ACTIVIDADES


62º Aniversario de la Victoria de los Aliados sobre la Alemania Nazi.
Acto conjunto de Sherit Hapleitá y Generaciones de la Shoá en AMIA.

Miércoles 9, 19.30 hs, Auditorio AMIA, Pasteur 633

Sherit Hapleita
La Asociación Israelita de Sobrevivientes de la Persecución Nazi

Y

Generaciones de la Shoá en Argentina

Invitan a participar de la tradicional conmemoración del 62º aniversario de la Victoria de los Aliados sobre la Alemania nazi, el día de nuestra liberación

9 de mayo 2007 a las 19.30 hs en el auditorio de la AMIA, Pasteur 633

Participarán:  

Los Embajadores de los países aliados
Los Embajadores de los países ocupados por los nazis
Representantes del gobierno nacional y de la Ciudad
Representantes de instituciones de derechos Humanos
Todas las instituciones de la comunidad judías
Los representantes diplomáticos de los aliados de entonces encenderán una vela en memoria de los soldados aliados caídos y de los 6 millones de judíos asesinados.

Hablarán:

  • José Moskovits, presidente honorario de Sherit Hapleita, vicepresidente de la Federación Mundial de Combatientes Judíos, Partisanos y Prisioneros  de Campos.
  • S.E el Señor Embajador  de la Federación de Rusia, D. Yuri Korchaguin
  • Dra. Maria José Libertino, presidente del INADI
  • Luís Grynwald, presidente de AMIA
  • Dr. Ángel Schindel, 1º vicepresidente de DAIA
  • Cierra el acto: Lic. Diana Wang, presidente de Generaciones de la Shoa

Conducción: Shaúl Hochberger
Programa musical: Iosl Wakstein Klezmer Band

 

(El 28 de abril 2005 Presidencia de la Nación, bajo resolución S.G Nº 511, decretó la misma conmemoración de entonces de interés cultural)

 

Síntesis del acto y discurso realizado por Diana Wang

Queridos amigos. Tuvo lugar el acto de conmemoración del 62 aniversario de la rendición de Alemania. Colmaron el auditorio de AMIA cerca de 30 representantes diplomáticos y varios funcionarios del gobierno argentino (además de sobrevivientnes, hijos y nietos, y miembros de la comunidad judía en general), miembros de varios credos y la múltiple adhesión de organismos e instituciones nacionales y provinciales. Hablaron José Moskovits, presidente honorario de Sherit Hapleitá, el embajador de Rusia, Yuri Korchaguin, la presidenta del INADI, María José Lubertino, el vicepresidente 1º de DAIA, Ángel Schindel, el presidente de AMIA Luis Grynwald y yo en mi calidad de presidenta de Generaciones de la Shoá. A continuación, el texto de mi discurso.

Expreso mi alegría, que seguramente coincide con las de los sobrevivientes y los hijos de sobrevivientes presentes, de compartir este acto con las señoras y señores diplomáticos y las señoras y señores funcionarios del gobierno argentino. Es bueno saber que por fin no estamos solos. La humanidad seguirá estando en problemas si, entre otras cosas, el tema de la Shoá sigue siendo solamente un tema judío.

Para muchos sobrevivientes judíos, un día como hoy, fue su segundo nacimiento. Alemania se había rendido. Un milagro. Casi más que haber sobrevivido, ser testigos de la capitulación de Alemania fue un milagro que parecía imposible. El Reich de los mil años ya no cumpliría otro. El cuero de las botas de los orgullosos SS ya no brillaba enceguecedoramente, ahora temían por sus vidas, su calzado se había cubierto de barro. Los mismos que se vanagloriaban de cuidar su apariencia, de estar bañados, bien afeitados y lustrosos, deambulaban por Europa, sucios, asustados, algunos incluso pretendiendo hacerse pasar por judíos en la esperanza de salvarse. Dolorosa ironía. Ahora querían ser tomados por judíos.

