|
|
![]() |
|
|
MEDIOS
Y PRENSA
Diario La Nación de Buenos Aires, 27 de noviemnbre de 2004 |
||
|
|
|
| Reportaje a Santiago Kovadloff "Hay que insistir para que la gente recuerde el Holocausto" El filósofo explicó que fenómenos como el nazismo podrían repetirse en el mundo
¿Hay tarea más injusta que hacer recordar el dolor? ¿Existe una labor más dura que corromper el olvido para que el mal no vuelva? No hablamos de cualquier dolor ni de cualquier mal: hablamos de ese dolor y de ese mal, con letras grandes, con mezquinas significaciones ahora que el mundo es otro y las matanzas se renuevan. A Santiago Kovadloff le tocó ese trabajo en el Primer Encuentro Internacional de Generaciones de la Shoá, que finalizó hace tres días. Su conferencia versó sobre la memoria y el Holocausto. Y luego habló con LA NACION. -Alguna vez alguien contó que los sobrevivientes del Holocausto relataban una historia ajena porque la propia era demasiado espantosa. ¿Es así? -Es verdad. Se dice que es impensable recordar el horror soslayando una paradoja desgarradora. Lo que reviste el carácter de inconcebible no puede ser recordado, pero impacta sobre la conciencia y produce un efecto que no debe ser olvidado. Lo que debería ser recordado no puede serlo, porque escapa a las categorías de que el hombre dispone para poder describir su experiencia. -Y asirla. -Exactamente. Las categorías le permitirían inscribirlo en un campo de significación. -¿Y en el simbólico? -En ese campo, lo que podemos hacer es no perder la memoria de lo que no puede ser asimilado. Por eso creo que este primer congreso de la Shoá aspira a tener vivo, en toda su complejidad, el hecho de que la memoria depende de la conciencia que tengamos de la magnitud de lo que excede nuestra capacidad de enunciación... -...y no solamente del detalle de la vida cotidiana de un campo de concentración, por ejemplo. -Exacto, porque lo que ingresa a lo cotidiano, de alguna manera pierde dimensión como expresión de una complejidad que nos excede. -Pero ¿qué es lo que excede? ¿El dolor? -No, el excedente fundamental es lo inasimilable. Se lo voy a decir con una expresión de Primo Levy: "En el campo yo no encontré monstruos. Encontré funcionarios. Lo verdaderamente monstruoso es que eran humanos". Vale decir, lo inasimilable para la conciencia y para la propia experiencia es que estos funcionarios se desempeñaban sobre la base del concepto de la eficacia, disociada de toda eticidad. Cuando la ética y la eficacia se disocian en favor de la eficacia, ingresamos en el campo del horror y de la indiferencia. -Pero ¿por qué se disocia? Los nazis eran funcionarios, pero no ciegos ni idiotas, podían ver. -El nazismo introdujo un concepto tranquilizador para el hombre: se ve forzado a entender que su humanidad debe ser una construcción de perfeccionamiento constante. Y es tranquilizante porque dice: el ario no lo es por esfuerzo y por empeño, sino por naturaleza. Para el judaísmo es inverso. Entonces, ¿qué hace el nazismo con el judío? Lo destituye, porque lo inhumano es no ser ario. -El primer concepto que usted mencionó, ¿no abona aquella teoría de la negación del Holocausto que hacen ciertas personas, entre otros, algunos judíos? ¿No es la misma premisa lógica que después lleva a la negación? -Quienes niegan el Holocausto sostienen que lo indecible no ocurrió. Por eso creo que debemos insistir en recordar que lo que ocurrió no pertenece al campo de lo inverosímil sino de lo inasimilable. Los filonazis sostienen que es inverosímil porque no fue verdadero. Nosotros decimos que es verdadero y es inasimilable. El pensamiento nazi concibe la muerte de un modo inédito en la historia de la humanidad: para ellos el difunto es materia prima, materia de un proceso productivo, y lo que hacen es abolir la idea del límite. Entonces, instaura la omnipotencia propia de un totalitarismo que se concibe a sí mismo como la expresión del todo poder. Dentro de esta concepción, lo que está afuera es irreal. -Poniéndolo en términos psicologistas, el triunfo de Hitler fue eliminar el superyó de los alemanes. -(Piensa) Yo diría que el nazismo instaura un superyó cuya función primordial es que en él se delegue la responsabilidad interpretativa de lo real. El líder es aquel que piensa por el otro y en esa medida instaura la masa como aquella que recibe un pensamiento constituido. Por lo tanto, más que abolir el superyó, lo que hace es destituir al sujeto de responsabilidad ética y crítica. -Por lo tanto, fenómenos así podrían volver a ocurrir. -Claro que sí porque está en la estructura del sujeto el desprecio por el otro. Si hay un ejemplo contemporáneo, grave, en el orden de lo que es la capacidad de reconocer al prójimo, es el naufragio de las Naciones Unidas: representa a una institución creada para elaborar el trauma del sufrimiento bélico, y su disolución a partir de la guerra de Irak está diciéndonos que la humanidad acusa la incapacidad de convivir en la interdependencia. El riesgo actual es el de advertir que la dificultad primordial para aprender de la historia consiste en que no hay una lección que pueda terminar de ser aprendida, porque están tentados por el deseo de dejar de convivir. -Cuando habla del Holocausto, ¿la gente no le pregunta para qué quiere hacerle recordar cosas tan dolorosas, si ya las sabe? -Sí, y yo le digo: el hombre que me interesa es aquél capaz de reconocer que la existencia es ante todo una voluntad de crecimiento autocrítico. -¿No sería mejor que el hombre supiera primero qué es el bien y qué es el mal? -No, para alcanzar algún grado de discernimiento de lo que es el bien y el mal, lo primero es hacer la experiencia de la propia identidad como tarea. -Filosóficamente, ¿por qué no hay que olvidar la Shoá? -Porque el hombre es capaz de deshumanizarse y la Shoá prueba hasta dónde llega esa capacidad. Tener memoria de lo inenarrable es de alguna manera luchar por la humanización incesante del hombre. -¿Por qué su disertación se llamó Educación y Shoá? -No debemos olvidar, pero tampoco caer en el ritualismo. La Shoá puede perder significado si se convierte en un referente descriptivo. Lo que tenemos que mostrar es en qué condiciones está el presente para impedir que la memoria de la Shoá se convierta en una efeméride. Creo que nuestro presente está jaqueando el porvenir de la Shoá, que no es más que la memoria que nos amenaza en forma incesante. -¿Cree que la comunidad tiene esto claro o hay que recordárselo? -Hay que recordárselo. El riesgo primordial que amenaza al judaísmo es creer que los judíos han comprendido el judaísmo. Uno de nuestros grandes problemas es que la dirigencia es intelectualmente anémica y en la Argentina es más que evidente. La decadencia de la comunidad judía argentina es notoria. Muchas veces, en boca de oportunistas judíos, escuchamos hablar de antisemitismo, pero creo que una de las formas del antisemitismo es el envilecimiento de la tradición judía. Por Alejandra
Rey Link
corto: http://www.lanacion.com.ar/657746 |
![]() Santiago Kovadloff, en su casa de Barrio Norte Foto: Julián Bongiovanni |
|
|
|
Larrea 1223, 3º / C1117ABI / Buenos Aires, Argentina
Tel (54 11) 6317-3675 / secretaria@generaciones-shoa.org.ar / www.generaciones-shoa.org.ar |