Queridos amigos: Amanece sobre Buenos Aires, envuelta en una nube de bruma, densa, tan densa que no me deja ver los edificios vecinos. El verde de los árboles que tengo siempre frente a mí, ha desaparecido por completo. Y esta visión fantasmagórica me permite entrar de la mano de Hélène y a través de las palabras que pronunciara ayer en la Embajada de Francia, a esos años de horror que muchos de ustedes sufrieron allá por el mil novecientos cuarenta y........
En ese ámbito exquisito de tierra francesa en nuestro país, resuenan aún en mis oídos las palabras del Sr. Embajador Francis Lott, asumiendo en profundidad la complicidad de algunos ciudadanos franceses en el atroz martirio sufrido por el Pueblo de Israel. Fue en el homenaje de las víctimas de la Shoa y a los franceses que contribuyeron a la salvación de judíos, que personalmente entré en el interior de mi propia existencia. Una cristiana enfrentada y llevada a reflexionar sobre lo ocurrido. Los acontecimientos del pasado volvieron a golpearme una, dos , mil veces y en forma diferente cada cada una de ellas, a medida que leía las historias impresas en la publicación que nos entregaran , porque una cosa es leer lo publicado y otra muy distinta, tener frente a mí , relatándome los episodios sufridos aquellos que pasaron por el tormento de la tortura, la degradación física y moral, la muerte en vida, las culpas por haber sobrevivido y las angustias de las pérdidas irreparables de quienes ya no estaban junto a ellos. ¿Por qué a mí no? ¿Por qué ocurrieron estos hechos aberrantes? ¿Por qué la humanidad toda no reaccionó frente a tal magnicidio? No hay respuesta.....no la hay....
El encontrarme frente Richard, recordando con voz trémula y a veces entrecortada por el llanto silencioso el calvario sufrido, me golpeó de manera especial. Al ver sobre su traje la Estrella de David con la palabra "judío" coloreada en amarillo y algo desdibujada por el paso del tiempo, llegó a mi corazón de manera especial. El pasado volvía a hacerse presente y nos hacía vibrar de impotencia....y dolor....
Se acercó al grupo que conformábamos con el Pastor Granados y el Padre Pérez Etchepare, al advertir que ambos eran hombres de Iglesia y de alguna manera a agradecerles que el estar aún con vida fue la propia entrega de la suya de un sacerdote católico, "un pequeño cura de campaña", como lo llamó con inmensa ternura, que abrazó como suya la propia historia judía y fue salvajemente asesinado en una madrugada en una estación donde cada día llegaban trenes cargados de heridos y muertos. Recordó que al mismo tiempo que la sangre recorría el cuerpo de aquel justo, sus pequeños anteojos caían suavemente a la tierra estrellándose en un suelo cubierto de sangre y miseria que lo marcó para siempre. Y Richard en aquél instante gritó desde lo más profundo de su ser y de la angustia de sus cuatro años, las palabras evangélicas............."¡ Padre!" , palabras que aún hoy sigue escuchando.
Las historias se repitieron una a una y fueron desgranándose envueltas en ternura, amor y reconocimiento por quienes ofrendaron sus vidas por salvar otras y haciendo realidad las talmúdicas: "Aquel que salva a un Ser humano salva al universo entero". Los cristianos también tuvimos nuestra gran parte de responsabilidad en estas historias que hoy compartimos. No podemos pedir perdón a quienes ya no están porque nadie puede perdonar en nombre de ellos, pero sí podemos hacerlo con quienes hoy aún siguen con vida. ¿De qué manera? ¿de qué forma?, acompañándolos en sus dolorosos recuerdos, prometiéndonos a nosotros mismos que jamás volverán a repetirse estas historias, que mientras estemos con vida lucharemos con todas nuestras fuerzas para que la Shoá no vuelva a ser parte de la humanidad. Será la única manera que el Himno de las Partisanos recobre vida,
"Ne dis jamais que c'est ton dernier chemin
Un ciel de plomb peut cacher de bleus lendemains
Notre heure tant attendue arrivera
Et nos pas résonneront: nous sommes lá!"
"Jamás digas que pisas tu última senda
Aunque sombras de plomo oculten el cielo azul
Ya llegará nuestro momento soñado
En que resonará nuestro paso: ¡Aquí estamos!
Los abrazo con toda la ternura de la que soy capaz,
Martha