Para los sobrevivientes, no fue ese mes de mayo un mes de alegría. Todavía no había lugar en sus corazones para ello, estaban ocupados en encontrar un destino a sus vidas. Europa era un territorio devastado, con sus economías aniquiladas, sin medios de transporte ni formas de ganar de dinero. Los sobrevivientes siguieron pendientes, como habían estado los últimos años, en sobrevivir día tras día, minuto a minuto. Las primeras energías estaban destinadas a conseguir comida, albergue, medicinas.

Pero a medida que los días pasaban, que la muerte dejaba de rondar como destino seguro, la gran pregunta: ¿Habrá sobrevivido alguien de mi familia? ¿Quién? ¿Dónde estará? La búsqueda desenfrenada en los listados que comenzaban a circular por la Cruz Roja y por el UNRRA la mayor parte de las veces no daba respuesta a sus preguntas. Tal vez volviendo a sus casas, a sus lugares, podrían encontrar a alguien que hubiera sobrevivido. Pero ¿cómo volver? No había cómo. No había con qué. Algunos sin embargo lo consiguieron y corrieron sedientos a las puertas de las que habían sido sus casas y recibieron un nuevo golpe insospechado: los nuevos moradores no los recibían con alegría, no les abrían las puertas y, a veces, si lo hacían era con insultos. Pronto, se hizo claro que volver era peligroso. En algunos lugares fueron atacados. En otros fueron rodeados y asesinados como en Kielce en 1946. No había donde volver. No había donde ir. Gran Bretaña mantenía cerradas las puertas del destino lógico, Israel y el resto del mundo seguía, como luego de la Conferencia de Évian-les-bains del 38, sin tener lugar para ningún judío. Ningún país dio albergue a los perseguidos, seguían con sus puertas cerradas. Lo realizado en los campos de batalla no tenía correlato en el campo de lo cotidiano. Los judíos, liberados del nazismo, seguían prisioneros del mundo que no tenía lugar para ellos.

Los sobrevivientes recuerdan con claridad el momento en el que no hubo más nazis a su alrededor, cuando llegaron los rusos que habían sufrido tanto, los británicos, los americanos. Recién ahí creyeron que tal vez podrían volver a ser dueños de sus vidas. Esta celebración que estamos compartiendo hoy precisó, por cierto, varios años para ser celebrada. Precisó que los sobrevivientes sobrevivieran. Precisó que encontraran un lugar en donde seguir viviendo. Precisó que la vida cobrara fuerza, que alguna puerta finalmente se abriera, que recuperaran nuevas esperanzas. Precisó que trabajaran y se desarrollaran, que criaran familias, que siguiera la vida judía en sus corazones. Recién entonces, y sólo entonces, empezaron a tener un espacio para pensar en celebrar. No se puede celebrar si se está de duelo. No se puede celebrar si se está buscando cómo y donde vivir. No se puede celebrar si se siente la incertidumbre a cada paso.

62 años después, muchos sobrevivientes ya no están con nosotros. Ante tantas autoridades nacionales y miembros del cuerpo diplomático, en especial representantes de los países que fueron protagonistas de nuestra agonía y de nuestra liberación, a los sobrevivientes mayores, Sherit Hapleitá, los que honraron la memoria todos estos años, nos sumamos hoy Generaciones de la Shoá, los que fueron niños y también los hijos de sobrevivientes, honramos juntos la fecha de lo que podría ser también un segundo nacimiento para nosotros, dado que ninguno de nosotros estaría acá si en aquél mayo del 45 Alemania no hubiese capitulado.

