El pasado lunes 11 de septiembre, nos hemos encontrado para compartir nuestros pensamientos, sentimientos y preguntas acerca del brote de antisemitismo que estamos viviendo en estos días. Nos urge dar una respuesta desde nuestro lugar de Generaciones de la Shoá y queríamos para ello ver cuál era el clima en que cada uno lo vivía, cómo estamos siendo afectados por ello, cuál era nuestra voz.
(NB: el texto que sigue fue armado con los apuntes que tomara Lita, redactado mínimamente, titulado para que su lectura sea más amena, ligeramente reordenado respetando el sentido de las intervenciones y mencionando en algunos casos a quienes las hicieron).
Efemérides.
Comenzamos haciendo mención al día particular en que la reunión estaba teniendo lugar. Por un lado el día en que fueron destruidas las Torres Gemelas, pero también otro aniversario del golpe militar en Chile que dorrocara al gobierno democrático de Salvador Allende. El ataque terrorista que nos remite rápidamente a los ataques sufridos en Argentina en la embajada de Israel y en la AMIA, el ataque a la continuidad democrática que nos recuerda que el sostén de la democracia es esencial para el respeto a la vida de todos. Por suerte también había una efeméride de alegría: ese día la salvadora de Maurice estaba cumpliendo 95 años.
Contextos.
Se puso en contexto el momento en la guerra vivida en Israel y la forma en que repercutió en nuestro medio, en especial la forma en que fue cubierta periodísticamente de manera crítica y altamente tendenciosa. Ello hizo aflorar en la gente un viejo sentimiento antijudío que ya había sido vivido en la Argentina a comienzos de siglo durante la Semana Trágica y más tarde con los grupos nacionalistas estilo Tacuara, y lo tristes hechos que recordamos como el asesinato de Raul Alterman, el secuestro y tortura a Graciela Sirota, el misterioso asesinato de Norma Penjerek. Hoy la presencia de Quebracho, las pintadas en Filosofía, algún acto político y la tibieza de la respuesta oficial frente a ello reavivan aquel clima que parecía haber quedado en el pasado. ¿Cómo no afectarnos a nosotros de una manera especialmente particular si somos los testigos de hasta dónde puede llegarse si este tipo de cosas sigue su curso?
Palabras.
Propusimos hablar de judeofobia en lugar de antisemitismo. Éste último es el nombre pretendidamente científico que tomaron los odiadores en su pretensión de darle algún sustento válido a su sentimiento y prejuicio. En una transpolación impune, tomaron un concepto de la lingüística y lo llevaron a la biología. Semita es la raíz de unas lenguas, aria es la raíz de otras. Semita y ario no son conceptos de la biología y menos que menos de la genética, es impropio hablar de razas en el género humano y menos aún de pensar que las personas se definen según sea la raíz idiomática de la que provengan. Una raíz idiomática no es un pueblo ni la biología de sus miembros. Por ello es más adecuado el término judeofobia que designa claramente el sentimiento y el prejuicio. Habitualmente los perpetradores eligen una palabra para sus acciones que las pone en una faz más "amable". Así lo han hecho los miembros de la junta militar argentina que llaman a su dictadura, proceso. Ni proceso ni antisemitismo. Las cosas por su nombre: dictadura y judeofobia.
Una cruz svástica.
Noelí relata una experiencia en un grupo de estudio sucedida unos meses atrás en la que ve en un papel dibujada una cruz svática que es rápidamente escondida, nadie se hace responsable por ella, pero determinó una conversación entre los presentes, una reflexión sobre su sentido porque ella se atrevió a hablar.
La parálisis.
Zosia menciona que ella no se animaría a responder porque sigue paralizada por el miedo. Otros apoyan esta sensación y hablan también de sus propias parálisis, de los conflictos vividos. Etti dice que es lógico, porque a nadie le gusta estar entre los perseguidos. Se trata de un grupo no deseado y se menciona la paradoja de la judeofobia en los propios judíos. Alguien dice que somos nosotros mismos los que tenemos que resolver esto.
Los religiosos y la molestia que producen.
Se mencionó el desagrado que produce en algunos la forma en que se visten los religiosos, desagrado que comparten también algunos judíos que tal vez se avergüencen de ellos o que no toleren que hay diferentes modalidades de ser y expresar el ser judío y que las otras no califican a todos. Se preguntó si una monja genera el mismo desagrado. Se comparó a los grupos religiosos más ortodoxos con el Opus Dei cuya actuación parece estar más aceptada por los católicos. Esto lleva a hablar acerca de las palabras críticas de Daniel Bergman en el acto de Blumberg de Plaza de Mayo y su derecho a hablar como argentino.
La "naturalización" de la judeofobia.
Nos preguntamos si no hemos naturalizado la judeofobia, si no es para nosotros una idea "natural". Hay muchas respuestas que así lo avalan: siempre existió, frente a esto no hay ninguna sorpresa y se escucha la voz de los sobrevivientes, los que saben en carne propia, los que han nacido y han sido criados en un clima judeófobo en el que el tal sentimiento era considerado natural y fatal. Freda dice por ejemplo que no se puede pretender encontrar ahora los mismos miedos que sentía cuando era chiquita, pero que la perturbaban igualmente. También Rosa coincide en el registro de un miedo intenso y se suceden recuerdos de actos de violencia y agresiones en Varsovia.
Los distintos antisemitismos.
