Tuvimos dos reuniones el año pasado y el lunes 22 de mayo realizamos otra reunión en nuestra sede continuando con el intento de tender puentes, de aprender unos de los otros, oyéndonos, reflejándonos, contraponiéndonos, respetándonos.
Somos los hijos de quienes fueron protagonistas de la Shoá, de uno y del otro lado. Intentamos interrumpir la transmisión de la violencia, el odio, el prejuicio y la enemistad heredada para que no siga siendo transmitida de generación en generación.
Pero al mismo tiempo atreviéndonos a cabalgar sobre las temáticas ríspidas que nos disparan, cuidadosos pero sin ser condescendientes. El tema que encaramos esta vez fue el sentimiento de culpa de los hijos de alemanes no judíos que estuvieron en Europa durante la guerra, como se posicionan frente a ella. El tema de la culpa nos golpea de diferentes maneras, según sea el lado desde donde hablamos. Es otra evidencia de las consecuencias que siguen vivas en nosotros de lo actuado o experimentado por nuestros padres. En esta oportunidad Claudia Frey-Krummacher abrió la reunión y le dió un marco conceptual-vivencial. Queremos continuar el camino comenzado, los hijos con los hijos y también los nietos que quieran acercarse.