Permítanme hacer un comentario personal, tal vez típico de hija de sobrevivientes. Cuando veo las fotos de la capitulación, me sorprendo. La expectativa de ver a personas vencidas, humilladas entregando las armas, tal vez pidiendo perdón, no tiene ningún parecido con la realidad. No se parece por ejemplo a las imágenes documentales de nuestros pobres soldaditos en Malvinas entregando las armas, muertos de frío y con sus miradas vacías y mustias. La capitulación fue firmada por altos miembros del ejército alemán, que sé que fueron humillados porque lo cuentan las crónicas, pero no lo veo en las fotos. Veo a señores bien vestidos, sentados ante un escritorio, empuñando lapiceras caras con gestos trascendentes. Firmaron la rendición incondicional, el general Alfred Jodl, junto al general Wilhelm Oxenius y al general almirante Hans Georg von Friedeburg, todos con sus uniformes impecables, sentados dignamente, probablemente tragando saliva y lamentando tener que estar en ese lugar en ese momento. Pero deben haberse duchado en la mañana y deben haber tomado un buen desayuno. Es lo que me imagino. Son cosas que pasan por mi cabeza. Son las cosas que pensamos por ahí los hijos de sobrevivientes que hemos escuchado tantas veces a nuestros padres hablarnos de las vergüenzas y de la humillación de no tener ni siquiera el aspecto de un ser humano.

Sabemos ahora que incluso la capitulación de Alemania tiene su historia casi de vodevil. En realidad no fue una sino varias las capitulaciones, porque los grandes estadistas tenían celos del protagonismo de unos sobre los otros y cada uno quería tener la suya propia. Por esa razón, muchos norteamericanos recuerdan como fin de la guerra el 7, los alemanes el 8 y los rusos el 9. En realidad, ninguna de esas fechas es correcta porque la guerra continuó cuatro meses más y le costó la vida a otras decenas de miles de personas, hasta que capituló también Japón, el 2 de septiembre. Los alemanes tuvieron que declararse vencidos varias veces. Lo que nunca será suficiente para nosotros, los que somos los herederos del dolor de lo perdido, de nuestras familias y culturas arrasadas y de la tristeza que acunó nuestras infancias. Cincuenta millones de capitulaciones no bastarán para salvar a la humanidad del pozo de vergüenza en el que nos han sumido.

Reconforta el cambio producido en algunos gobiernos que están comenzando a tomar el tema de la Shoá como propio. Reconocemos el trabajo precursor hecho por Alemania en este sentido. Hoy y aquí decimos que recordamos a nuestros muertos arrastrados por el alud del horror, que honramos a nuestros padres que han tenido la fortuna de sobrevivir, que agradecemos los esfuerzos de los que nos liberaron y liberaron al mundo de un escenario pavoroso. Decimos que sostendremos la memoria, que nuestro lugar como segunda generación será el de actuar de todas las formas que podamos en estimular a los gobiernos y a las instituciones religiosas y educativas, en la implementación de planes pedagógicos que construyan ciudadanos responsables que no sucumban ante falsos profetas, que resistan a las manipulaciones mediáticas y, sobre todo, que aprendan a pensar por sí mimos y sepan distinguir el bien del mal.

Muchas gracias.

 


Discurso del Dr. José Moskovits

Ilustres representantes del gobierno nacional, del Congreso de la Nación, de los gobiernos provinciales y de la Ciudad autónoma de Buenos Aires,

- Señores representantes del cuerpo diplomático, Señores representantes de las diferentes iglesias, Gran Rabino de la comunidad judía argentina Benhamú, Señores representantes de las instituciones judías, Queridos hermanos y hemanas de la Shoa:

¡Jag Sameaj! Feliz Fiesta! A todos ustedes les doy la bienvenida!

Estamos aquí para celebrar el día 8 y 9 de mayo, la Victoria de los Aliados sobre el demonio nazi, ese demonio que pretendía cambiar el curso de la civilización. Gracias a los ejércitos aliados ya no estamos más en manos de un comando del infierno (Himmelfahrtskommando).

Lamentablemente de los millones de deportados sólo unos pocos fuimos liberados. Cuántas veces habíamos soñado con ese momento y cuántas veces nos lo habíamos imaginado. Yo recuerdo lo qué me pasó a mí:

Estaba en Budapest. Eran las 7 de la mañana del 18 de enero de 1945 cuando vimos a través de la reja del sótano cómo iban retrocediendo lentamente y encorvados algunos soldados alemanes de la retaguardia. Eran las 9 de la mañana cuando apareció un soldado alto con la estrella roja en su gorra. Es inimaginable lo que sentimos en ese momento: Salimos gritando y bailando del sótano: “Llegaron los rusos!! Llegaron los rusos!! Estamos libres!!” Era tal el estado de exaltación... – como si nos hubieran regalado una vida nueva! Y eso mismo pasaba en Auschwitz, Dachau, Bergen-Belsen, etc. ¡No hay palabras para agradecer ese regalo! Pero también está claro que no todos estaban en condiciones de festejar y bailar porque esa alegrìa venía acompañada de una profunda tristeza...