¿Era igual el antisemitismo en Polonia que en Francia por ejemplo? La respuesta es instantánea adjudicándole a Polonia un antisemitismo esencial que dejó un registro imborrable del miedo y la sensación de su regreso ahora. Kati dice que, a pesar de que la judeofobia siempre existió así como el miedo, pasado el tiempo es tiempo de decir basta.
Judeofobia y antisionismo.
Marion dice que hay dos formas de judeofobia, la del prejuicio y la de la ideología, que la política sigue los vaivenes de las estrategias y las conveniencias. Enrique relata sobre un estudio sociológico en Argentina en el que la judeofobia tiene una presencia que debe ser considerada aunque no es mayoritaria, pero aclara que la encuesta se hizo antes de esta guerra, que habría que ver qué resultados se obtendrían ahora. Se menciona el cambio de actitud en la forma de plantear las noticias sobre Israel que está adoptando Clarin y se sospecha que se debe a algún tipo de estrategia que toca intereses económicos. Ello genera varias voces que piden que los intelectuales con llegada al público masivo deben hacer tareas de esclarecimiento sobre los medios, al estilo de lo que hace Marcos Aguinis. Volvemos entonces a lo que había dicho Marion, a los dos antisemitismos, y al actual como político ideológico. Hoy se llama antisionismo.
Dudas sobre la efectividad.
Se pone en duda la efectividad de los textos de los intelectuales porque la prensa escrita es leída por un percentaje mínimo de personas (son pocos los que compran diarios, de aquéllos, son pocos los que leen más allá de los títulos y los epígrafes de las fotos, de los que leen las notas, no todos entienden las implicancias de lo que leen ni tienen el juicio crítico para juzgarlo) y lo que puede ser dicho en otros medios, a menos que tenga un fuerte impacto, suele ser olvidado al poco tiempo.
Judeofobia como parte de la civilización.
Recordamos que la judeofobia no es un acompañante de la civilización, no es un condimento más de Occidente: es una de sus columnas ideológicas. La Iglesia reconoce como sostén principal en la construcción de su identidad, su origen judío, la negación del mismo y la atribución a lo judío del Mal esencial, de lo diabólico. Este reconocimiento y su consecuente responsabilidad en los ataques hacia los judíos, en especial la Shoá, está siendo planteado en la alta jerarquía eclesiástica pero aún falta para que "baje" a las parroquias, a la gente, para que se haga parte de la cultura.
Actuar cada uno desde su lugar.
Sofia hace una propuesta menos ambiciosa, la puesta en acción cotidiana de cada uno con la gente que lo rodea hacia la corrección del discurso instalado y la explicitación de los niveles que suelen dejarse en las sombras. Menciona por ejemplo un texto educativo enviado por el Ministerio de Educación que toca el tema de los derechos humanos y no menciona el Holocausto y su intento de corregirlo, de señalar que esa ausencia es trascendente.
Surge la pregunta de si el hecho de tener un ministro de educación judío no juega en contra porque tal vez tema que piensen que defiende "demasiado" las cosas judías.
Otros comentarios.
Silvia enmarca la judeofobia actual en la violencia circundante que no podemos desoír.
Surgen voces que subrayan la importancia de la educación en todos los ámbitos. Enrique propone hacer más pública las políticas de ayuda social que se hacen desde la comunidad judía sin importar si quien lo recibe es judío o no.
El miedo es un miedo atávico, y Marisha dice que su miedo, su único miedo, es la posibilidad de que se pierda Israel.
Hoy hay una ley.
Zully acude en el rescate de la esperanza al mencionar que hay ahora otros recursos, por ejemplo una Ley de Antidiscriminación que legisla sobre esto, que ahora no es igual a como fue en Europa, que podemos hacer una denuncia, que estamos protegidos por una ley. También hay una visión general acerca del antisemitismo, que ha pasado a ser politicamente incorrecto. Aunque se ha trasladado su peso emocional y prejuicioso al antisionismo.
Los cambios llevan tiempo.
Sofia toma una metáfora del Pésaj, de la necesidad del paso del tiempo para llegar a ser libres. Así como hubo de pasar toda una generación en el desierto para que los hijos nacieran en libertad, que nos llevará aún un tiempo sacarnos de encima la naturalización de la judeofobia, siempre hemos estado preparados para todo, tenemos miedo a la repetición del terror, es preciso que hagamos un trabajo interno. Zully, otra vez la voz esperanzada, dice que por ejemplo estudia hebreo con un grupo en el que varios de sus miembros no son judíos, que las cosas están cambiando.
En síntesis.
Podemos ver en un apretado resumen, el impacto que tiene sobre nosotros el insulto antijudío, la parálisis en que nos sume, la dificultad de encontrar salidas y respuestas efectivas, la potencia del discurso antisemita, su gran poder evocador y confirmador de viejos temores y pesadillas, así como el intento de discriminar entre el viejo antisemitismo antesala del terror y un brote que puede ser pasajero y que pone en evidencia de que la judeofobia existe como sustrado en nuestra cultura.
Fue una reunión que tuvo momentos de catarsis, momentos de reflexión, momentos de introspección, sin llegar a conclusiones pero que permitió compartir estas cosas que tocan a quienes somos y que nos interpelan para llevar a cabo alguna acción. Tal vez podamos esbozar algún texto que nos sea propio y que refleje algo de lo que nos es común a este respecto.