ACTIVIDADES


Lunes 14 de agosto de 2006.
¿CÓMO AFECTA A MI VIDA EL SER HIJO
DE SOBREVIVIENTES DE LA SHOÁ?
Crónica de Diana Wang

queridos amigos, hermanos,

Varios de nosotros hemos acudido a la invitación recibida para esta reunión. Pensada para ofrecer a los hijos de los sobrevivientes de nuestra asociación este espacio que nos es tan preciado, nos pusimos en campaña para llamar a todos, presentarnos y abrirnos como personas y como grupo.

¿Cómo afecta nuestra vida el ser hijos de sobrevivientes de la Shoá? nos preguntábamos. Y que la afecta, la afecta, pero a cada uno de diferente manera. Vimos y escuchamos las posiciones, preguntas, incertidumbres, certezas, cuestionamientos, dolores, secretos, que nos hacen en parte ser quienes somos y advertimos tanto similitudes como diferencias. Particulamente las edades marcaron hitos significativos, iban desde 33 años hasta 61, un rango de edades muy amplio en el que se evidencian diferentes anclajes en la experiencia, tanto en relación con la Shoá, con respecto a las vidas de nuestros padres, como con la inserción generacional y sus códigos particulares.

En una ronda de presentación, quienes venían por primera vez comenzaron a decir esas cosas que suelen guardarse para sí y que de pronto adquieren una nueva legitimidad cuando son compartidas, comprendidas y valoradas y, especialmente, cuando no hace falta explicar. 

Tal vez sería más interesante que alguien que vino por primera vez cuente lo que vivió porque yo no puedo evitar verlo y ponderarlo desde la perspectiva de los muchos años, lo que tal vez le quite alguna frescura. Juana y Eugenia, hermanas, comenzaron a llorar al unísono cuando la primera comenzó a contar quien era, cuánto no sabía, la confusión de los relatos recibidos. La presencia de este llanto puso sin disfraces ante nosotros cuánto hay tocado en cada uno y de qué diferentes maneras; sucesión de campos, de escenas de horror, de secuencias que no se explicaron, de experiencias que se mantuvieron intactas, en "bruto" y no pudieron ser simbolizadas ni convertidas en palabras y siguen intactas.

Silvia nos hizo reír con la historia de sus apellidos. En el intento de no ser notados que asumió su padre al llegar a la Argentina, cambió el Loevy por López para que fuera anónimo, pero con algún "berretín" de aristocracia se agregó un Del Campo, nada menos, del campo, del campo de concentración. Reímos cuando nos contamos como buscamos nuestros apellidos en la ilusión de encontrar parientes y Silvia contó risueñamente cuántos Del Campo se le acercaban buscando parentescos! Son otros los campos de los que se trata.

Los secretos familiares, esos que pesan porque vaya uno a saber qué esconden, los que se han develado, los que aún persisten, nos llevaron a hablar acerca del riesgo de juzgar a nuestros padres y a preguntarnos si a veces el silencio no era lo más pertinente y a invitarnos a respetarlo. Ahí el choque entre la necesidad de saber con la idea de, tal vez de esa manera encontrar nuevas claves para nuestras vidas y esta noción del respeto por el dolor y la decisión de nuestros padres.

No pasó nada del otro mundo, mirarnos, contarnos, reconocernos, decirnos quienes somos, buscar juntos hacia dónde, qué hacer con todo esto, para qué y cómo.

Particularmente, en muchos momentos, volví a sentir el habitual espacio cómodo de los sobre-entendidos que no precisan aclaraciones. Personalmente lo siento casi físicamente y debo contenerme para no tocar a cada uno, para no expresar de manera corporal, tactil, este sentimiento de hermandad que me resulta tan aliviador.

El lunes 28 de agosto a las 20 hs proyectaremos en el auditorio de AMIA "La luz es para todos", un film dirigido por Elia Kazan, premio Oscar 1947, protagonizado por Gregory Peck, con una estética de los cuarentas, ha resistido el paso del tiempo. Filmado a poco de terminada la guerra, explora el antisemitismo larvado pero activo de la "mejor" sociedad norteamericana y la forma en que permea hacia el resto de la sociedad y sus efectos pragmáticos. Una historia paradigmática que conocemos muy bien. Véase por ejemplo la novela de Marcela Serrano, premio Clarin 2005, Las viudas de los jueves, en el capítulo sobre el tratamiento frente a un posible candidato judío a comprar una propiedad en un country exclusivo (¿exclusivo de qué?).

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Friday 08-Sep-2006 0:48 AM
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