Nosotros quedaremos por siempre agradecidos a los ejércitos norteamericanos, británicos, rusos y franceses, a los ejércitos polacos de Lublin y de Anders, a los ejércitos de Canadá, Australia y Nueva Zelanda y Grecia, a las tropas de Brasil que lucharon en Montecatini, a los partisanos de Tito y también a la brigada judía de Palestina. Todos ellos lucharon por la dignidad humana.

También entre nosotros estàn los que fueron salvados por los Justos de la Humanidad, por aquellos que ayudaron anónimamente a salvar vidas. Gracias a ellos podemos festejar todos juntos este glorioso día.

En este contexto me quiero referir brevemente a dos episodios ejemplificadores:

Uno es la historia de un sobreviviente que vivió hasta hace poco en nuestro medio.

Corría el año 1941 cuando la madre que aún amamantaba a este bebé salió de su bunker en busca de comida por las calles de Paris. Como estaba sin documentos inmediatamente fue arrestada y subida a un transporte que justo estaba por salir a Auschwitz. Esta mujer, en su desesperación, tiró un papelito a través de las rejas del tren, con la dirección donde estaba escondido su bebé y el bunker en el cual se encontraba el abuelo...

Una jovencita que pasaba por allí, levantó ese papel, buscó a la criatura y se la entregó al abuelo. La madre nunca más volvió. A esa joven desconocida de 16 años debemos considerarla Justa de la Humanidad porque salvó una vida.

El segundo episodio es personal.

Era noviembre 1944. Yo formaba parte de la resistencia en Budapest y tenía un contacto permanente con una sección especial de la Embajada de Suiza en la calle Vadasz. Ese día mi misión era llevar una gran cantidad de fotos de personas que trabajaban en diversos campos de trabajo, a la embajada suiza para que extendieran pasaportes de protección (Schutzpässe). Al dorso de las fotos figuraban los datos personales de cada uno. Yo me apoyaba en unas muletas porque mi documento falso me identificaba como inválido de guerra.

De pronto, aparecen unos SS y unos Pfeilkreuzler (que eran la SS húngara) y yo quedé atrapado sin poder deshacerme de esas fotos, porque el frente del edificio donde me había refugiado era de vidrio, transparente. Sentí que había llegado mi final.

En eso, un policía húngaro que custodiaba la puerta de la embajada y ya me había visto en otras oportunidades, saca de su bolsillo una moneda y me la da con las palabras:”Ya le dije que no venga tan a menudo – pero hoy igual le vamos a ayudar!” Los alemanes quieren saber de qué se trata y también sacan dinero de sus bolsillos para ese “pobre húngaro inválido”, saludándome con “Heil Hitler!”y los húngaros con “Eljen Szalási!”. Nunca más lo vi a este vigilante que me salvó la vida.

Estos son los Justos sin nombre que también recordamos hoy.

Seguramente entre los sobrevivientes aquí presentes hay cientos de historias similares - sin saber quiénes fueron sus salvadores...

Ya he expresado en otras oportunidades que, al finalizar la guerra, nosotros, los sobrevivientes, soñábamos con un mundo mejor, sin guerras, con democracias estables y una vida digna para cada uno de nosotros.

Lamentablemente tuvimos que aceptar que ese sueño no era más que una utopía: el judío no era bienvenido ni bien visto en muchos países lamentablemente, inclusive en nuestra Argentina. Eso nos obligó a maniobrar nuestras vidas por muchos caminos clandestinos, vía Bolivia, Uruguay, Paraguay, etc. No fue fácil: no recibimos ayuda, ni oficial ni de las instituciones judías de entonces. Pero gracias a D’s esa historia ya pasó. Hoy tenemos hijos, nietos y bisnietos que son ciudadanos plenos de esta nación. Sin embargo, no podemos negar que el pasado pesa sobre nuestros hombros más que nunca, ahora que hemos alcanzado una avanzada edad.

