mi yerno Carlos por  su contención y apoyo. Muchas gracias

 

EPÍLOGO

La culminación fue el saludo de los asistentes que subieron al escenario para besar y felicitar a Mira y para hacerle entrega de una flor en la que cada uno había prendido una tarjeta con unas palabras.

Zully Peusner, Monique Ovsejevich, Aída Ender, Susana Accorsi, Ana Waldman. Atrás, de espaldas, Eva.

El saludo de Noelly Fernández de Talgham, Jaime Graievsky, Dina Ovsejevich, Kati Kertesz y la mirada conmovida y sorprendida de Mira.
La felicitación de Luis Ovsejevich en medio de la algarabía colectiva

 

FIN DE FIESTA


La familia de Mira: Carlos y Eva, Ariel y Marisa, Nicolás y Debbie.

 

 

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Sunday 23-Dec-2007 11:35 AM
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