Hace dos años, cuando se celebró el 60. aniversario de la liberación nazi en Auschwitz, el presidente Putin, de la Federación Rusa, expresó que ya quedaban muy pocos de aquellos soldados y oficiales del ejército rojo que habían participado de la liberación de Auschwitz. Entonces debían tener entre 20 y 40 años igual que nosotros, los sobrevivientes de la Shoá. Pero nadie está exento del curso biológico de la vida y muy pronto nuestra historia también ocupará solamente una página en los libros.

Es nuestro deber que en cada celebración recordemos a nuestros queridos padres, abuelos, tíos, y hermanos, a los mártires y a los Justos de la Humanidad que salvaron a miles de judíos anónimamente.

Es nuestro deseo más profundo que las futuras generaciones se hagan cargo de recordar los hechos y transmitirlos y mantener alerta la conciencia ante las amenazas terroristas actuales.

Nos hemos reunido hoy en la sede madre de la comunidad judía de Argentina, el segundo de los blancos terroristas en Latinoamérica, después de la Embajada de Israel. Por eso quiero mencionar lo que es de público conocimiento: hoy, en este siglo XXI, hay negadores de la Shoá. El principal líder de los negadores es el presidente de Irán. Varias veces declaró que el Estado de Israel sería borrado del mapa junto a los sionistas – por no decir junto a los judíos del planeta.

Ustedes saben que durante el coloquio internacional contra la Shoá en Diciembre 2006 en Teherán, organizado por el presidente de Irán, se hicieron caricaturas sobre temas de la Shoá y se repartieron premios a los mejores caricaturistas.

Cuando un diario dinamarqués publicó caricaturas sobre el profeta del Islam - sin la intención de ofender a nadie, sólo guiándose por los principios de una prensa libre -, se levantó todo Irán indignado y comenzaron a atacar con violencia todo lo que fuera de origen europeo o dinamarqués.

Pero burlarse de ancianos y jóvenes, hombres y mujeres, niños y bebés que fueron asesinados, gasificados y cremados en los campos de exterminio – ¿eso sí se puede?? Burlarse de los que vivieron la historia en carne propia y están aquí presentes – ¿eso sí se puede??

Según publicaciones de la prensa nacional, un ex funcionario de la República Argentina, que hace poco fue invitado por el gobierno iraní, dijo que no se pretendió negar el Holocausto sino solamente hacer una revisión del mismo. Pero este ex-funcionario no explicó qué tipo de revisión.

El presidente de Irán está libre de hacer la revisión que quiera. Puede viajar a los campos de concentración de Auschwitz, Dachau, Bergen-Belsen y otros, puede visitar lugares como Babi Yar. ¿Acaso alguno de los participantes del coloquio hizo este viaje para revisar la historia? Todos son conocidos internacionalmente como negadores de la Shoá.

Ese mismo país, que pronto estará en condiciones de fabricar armas nucleares, en contra de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Y como los paises vecinos del Irán le temen al apetito imperialista iraní, ya anunciaron que ellos también están interesados en productos nucleares para defenderse. Es una verdadera afrenta a la seguridad mundial y puede provocar una hecatombe.

Ojalá que los cuatro ex-aliados se unan nuevamente con los países democráticos del mundo y logren oponerse a esta fuerte amenaza antes que sea tarde. ¡Ojalá!

Muchas gracias.

José Moskovits en Presidente Honorario de la Asociación Israelita de Sobrevivientes de la Persecución Nazi en la Argentina (Sherit Hapleitá) y Vicepresidente de la Federación Mundial de Combatientes Judíos, Partisanos y Prisioneros de Campos

 

 

Volver a Actividades 2007

Volver a Actividades

 Volver al inicio

 

Friday 15-Jun-2007 6:07 PM
© 2004-2005-2006-2007 Generaciones de la Shoá